OCTUBRE 12, 2009
ROMANOS 1,1-7
1 De Pablo, siervo de Cristo Jesús,
apóstol por un llamado de Dios,
escogido para el Evangelio de Dios.
2 Esta Buena Nueva,
anunciada de antemano por sus profetas en las Santas Escrituras
3 se refiere a su Hijo,
que nació de la descendencia de David según la carne,
4 y que el Espíritu de santidad ha designado Hijo de Dios al resucitarlo de entre los muertos en una obra de poder.
4 De él, Cristo Jesús, nuestro Señor,
hemos recibido gracia y misión,
5 para que en todos las naciones sea recibida la fe,
para gloria de su nombre.
6 A estos pueblos pertenecen ustedes, elegidos de Cristo Jesús
que están en Roma,
7 a quienes Dios ama y ha llamado y consagrado.
Que de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor, les lleguen la gracia y la paz.
SALMO 98,1-4
1 !Canten al Señor una canción nueva.
pues ha hecho maravillas! !Ha alcanzado la victoria con us gran poder., con su santo brazo. 2 El Señor ha anunciado su victoria ha mostrado su justicia a la vista de las naciones; 3 ha tenido presentes su amor y su lealtad hacia el pueblo de Israel. !Hasta el último rincón del mundo ha sido vista la victoria de nuestra Dios! 4 Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra; den rienda suelta a su alegría y cántenle himnos.
LUCAS 11,29-32
29 Aumentaba la multitud por la gente que llegaba y Jesús empezó a decir: «La gente de este tiempo es gente mala. Piden una señal, pero no tendrán más señal que la señal de Jonás.30 Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, de igual manera el Hijo del Hombre será una señal para esta generación.
31 La reina del Sur resucitará en el día del Juicio junto con la gente de hoy y los acusará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí tienen ustedes mucho más que Salomón.
32 Los habitantes de Nínive resucitarán en el día del Juicio junto con la gente de hoy y los acusarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás.
La advocación de la “Virgen del Pilar”, de tan profunda raigambre hispánica, se funda en una antigua leyenda: el apóstol Santiago el Mayor, gran evangelizador de España, en una de sus andanzas se apoyó, extenuado, sobre una columna, y sintió que la Madre de Jesús lo animaba a completar la misión recibida de su Hijo. En el lugar se construyó más tarde una capilla, y después la gran Basílica del Pilar de Zaragoza. A esta advocación se encomendaban los soldados españoles que combatían por expulsar a los moros, y se dice que Cristóbal Colón encomendó a la Virgen del Pilar su trascendental aventura marítima. El papa Clemente XII fijó para el emblemático 12 de octubre la festividad de la Virgen del Pilar. Esta celebración nos exhorta a continuar la labor misionera de Santiago, que propuso el Evangelio desde el diálogo y la organización de las comunidades cristianas, y no mediante la espada y el aniquilamiento de las culturas autóctonas, como ocurrió en Hispanoamérica quince siglos más tarde. La liturgia dedica a María de Nazaret un bello himno con motivo de esta invocación:
"Esa columna, sobre la que posa,
leve, sus plantas tu pequeña imagen,
sube hasta el cielo: puente, escala, guía de peregrinos.
Cantan tus glorias las generaciones,
todas te llaman bienaventurada;
la roca firme, junto al Ebro enhiesta, gastan a besos.
Abre tus brazos virginales, madre,
vuelve tus ojos misericordiosos, tiende tu manto,
que nos acogemos bajo tu amparo".
Pablo es alguien que no se puede separar la persona de la misión. Hoy nos habla directamente de la misión que le ha sido confiada por el Señor. El hecho que siempre tenemos que tener presente cuando leemos sus cartas es lo de Damasco, el encuentro de Saulo con Jesús. En su trabajo como en su persona Cristo es el centro de su existencia, el Dios y el hombre vivo y verdadero y presenta a Cristo como el Hijo de David y de Dios, el Jesús de Nazaret resucitado. De él ha recibido Pablo directamente la misión y él la presenta con orgullo en la Carta hoy cuando dice, la gracia de ser apóstol. En cierto sentido esa misión le ha sido, como dice en otro lugar, le ha sido impuesta, a lo que como dice no ha podido sustraerse, sintiendo como el profeta Jeremías (Jeremías 20,7). Pablo considera a los destinatarios de sus cartas, los oyentes de la Palabra que Dios le ha confiado como evangelio, como Buena Nueva, a saber que viene de Dios y tiene que ver con Jesucristo, el Cristo muerto y resucitado para la salvación de todos. Hoy habla del deseo de gracia y de paz, “elegidos por Dios para constituir su pueblo, gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor.” Y Pablo se reconoce en él de buena gana como siervo y heraldo.
Jesús le ha enseñado a Pablo, porque Jesús se enfrenta en el Evangelio de hoy que rechaza la petición de milagros, que en el fondo es simplemente curiosidad y búsqueda de espectáculo. Pero él no ha venido a satisfacer esas demandas, ni está dispusto mucho menos a dejarse desviar de los que son los primeramente su misión. Por eso su respuesta no se hace esperar. Y usa como él mismo lo ha elegido, la señal de Jonás, porque aquí hay alguien más importantes que Jonás. Pero en Lucas hay una manera distinta de la manera de la que habla Mateo. Lucas considera a Jonás como un único gran signo, porque da sentido particular a la predicación de Jonás. A Jonás se le presenta en relación con Cristo, con el carácter extraordinario de su misión. El doble ejemplo de la reina del sur y de los habitantes de Nínive sirve a Lucas para poner claramente de manifiesto que frente a Jesús, el profeta de los últimos tiempos, donde Lucas compara la negativa actitud de la generación malvada, los judíos, frente a actitud positiva de los ninivitas.
Si volvemos a la primera lectura, en el camino de Damasco, Pablo encontró a Cristo, y ya no puede pensar sin ponerse en relación con él. Por eso ahora Pablo es el siervo de Cristo, es decir su apóstol. Y él quisiera recorrer todos los caminos para llevar a todos a la obediencia de la fe, a reconocer en Jesús al Cristo, al enviado del Padre para nuestra salvación. A quien ha encontrado a Cristo le resulta impensable no arder en deseos de llevar a todos el alegre anuncio. Sin embargo, qué fácil resulta dar por descontada la novedad de la vida cristiana, en- cerrada en nustros prejuicios, que nos hacen, como a Jonás, jueces de Dios y de sus designios. El Señor Jesús, misericordia del Padre, planta en nuestros corazones, como lo hizo en Pablo, la señal grande de la cruz para que, vencidos por su amor, también nosotros lleguemos a ser testigos alegres, en medio de los hermanos.
Por eso mismo, Pablo nos repite con frecuencia a vivir la Palabra, como él lo afirma en la lectura de hoy, “gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor.” Pablo dice de sí mismo que es siervo de Cristo Jesús. Que el hombre se reconozca siervo de Dios, no es algo natural. El griego no creyó en esto porque no entendió así sus relaciones con la divinidad. Creía que el hombre libre no debía ser siervo de nadie, ni siquira de Dios. Paltón, el gran filósofo decía “?Como podría ser feliz el hombre que presta servicio a alguien? Sin embargo el hombre piadoso del Antiguo Testamento declara con esa fórmula que pertenece a Dios de una manera simple e incondicional. Los grandes patriarcas de la antigua alianza, los amigos de Dios como Abrahán, Moisés, Josué, David, se declaran siervos de Dios, y esta afirmación no era una palabra humillante, sino el título honorífico más elevado. Pero, en el Nuevo Testamento a pesar de que Jesús habla en las parábolas, habla a menudo del hombre como siervo de Dios, no es ésta la única concepción del hombre frente a Dios que tiene el cristiano. Y por estar al servicio de un Dios Padre y de un Señor, Cristo, y por eso bajo su poderosa protección, sabe que es libre de todas las espantosas potencias diabólicas del mundo. Quien es siervo de Cristo es liberado por Cristo y quien ha sido liberado por Cristo es siervo de Cristo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario