Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 19 de octubre de 2009

OCTUBRE 20, 2009

PALABRA DE DIOS

Romanos 5,1215b,17-19,20b-21


12 Pues bien, un solo hombre hizo entrar el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Después la muerte se propagó a todos los hombres, ya que todos pecaban.
15 Así fue la caída, pero el don de Dios no tiene comparación. Pues si todos mueren por la falta de uno solo, la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre. 16 No hay comparación entre el pecado de uno y el don de Dios en la hora presente. Pues el juicio de un solo pecado terminó en condena, pero el perdón de muchos pecados termina en absolución.
17 Y si bien reinó la muerte por culpa de uno y debido a uno solo, con mucha mayor razón gracias a uno solo, Jesucristo, todos aquellos que aprovechan el derroche de la gracia y el don de la “justicia” reinarán en la vida.
18 Pues si es verdad que una sola transgresión acarreó sentencia de muerte para todos, asimismo la reabsolución merecida por uno solo procuró perdón y vida a todos.
19 Y así como la desobediencia de uno solo hizo pecadores a muchos, así también por la obediencia de uno solo toda una multitud es constituida “justa”.
20 Al sobrevenir la Ley, se multiplicaron los delitos, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 21 Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, así también debía reinar la gracia que, al hacernos “justos”, nos lleva a la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.

SALMO 40,7-10,17

No quisiste sacrificios ni ofrendas —lo dijiste y penetró en mis oídos— no pediste holocaustos ni víctimas.
8 Entonces dije: «Aquí estoy, de mi está escrito en el rollo del Libro.
9 He elegido, mi Dios, hacer tu voluntad, y tu Ley está en el fondo de mi ser».
10 Publiqué tu camino en la gran asamblea, no me callé, Señor, tú bien lo sabes.
17 Pero que en ti se alegren y regocijen todos los que te buscan, y que repitan siempre: «¡Dios es grande!» los que desean tu salvación.

LUCAS 12,35-38

35 Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. 36 Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. 37 Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. 38 Y si es la medianoche o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes!


HOMILIA
Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21: “Cuánto más vivirán y reinarán ahora por Jesucristo”. Sal 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Lucas 12,35-38: “Tengan la ropa puesta y las lámparas encendidas”
El evangelio de este día podríamos resumirlo en la consigna “vivan despiertos”, porque la realidad cotidiana es bien distinta a ella. Pasamos nuestros días atolondrados por la marea de imágenes, informaciones y noticias vanas que segundo a segundo vomitan nuestros televisores, radios, computadores y aparatos de sonido. Tan enorme es la marea de ideologías y valores viciados por el consumo y la alienación, que a duras penas nos reconocemos a nosotros mismos cuando nos miramos al espejo. Los afanes y preocupaciones inútiles consumen nuestros días sin que tengamos espacios para cultivar nuestro espíritu. Pero la voz del Señor nos llama a hacer un alto en el camino. Nos incita a romper con la rutina y a desviarnos hacia el sendero del reino. Ya no más consumo. Ya no más culto al placer. Ya no más alienación. Debemos darle un “¡sí!” rotundo a una vida plena de significado y a una existencia digna. Y para lograr eso necesitamos ‘despertar’, abandonar ese proceso de enajenación constante en el que nos sumergen a diario los medios masivos de comunicación. Necesitamos recuperar lo realmente valioso de la vida, que es nuestra vida misma, la de nuestra comunidad y nuestro pueblo. Estamos de fiesta con Jesús y, aunque no nos hayamos dado cuenta, tratándose de esa fiesta no se puede dormir impunemente, porque se corre el riesgo de quedar afuera..

La parte que estamos leyendo es un teto clásico de la teología sobre el pecado original. Tras haber afirmado que todos los judíos y griegos, son culpables e inexcusables, Pablo recuerda el acontecimiento originado, que a su modo de ver, determina y justifica esta fragilidad universal, esta debilidad común, esta pobreza radical de toda persona frente a Dios a las exigencias de su voluntad. Con el pecado, razona Pablo también ha entrado en el mundo la muerte: la muerte total (12). Y así como cada persona humana se reconoce débil frente a la muerte física, tampoco debe dejar de reconocerse impotente frente a la muerte total. También aquí saca a la luz el apóstol una doble solidaridad en el mal, que amenaza con dejar reinar a la muerte en el mundo, y la solidaridad en el bien, que está garantizada por la presencia de Jesús ( 17ss) Existe una clave de lectura muy sencilla y muy eficaz para esta página paulina: consiste en la contraposición entre la figura de Adán, a causa de la cual “entró el pecado en el mundo”, (12) y la persona de Jesús, merced a la cual ha llegado a nosotros la gracia de Dios.. Este concepto desarrollado siempre en una tensión histórico-salvífica se repite muchas veces en estas pocas líneas (15b,17ss). De este modo, Pablo nos ayuda a volver, con un estupor siempre mayor y con un deseo de comprender siempre creciente, sobre el gran acontecimiento de loa muerte y la resurrección de Jesús, que ha cambiado el rostro a la historia de toda la humanidad, que ha renovado en el corazón de cada hombre, hijo de Adán, que ha hecho reinar definitivamente en el mundo la gracia de Dios.


El evangelio contiene una advertencia ( 35ss) “tened ceñidas las cinturas y las lámparas encendidas” y una bienaventuranza (37-38): “dichosos los siervos a quienes el amo los encuentre vigilantes… si viene a medianoche o a la madrugada y los encuentre así, dichosos ellos.” No es difícil captar el mensaje correspondiente, a condición de mantener íntimamente unidas las tres partes de la enseñanza de Jesús.

La vigilancia especial tiene que ver con la “con la vigilancia expectante”, las encontraremos en la Palabra de los tres próximos días. La doble imagen de la cintura ceñida y las lámparas encendidas, no es más que una invitación a asumir actitudes que estén de acuerdo con la vigilancia: un deber imperioso e ineludible para todos, puesto que el Señor está cerca, porque el que viene está a punto de llegar. Las parábolas contenidas en este capítulo y en el siguiente pueden ser consideradas como las parábolas de la inminencia escatológica; en ellas vibra, en efecto, un sentido de inmediatez y espontaneidad que, lejos de crear incertidumbre, suscita más bien espera y confianza. El mensaje que de allí se sigue es obvio: es preciso estar preparado, por la hora escatológica, (la hora de los últimos tiempos) está a punto de sonar.

La bienaventuranza a la que se alude está íntimamente ligada al relato parabólico: es la bienaventuranza de quien, teniendo plena conciencia de su condición de criatura, se mantiene con fidelidad una actitud de vigilancia durante la espera. Esa bienaventuranza está confirmada con la parábola al llegar a su té, describe el retorno del amo y su encuentro con los criados vigilantes. Así pues, es menester permanecer vigilantes por una primera razón, que consiste en el hecho de no conocer con exactitud la hora en que volverá el amo. Pero la segunda razón es todavía más importante, es la gran promesa que formula Jesús a sus siervos buenos y fieles “os aseguro que se ceñirá, y los hará sentar a la mesa y ser pondrá a servirlos.” (37) Es la promesa de la comunión plena y definitiva entre los siervos y su amo, entre Dios y aquellos que viven con la perspectiva del gran encuentro.

San Agustín dijo: “Cada hombre es Adán, cada hombre es Cristo.” Eso nos hace recordar las palabras que hoy hemos leído. En cada uno de nosotros revive el conflicto entre el hombre viejo y el hombre nuevo.

ORACION


Tú eres gracia, cuando me eliges por lo que yo soy y no por lo que valgo: tu gracia. Tú eres gracia cuando tomas la iniciativa de amarme3 y no esperas mis tímidos avances: tu gracia, Señor, me previene y me sorprende siempre. Tú eres gracia cuando te manifiestas históricamente en el espacio y en el tiempo, a través de acontecimientos, personas, cosas: tu gracia, Señor, se muestra siempre perceptible, concreta. Tú eres gracia cuando te dejas entrever y saborear en el sentido de esplendor, de alegría, y de belleza, de gratitud y de perdón: tu gracia, Señor, es siempre una experiencia gratificante.


Tu gracia seduce, porque con tu ternura y compasión, con tu lealtad y fidelidad, vences al pecado y mis debilidades. Tu gracia, Señor, es siempre un don, puro don.


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