Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 12 de octubre de 2009

MIERCOLES 14 DE OCTUBRE 2009

PALABRA DE DIOS
14 DE OCTUBRE DEL 2000
ROMANOS 2,1-11

Por lo tanto, amigo mío, si eres capaz de juzgar, ya no tienes disculpa. Te condenas a ti mismo cuando juzgas a los demás, pues tú haces lo que estás condenando. 2 Nos parece bien que Dios condene a los que hacen tales cosas, 3 pero tú, que haces lo mismo, ¿piensas que escaparás del juicio de Dios porque tanto tú como él condenan a los demás?
4 Esto sería aprovecharte de Dios y de su inmensa bondad, paciencia y comprensión, y no ver que esa bondad te quiere llevar a la conversión.
5 Si tu corazón se endurece y te niegas a cambiar, te estás preparando para ti mismo un gran castigo para el día del juicio, cuando Dios se presente como justo Juez.
6 El pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. 7 Dará vida eterna a quien haya seguido el camino de la gloria, del honor y la inmortalidad, siendo constante en hacer el bien;
8 y en cambio habrá sentencia de reprobación para quienes no han seguido la verdad, sino más bien la injusticia. 9 Habrá sufrimientos y angustias para todos los seres humanos que hayan hecho el mal, en primer lugar para el judío, y también para el griego.
10 La gloria, en cambio, el honor y la paz serán para todos los que han hecho el bien, en primer lugar para el judío, y también para el griego, 11 porque Dios no hace distinción de personas.

SALMO 62,2-9

2 En Dios sólo descansa el alma mía,
de él espero mi salvación.
3 Sólo él es mi roca y mi salvador,
si es mi fortaleza, no he de vacilar.
6 Sólo en Dios tendrás tu descanso, alma mía,
pues de él me viene mi esperanza.
7 Sólo él es mi roca y mi salvador,
si es mi fortaleza, no he de vacilar.
9 Pueblo mío, confíen siempre en él,
abran su corazón delante de él,
Dios es nuestro refugio.

LUCAS 11,42-46


¡Pobres de ustedes, fariseos! Ustedes dan para el Templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios. Esto es lo que tienen que practicar, sin dejar de hacer lo otro.
43 ¡Pobres de ustedes, fariseos, que les gusta ocupar el primer puesto en las sinagogas y ser saludados en las plazas! 44 ¡Pobres de ustedes!, porque son como esas tumbas que apenas se notan: uno no se da cuenta sino cuando ya las ha pisado.»
45 Un maestro de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, al hablar así nos ofendes también a nosotros.»
46 El contestó: «¡Pobres de ustedes también, maestros de la Ley, porque imponen a los demás cargas insoportables, y ustedes ni siquiera mueven un dedo para ayudarles!


HOMILIA

Rom 2,1-11: “Pagará a cada uno según sus obras” Sal 61: Tú, Señor, pagas a cada uno según sus obras. Lc 11,42-46: “¡Ay de ustedes, fariseos!”
Las diatribas , los reproches, que hoy escuchamos de boca de Jesús y cara a cara frente a fariseos y doctores de la Ley, rememoran las ‘malaventuranzas’ que en forma muy personal contrapone Lucas a las tan conocidas Bienaventuranzas en un capítulo anterior de su evangelio (Lc 6, 20-23). Bendecir y reprobar forman parte de la misma dinámica de reconocimiento de la acción de Dios. Las bendiciones o bienaventuranzas ponen en evidencia la calidad de vida que se requiere para seguir a Jesús, convirtiendo en poder de Dios lo que para la mayoría de las culturas son grandes limitantes, como la pobreza, el hambre, el sufrimiento y la discriminación. Como contrapartida Jesús condena todo aquello que las culturas de entonces y de ahora consideran fortalezas, como son la riqueza, la saciedad, la euforia y el prestigio, que por lo general son causa de la más auténtica miseria humana, la de tipo moral. Las malaventurazas y diatribas del Señor ponen de modo especial el dedo en la llaga de nuestras culturas occidentales, que idolatran el poder, el dinero y el placer, y no se dan cuenta de que esta moderna idolatría conduce velozmente al mundo a su autodestrucción. Hemos de hacer un balance respecto de si en nuestras vidas cristianas pesan más las actitudes que deben llevarnos a valorar el reino de Dios por encima de las limitaciones económicas, y a ponernos en actitud de servicio y consuelo hacia quienes carecen de todo, incluso de la esperanza.

Por eso Pablo comienza el texto de su Carta a los Romanos de una manera que pone en nuestro interior algo tan simple y provoca en nosoros una búsqueda de la verdad sin hacernos olvidar ni excusarnos nada que podrían ser objLas diatribas, las acusaciones que hoy escuchamos de boca de Jesús y cara a cara frente a fariseos y doctores de la Ley, rememoran las ‘malaventuranzas’ que en forma muy personal contrapone Lucas a las tan conocidas Bienaventuranzas en un capítulo anterior de su evangelio (Lc 6, 20-23). Bendecir y reprobar forman parte de la misma dinámica de reconocimiento de la acción de Dios. Las bendiciones o bienaventuranzas ponen en evidencia la calidad de vida que se requiere para seguir a Jesús, convirtiendo en poder de Dios lo que para la mayoría de las culturas son grandes limitantes, como la pobreza, el hambre, el sufrimiento y la discriminación. Como contrapartida Jesús condena todo aquello que las culturas de entonces y de ahora consideran fortalezas, como son la riqueza, la saciedad, la euforia y el prestigio, que por lo general son causa de la más auténtica miseria humana, la de tipo moral. Las malaventuranzas y diatribas del Señor ponen de modo especial el dedo en la llaga de nuestras culturas occidentales, que idolatran el poder, el dinero y el placer, y no se dan cuenta de que esta moderna idolatría conduce velozmente al mundo a su autodestrucción. Hemos de hacer un balance respecto de si en nuestras vidas cristianas pesan más las actitudes que deben llevarnos a valorar el reino de Dios por encima de las limitaciones económicas, y a ponernos en actitud de servicio y consuelo hacia quienes carecen de todo, incluso de la esperanza.

Es bueno poner nuestras actitudes en las afirmaciones de Pablo hoy. No habla del desánimo y la desilusión, no tenemos ni tenemos razón de buscar excusas de nada y ante nadie. Pero debemos preguntarnos cómo se sitúa Dios frente a estas situaciones humanas negativas e insuperables por sí mismas y como Dios hace juicio sobre todas nuestras actitudes. El gran error es que cuando hablamos de juicios, con seguridad no es lo que Dios piensa de nosotros y de nuestras vidas. Pablo dice hoy algo tan simple que los judíos han olvidado por esta adheridos a las tradiciones que no les permite percibir la gran novedad del Dios hecho hombre.

Se han olvidado de que el juicio de Dios se ajusta a la verdad, y no puede estar condicionado por nuestro modo de juzgar ni por las situaciones del pecado. El don de la ida eterna, y por lo tanto el don de la salvación está orientado, como dice Pablo hoy, “a los que perseveran en la práctica del bien y buscan gloria, honor e inmortalidad. Y Pablo se apresura a añadir el motivo de eso es posible “pues en Dios no hay lugar de favoritismo.”

El Evangelio nos presenta la invitación a Jesús para comer en casa de un fariseo, como vimos ayer. Lucas se refiere a unas invectivas contra los fariseos. De esta manera expresa Jesús su actitud pedagógica respecto de algunos de sus contemporáneos que han demostrado no querer entrar en la lógica evangélica que suscita actitudes humanas consecuentes. Aunque sea a contraluz estamos invitados a captar una espiritualidad de destinos en juego, lo que Jes+ús quiere afirmar más allá y por encima de toda hipocresía humana. Nos encontramos con una serie de valores, el primero, el valor de la justicia y del amor a Dios, que debe buscar el verdadero creyente con todas sus fuerzas, en vez de perderse en la mera observancia de normas particulares. En segundo lugar, el espíritu de servicio a los otros, que nos conduce a renunciar también a los primeros puntos con tal de ser útiles de cualquier modo. El tercer lugar es el valor de la transparencia interior e exterior contra la epidemia del mal que consiste en la hipocresía. Por ]ultimo, el valor de la comprensión fraterna contra la actitud de los que se muestran intransigentes a la hora de aplicar la ley a los demás, mientras que se muestran permisivos a la hora de aplicársela a ellos mismos.
La Palabra de Dios se muestra siempre viva y eficaz. Sin embargo hay momentos en los que casi pareve empeñarse con fuerza en ponernos ante nuestros pecados. De una manera que parece implacable. Es lo que dice Pablo al comienzo de la Carta a los Romanos son duras y severas: nadie ha de gloriarse ante Dios. En el evangelio Jesús nos hace comprender también que precisamente los que se creen justos y desprecian a los otros andan muy lejos de serlo. La condición para ser liberados del pecado es por tanto admitir que somos pecadores. Ahora bien, eso no nunca motivo para dejarnos caer en la tristeza o el desánimo, sino más bien para hacernos tomar una conciencia más aguda de lo grande que es la misericordia de la que somos objetos en Cristo Jesús. Hoy en el clima de permisividad que se propaga, el criterio de la moralidad parece estar tomado, de uno que pasa siempre igual, pero no es ésta la escala de valores con la que hemos de medirnos si queremos ser de Cristo. La grandeza del hombre viene dada por su libertad y, en consecuencia por su responsabilidad.etos de desanimo y desolación. Pero tenemos que preguntarnos cómo Dios se sitúa Dios frente a estas situaciones negativas e insuperables por sí mismas.
Por eso nos repite con frecuencia que tenemos que vivir la Palabra de Dios. Nos lo recuerda hoy: Esla bondad de Dios la que te invita alo arrepentimiento. (Romanos 2,4)
ORACION
Dar de comer no es caridad, es justicia. Ayudar a un minusválido no es bondad, es justicia. Vestir a los desnudos no es altruismo, es justicia. Hospedar a un peregrino no es generosidad, es justicia.
Dar cuatro monedas para sentirse bien, es conveniencia. Someter al débil es tiranía. Hacer chantase al necesitado es usura. Rezar, para hacerse ver, con una corazón malvado, es fariseísmo: Observar la ley y creerse superior es soberbia. Proclamarse hombre de bien sin misericordia es dureza de corazón. Cantar las alabanzas del Señor y calumniar al hermano es hipocresía.
Danos, Señor, conciencia de que “basta con ser hu hombre para ser un pobre hombre”. Ayúdanos, Señor, a no caer en la degradación que supone la versión farisaica de quien está repleto de sí mismo. Haz, Señor, que vivamos tu ley con actitudes humanas sugeridas por el Evangelio.
carlos2436@earthlisk.net

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