12 Pues bien, un solo hombre hizo entrar el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Después la muerte se propagó a todos los hombres, ya que todos pecaban.
15 Así fue la caída, pero el don de Dios no tiene comparación. Pues si todos mueren por la falta de uno solo, la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre. 16 No hay comparación entre el pecado de uno y el don de Dios en la hora presente. Pues el juicio de un solo pecado terminó en condena, pero el perdón de muchos pecados termina en absolución.
17 Y si bien reinó la muerte por culpa de uno y debido a uno solo, con mucha mayor razón gracias a uno solo, Jesucristo, todos aquellos que aprovechan el derroche de la gracia y el don de la “justicia” reinarán en la vida.
18 Pues si es verdad que una sola transgresión acarreó sentencia de muerte para todos, asimismo la reabsolución merecida por uno solo procuró perdón y vida a todos.
19 Y así como la desobediencia de uno solo hizo pecadores a muchos, así también por la obediencia de uno solo toda una multitud es constituida “justa”.
20 Al sobrevenir la Ley, se multiplicaron los delitos, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 21 Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, así también debía reinar la gracia que, al hacernos “justos”, nos lleva a la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.
SALMO 40,7-10,17
8 Entonces dije: «Aquí estoy, de mi está escrito en el rollo del Libro.
9 He elegido, mi Dios, hacer tu voluntad, y tu Ley está en el fondo de mi ser».
10 Publiqué tu camino en la gran asamblea, no me callé, Señor, tú bien lo sabes.
17 Pero que en ti se alegren y regocijen todos los que te buscan, y que repitan siempre: «¡Dios es grande!» los que desean tu salvación.
LUCAS 12,35-38
35 Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. 36 Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. 37 Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. 38 Y si es la medianoche o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes!
HOMILIA
Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21: “Cuánto más vivirán y reinarán ahora por Jesucristo”. Sal 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Lucas 12,35-38: “Tengan la ropa puesta y las lámparas encendidas”
El evangelio de este día podríamos resumirlo en la consigna “vivan despiertos”, porque la realidad cotidiana es bien distinta a ella. Pasamos nuestros días atolondrados por la marea de imágenes, informaciones y noticias vanas que segundo a segundo vomitan nuestros televisores, radios, computadores y aparatos de sonido. Tan enorme es la marea de ideologías y valores viciados por el consumo y la alienación, que a duras penas nos reconocemos a nosotros mismos cuando nos miramos al espejo. Los afanes y preocupaciones inútiles consumen nuestros días sin que tengamos espacios para cultivar nuestro espíritu. Pero la voz del Señor nos llama a hacer un alto en el camino. Nos incita a romper con la rutina y a desviarnos hacia el sendero del reino. Ya no más consumo. Ya no más culto al placer. Ya no más alienación. Debemos darle un “¡sí!” rotundo a una vida plena de significado y a una existencia digna. Y para lograr eso necesitamos ‘despertar’, abandonar ese proceso de enajenación constante en el que nos sumergen a diario los medios masivos de comunicación. Necesitamos recuperar lo realmente valioso de la vida, que es nuestra vida misma, la de nuestra comunidad y nuestro pueblo. Estamos de fiesta con Jesús y, aunque no nos hayamos dado cuenta, tratándose de esa fiesta no se puede dormir impunemente, porque se corre el riesgo de quedar afuera..
El evangelio contiene una advertencia ( 35ss) “tened ceñidas las cinturas y las lámparas encendidas” y una bienaventuranza (37-38): “dichosos los siervos a quienes el amo los encuentre vigilantes… si viene a medianoche o a la madrugada y los encuentre así, dichosos ellos.” No es difícil captar el mensaje correspondiente, a condición de mantener íntimamente unidas las tres partes de la enseñanza de Jesús.
Tú eres gracia, cuando me eliges por lo que yo soy y no por lo que valgo: tu gracia. Tú eres gracia cuando tomas la iniciativa de amarme3 y no esperas mis tímidos avances: tu gracia, Señor, me previene y me sorprende siempre. Tú eres gracia cuando te manifiestas históricamente en el espacio y en el tiempo, a través de acontecimientos, personas, cosas: tu gracia, Señor, se muestra siempre perceptible, concreta. Tú eres gracia cuando te dejas entrever y saborear en el sentido de esplendor, de alegría, y de belleza, de gratitud y de perdón: tu gracia, Señor, es siempre una experiencia gratificante.
Tu gracia seduce, porque con tu ternura y compasión, con tu lealtad y fidelidad, vences al pecado y mis debilidades. Tu gracia, Señor, es siempre un don, puro don.

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