Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 31 de octubre de 2009

Noviembre Primero, 2009

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
REVELACION 7,2-4,9-14
Luego vi a otro ángel que subía desde el oriente y llevaba el sello del Dios vivo. Gritó con voz poderosa a los cuatro ángeles autorizados para causar daño a la tierra y al mar:
3 «No hagan daño a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios.»
4 Entonces oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel:
9 Después de esto vi un gentío inmenso, imposible de contar, de toda nación y raza, pueblo y lengua, que estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos, 10 y gritaban con voz poderosa:
10 «¿Quién salva fuera de nuestro Dios, que se sienta en el trono, y del Cordero?»
11 Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes; se postraron ante el trono rostro en tierra y adoraron a Dios, 12 diciendo:
12 ¡Amén! Alabanza, gloria, sabiduría,
12 acción de gracias, honor,
12 poder y fuerza a nuestro Dios
12 por los siglos de los siglos. Amén.
13 Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde vienen?»

SALMO 24,1-6

1 Del Señor es la tierra y lo que contiene,
1 el mundo y todos sus habitantes;
2 pues él la edifició sobre los mares,
2 y la puso más arriba que las aguas.
3 ¿Quién subirá a la montaña del Señor?
3 ¿Quién estará de pie en su santo recinto?
4 El de manos limpias y de puro corazón,
4 el que no pone su alma en cosas vanas
4 ni jura con engaño.
5 Ese obtendrá la bendición del Señor
5 y la aprobación de Dios, su salvador.
6 Así es la raza de los que Le buscan,
6 de los que buscan tu rostro, ¡Dios de Jacob!

1 JUAN 3,1-3

1 Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre: que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.
2 Amados, a pesar de que ya somos hijos de Dios, no se ha manifestado todavía lo que seremos; pero sabemos que cuando él aparezca en su gloria, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.
3 Y si es esto lo que esperamos de él, querremos ser santos como él es santo.

MATEO 5,1-12

Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. 2 Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:
3 «Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
5 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7 Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
8 Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
10 Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Felices ustedes, cuando por cau sa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de
12 Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.

HOMILIA

Apocalipsis 7,2-4.9-14: “Apareció en la visión una muchedumbre inmensa”Salmo 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.1Juan 3,1-3: “Veremos a Dios tal cua l es” Mateo 5,1-12: Las bienaventuranzas.

Se celebra hoy la Solemnidad de Todos los Santos. Qué bueno sería que ella no se redujera sólo a lo que hemos solido llamar “mundo católico”, sino a un mundo verdaderamente «católico», o sea, verdaderamente «universal», que es lo que originalmente significa la palabra. ¿No queremos celebrar en este día a todos los santos que están ya ante Dios? ¿Pues cómo vamos a limitarnos a pensar en «catálogo romano de los santos», de los «canonizados» por la Iglesia católica romana, en esa práctica llevada a cabo sólo desde el siglo XI de «inscribir» oficialmente a los santos de esa Iglesia en ese libro? ¿Será que los santos oficialmente inscritos durante 9 siglos en esta sola Iglesia sean todos los que estarán delante de Dios, o tal vez ellos sean una insignificante, casi invisible minoría entre todas las personas realmente santas ante la presencia de Dios?

Es decir: pocas fiestas como ésta quieren ser «universales»: la festividad de todos los santos... Y por tanto, habría que hacer un esfuerzo por entenderla con una real universalidad. Ésta es una fiesta «ecuménica»: agrupa a todos los santos que han seguido a Jesús. Es más que ecuménica, porque no contempla sólo a los santos cristianos, sino a «todos», todos los que son santos a los ojos de Dios. Ello quiere decir, obviamente, que también incluye a los santos no cristianos... a los santos de otras religiones (debería ser una fiesta inter-religiosa), e incluso a los santos sin pertenencia a ninguna religión.
Una fiesta pues, que podría hacernos reflexionar sobre dos aspectos: el de la santidad (¿qué es, en qué consiste, qué «confesionalidad» tiene esa santidad..., y el del «Dios de todos los santos». Porque muchas personas todavía piensan -sin querer, desde luego- en «un Dios muy católico». Para algunos Dios sería incluso «católico, apostólico y romano». O sea, nuestro. El Dios de nosotros, se quiere decir. Un Dios católico, un Dios como nosotros de hecho. Pudiera ser que... también... un poco hecho «a imagen y semejanza» nuestra.

La actitud universalista, la amplitud del corazón y de la mente hacia la universalidad, a la acogida de todos sin etiquetas particularistas, siempre nos cuestiona la imagen de Dios. Dios no puede ser nuestro Dios, el nuestro, el que piensa como nosotros e intervendría en la historia siempre de acuerdo con nuestros intereses... Dios, si es verdaderamente Dios, ha de ser el dios de todos los santos, el Dios de todos los nombres, el Dios de todas las utopías, el Dios de todas las religiones (incluida la religión de los que con sinceridad y sabiendo lo que hacen optan con buena conciencia por dejar a un lado “las religiones”, aunque no «la religión verdadera» de la que por ejemplo habla Santiago en su carta). Dios no es católico-romano, sino «católico» en el sentido original de la palabra. O sea: Dios está más allá de toda religión concreta. Está «con todo el que ama y practica la justicia, sea de la religión que sea», como dijo Pedro en casa de Cornelio.
La primera lectura bíblica de esta fiesta litúrgica, aun estando redactada en ese lenguaje no sólo poético, sino ultra-metafórico, lo viene a decir claramente: la muchedumbre incontable que estaba delante de Dios era «de toda lengua, pueblo, raza y nación»... En aquel entonces, hablar de «las naciones» implicaba en ello a las religiones, porque cada pueblo-raza-nación era considerado que tenía su propia religión. A Juan le parece contemplar reunidos, en aquella apoteosis, no sólo a los de su propia religión, sino a todos los pueblos, vale decir: a todas las religiones.
Si corregimos así nuestra visión, estaremos más cerca de «ver a Dios tal como es» (segunda lectura), tal como podremos verle allá de los velos carnales del chauvinismo cultural o el tribalismo religioso -que no son muy distintos. Obviamente, esos «ciento cuarenta y cuatro mil» (doce al cuadrado, o sea, «los Doce», o «las Doce ‘tribus’ de Israel», pero elevadas al cuadrado, es decir, totalmente superadas, llevadas fuera de sí hasta disolverse entre «toda lengua, pueblo, raza y nación»), esos ciento cuarenta y cuatro mil, o los entendemos como un símbolo macroecuméncio, o nos retrotraerían al tribalismo religioso.
Las bienaventuranzas comparten la misma visión «macro-ecuménica»: valen para todos los seres humanos. El Dios que en ellas aparece no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». No exige ningún ritual de ninguna religión. Sino el rito de la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todos los santos, los de casa y los de fuera, los del mundo «católico«...
Si a propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad; en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación de nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios.
Para la aplicación más parenética de este precedente comentario exegético, recomendamos como la mejor referencia el capítulo V de la Constitución Dogmática de la Iglesia “Lumen Gentum”, del Vaticano II, con su “Universal llamado a la santidad”.
.
ORACION

Hoy en la fiesta de la comunidd de los santos, rezamos unos por otros.

Recordamos a la Iglesia de Dios, para que sea la sal de la tierra y la luz del mundo, y dé testimonio de la vida nueva que nos viene por Cristo Jesús. Recordamos a los hombres y mujeres, para que la propuesta del Evangelio nos ayude a encontrar la felicidad auténtica. Recordamos hoy especialmente por nuestros difuntos: amigos y familiares, para que gocen para siempre de la plenitud de la vida con Dios, con ellos estamos reunidos en la fe, la caridad y la esperanza.

No olvidamos a cada uno de nosotros, que vivimso en comuni[on para que, con todos los santos y santas de Dios, avancemos por el camino de la fe para conseguir con ellos la felicidad eterna y trasmitamos el mensaje de la vida que nos encomend[o el Señor. Bendito el Señor porque nos vistió con la dignidad de reunirnos en su nombre con el que es el santo de los santos.

No hay comentarios.: