Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 1 de octubre de 2009

FIESTA DE LOS SANTOS ANGELES OCTUBRE 2, 2009

FIESTA DE LOS SANTOS ANGELES CUSTODIOS
OCTUBRE 2, 2009
BARUC 1,15-22

Dirán: Que todos reconozcan la justicia del Señor, nuestro Dios. En cambio, a nosotros nos corresponde la vergüenza y también a los habitantes de Judá y de Jerusalén, 16 a nuestros reyes y nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, nuestros profetas y nuestros padres, 17 porque hemos pecado delante del Señor. 18 Le hemos desobedecido, no hemos escuchado su voz ni hemos caminado de acuerdo con las órdenes que el Señor nos puso delante. 19 Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, hemos sido desobedientes con él y nos hemos rebelado en vez de escuchar su voz. 20 Por eso, nos sobrevinieron calamidades y la maldición que el Señor dijo a su siervo Moisés el día en que sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que destila leche y miel. Vivimos entre desgracias hasta el día de hoy. 21 No escuchamos la voz del Señor, según lo que decían los profetas que nos envió; 22 y todos nos fuimos, según las inclinaciones de nuestro perverso corazón, a servir a otros dioses y a hacer lo que desagrada al Señor.

SALMO 79,1-5,8-9

Oh Dios, los paganos han entrado en tu heredad, han profanado tu santuario, y a Jerusalén la han dejado en ruinas.
2 Arrojaron los cuerpos de tus siervos como carroña a las aves de rapiña y la carne de tus fieles a las fieras.
3 Derramaron la sangre como el agua en torno a Jerusalén y no había ningún sepulturero.
4 Somos una vergüenza ante nuestros vecinos, objeto de risa y burla a nuestro derredor.
5 ¿Hasta cuándo, Señor, durará tu cólera? ¿Tus celos quemarán siempre como fuego?
8 No nos tengas rencor por faltas de nuestros padres, que tu misericordia corra a nuestro encuentro, pues ya no podemos más.
9 Ayúdanos, oh Dios, salvador nuestro, en atención a la gloria de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados en honor a tu nombre.

MATEO 18,1-5,10

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?» 2 Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de los discípulos 3 y declaró: «En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. 4 El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos. 5 Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. 10 Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.

HOMILIA

En la Biblia los ángeles personalizan particulares experiencias de la protección divina. Así, ‘Rafael’ es el ángel al que se acude en caso de enfermedad, para encontrar la medicina adecuada. Y el ángel custodio es esa particular protección divina que acompaña cada momento de nuestra existencia. Ángeles pueden ser también las personas que se preocupan por el prójimo y que, sin hacer distingos de raza, política o religión, están dispuestas a realizar gestos salvíficos de amor. Ángeles son también las voces que desde la radio, la televisión, una conferencia o un libro llaman a todas las rectas conciencias a transformar nuestros hábitos con el fin de defender al planeta de la destrucción de sus ambientes vitales. Ángeles son todas aquellas personas que siguen a Jesús y se convierten en buena noticia para los demás, inculcando alegría, sabiduría, cuidado de sí mismo, de los otros y de la naturaleza. La voz angélica puede provenir de los profetas que, como Jesús, hacen un llamado para abandonar los regionalismos y nacionalismos que conducen a rivalidades, a la vanidad fatua, y no pocas veces a odios enconados, enfrentamientos y guerras. La celebración de los ángeles de la guarda o ángeles custodios es una invitación para que reconozcamos que la voz de los ángeles no es música de flautas y violines, sino un llamado permanente a la conversión, para que sepamos captar las manifestaciones de Dios en nuestra historia.

Tal vez es por eso que comenzamos hoy a leer al profeta Baruc que se introduce con una gran oración penitenial. Es la súplica de los exilados, no importa donde estén, en la que pueden reconocerse como judíos sometidos al poder extranjero. También nos incluye a nosotros estemos donde estemos. Es decir, tanto el pueblo judío como nosotros no podemos blo han sido gemererder nuestra propia identidad espiritual.

El profeta se siente solidario con la culpa que ha marcado el pasado, una historia compuesta de promesas divinas y pecados del pueblo. La historia se entiende como historia solidaria en el bien y en el mal. Los dones de Dios a su pueblo han sido generosos y grandiosos, mientras que el pueblo ha reaccionado con la desobediencia y la rebelión. Por eso se hace necesaria una confesión de la culpa que reconoce la justicia de Dios y su inocencia, por eso el pueblo puede volver a esperar de nuevo, de aguardar el perdón del Señor. El pueblo reconoce la culpa del pasado. Dios es solidario en las promesas que ha hecho a su pueblo.

Lucas en el evangelio sitúa el juicio de Dios sobre las ciudades del lago, a donde mandó a los discípulos en misión, dejando a entender el desenlace negativo del anuncio de los 72 discípulos. No habla Jesús de la misión de los 72 sino condiciones requeridas para una efectiva acogida del Evangelio del Reino.

Por eso las ciudades del lago son sometidas a un juicio severo, por no haber correspondido con una sincera conversión al anuncio de los discípulos. Corozaín, Betsaida y Cafarnaún son las ciudades donde más actuó el Señor anunciando la Buena Nueva y realizando en ellas muchos milagros; sin embargo no creyeron en el Evangelio ni cambiaron de conducta. Poreso se les anuncia una suerte peor que la de Sodoma y Gomorra, que representan en la tradición bíblica la oposición más obstinada a Dios.
Cita a Tiro y Sidón que a pesar de ser extrañas a la promesa, enemigas de Israel pero que han demostrado ser más abiertas a la escucha de la Palabra y disponibles a la penitencia que las ciudades judías situadas junto al lago. Afirma la decisión de los discípulos que pueden exigir la misma obediencia a quien lo envía. Dado que los discípulos han sido enviados por Jesús, que a su vez ha sido enviado por el Padre, recibirles o rechazarles significa recibir o rechazar a Dios mismo.
Por eso la decisión se convierte en una cuestión de salvación o perdición: Quien os escucha a vosotros a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Así concluye Lucas. Las dos lecturas de hoy tienen en común un rasgo de penitencia. Esto está también en la vida cristiana. El juicio de Jesús sobre las ciudades del lago también es una severa advertencia contra nosotros, no endurezcamos el corazón a una verdadera escucha de la Palabra. Seremos más imperdonables que Sodoma y Gomorra, y más incrédulos que Tiro y Sidón. Por el contrario, tanto el profeta Baruc como la enseñanza de Jesús nos invitan a que seamos capaces de confesar nuestro pecado, reconociendo al mismo tiempo la fidelidad y la misericordia de nuestro Dios.
Por eso debemos aceptar de buen grado al que nos exhorta a la conversión, haciéndonos constatar nuestros pecados e incitándonos a cambiar de vida. A menudo nos resulta incómodo, nos resulta incomodo la Palabra de Dios, que nos anuncia la constante búsqueda de la conversión.

Por eso, se nos invita a repetir la Palabra de Dios, como nos dice hoy Baruc, Perdona nuestro corazón obstinado. (Baruc 1,19)

Una de las actitudes fundamentales de la vida espiritual es pedir el perdón de Dios. Hay algo en nuestra vida humana que nos hace mantenernos tenazmente aferrados a nuestros pecados y no nos permiten dejar a Dios concelar nuestro pasado. Recibir el perdón exige una voluntad total de dejar a Dios que sea Dios y lleve a cabo el saneamiento, la integración y la renoación.

ORACION

Oh Dios, Padre nuestro celestial, te damos gracias por haber reconciliado contigo al mundo a través de Jesucristo y por habernos regenerado con el poder del Espíritu Santo.
Jesucristo, te damos gracias por habernos llamado a la reconciliación, al servicio de tu Palabra y del prójimo, por amor a la creación de Dios. Te damos gracias porque haces posible la reconciliación con nosotros mismos, para que, con un sentido de responsabilidad y de coraje, podamos poner aparte el pasado y mirar hacia el futuro que tú nos das.
Oh Dios, te damos gracias porque vas tejiendo con paciencia la trama de tela para la paz, la concordia, la unidad entre las personas y en la vida de nuestra comunidades cristianas. Te damos gracias también por el día en que, por obra del Espíritu Santo, todos seremos acogidos, reconciliado contigo, en tu morada. Amén.

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