Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 20 de octubre de 2009

Octubre 21, 2009
Romanos 6,12-18

19 Ven que uso figuras muy humanas, pues tal vez les cueste entender.
19 Hubo un tiempo en que llevaron una vida desordenada e hicieron sus cuerpos esclavos de la impureza y del desorden, conviértanlos ahora en servidores de la justicia verdadera, para llegar a ser santos.
20 Cuando eran esclavos del pecado, se sentían muy libres respecto al camino de justicia. 21 Pero con todas esas cosas de las que ahora se avergüenzan, ¿cuál ha sido el fruto? Al final está la muerte.
22 Ahora, en cambio, siendo libres del pecado y sirviendo a Dios, trabajan para su propia santificación, y al final está la vida eterna.
23 El pecado paga un salario, y es la muerte. La vida eterna, en cambio, es el don de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.

SALMO 124,1 1-8

De no estar el Señor en favor nuestro,
1 que lo diga Israel,
2 de no estar el Señor en favor nuestro,
cuando el mundo se lanzó contra nosotros,
3 nos habrían devorado vivos
en el fuego de su cólera.
4 Entonces las aguas nos habrían arrollado
y el torrente pasado por encima,
5 entonces habrían pasado sobre nuestra alma
6 Bendito sea el Señor que no nos dio
por presa de sus dientes.
7 Nuestra alma como pájaro escapó
de la red que puso el cazador.
La malla se rompió
y nosotros escapamos.
8 Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

LUCAS 12,39-48

39 Si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro.
40 Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.»
41 Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?» 42 El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo.
43 Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. 44 En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene.
45 Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, 46 llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo enviará con los desleales.
47 Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. 48 Y si otro servidor hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes.
48 Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.

HOMILIA

Rom 6,12-18: “Ofrézcanse a Dios”. Sal 123: Nuestro auxilio es el nombre del Señor. Lc 12,39-48: “A quien mucho se le dio, mucho se le pedirá”
Jesús nos previene: el día de la salvación llega como un ladrón en la noche, en el momento más inesperado. Con vigilantes cuidamos nuestra propiedad, porque los ladrones esperan el menor descuido o el más débil titubeo. ¿Queremos vivir nuestra vida cristiana al monótono ritmo semanal, o en el ajetreo incansable del camino hacia el reino? El día de nuestra salvación no llega porque nosotros lo esperemos, sino porque Dios quiere liberar a su pueblo de la vergüenza y la explotación. El evangelio nos invita a vivir alertas a los signos del reino, para estar a la altura de los tiempos y retribuir con agradecimiento oportuno el enorme bien que hemos recibido. El Señor nos ha confiado su Palabra, y ese tesoro es tan valioso como para que lo compartamos y repartamos incansablemente, porque cuanto más damos, más conservamos; y cuanto más conservamos, más podemos repartir. Que no nos falte el ímpetu de quien defiende su propiedad al defender la causa de Jesús; porque ése el único bien y la única razón de vivir para un cristiano auténtico.
Nosotros llamamos a nuestra vida, una vida comunitaria, vivimos para compartir y al hacerlo podemos repartirnos. Y repartirnos es darnos con todo el corazón. El corazón es más nuestro cuanto más lo compartimos y eso es el principio de nuestra seguridad. A veces no pensamos, que la gran pérdida de nuestra vida es haber perdido la niñez, cuando nos dábamos in pensara quien, el gozo era compartir, por ese era y es el plan de Dios y hoy Pablo y Jesús nos lo vuelven a recordar y en comunidad.
Tal vez por eso, Pablo comienza con una orden y no se trata de un deseo sino de una exigencia. El recuerdo de nuestro bautismo. Del bautismo está hablando efectivamente Pablo en esta parte de su carta, y ese sacramento ha de ser puesto como fundamento de cuanto va a comunicar a sus cristianos. Nos dice hoy, (3), “todos a quienes el bautismo ha vinculado a Cristo hemos sido vinculados a su muerte. En efecto, por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder de Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.” En consecuencia, también nosotros podemos caminar en una vida nueva (4). Y sobre esta novedad de vida construye Pablo ahora su discurso, es preciso que nos convirtamos en lo que somos, es menester que obremos de un modo consecuente con el don que hemos recibido, es necesario que vivamos en nuestra vida el misterio pascual de Cristo. Esto implica sobretodo dos cosas: morir al pecado y vivir en Cristo; dos momentos de un único estilo de vida, dos actitudes complementarias entre sí e igualmente necesarias. Lo que Pablo afirma deja entrever también un acento polémico contra algunos, disociando los dos momentos del único misterio pascual, admitían la hipótesis de una existencia cristiana al son de la permisividad y del laxismo. Sin embargo, Pablo no puede ceder ante semejantes desviaciones. La gracia del misterio que se ha recibido le hace responsable de sí mismo y de los otros.
De ahí se sigue que el estilo de vida cristiana que Pablo traza en su carta incluye, al mismo tiempo, un momento negativo y otro positivo, un compromiso contra el pecado y una adhesión a la gracia de Dios, una clara contraposición a la lógica de la muerte que se propaga en el mundo y una adhesión total a la lógica de la vida nueva traída por Jesús. Pablo concluye su pensamiento con una acción de gracia: “pero gracias a Dios, vosotros, que eráis antes esclavo del pecado, habéis obedecido de corazón la doctrina que os ha sido trasmitida…” y “os habéis puesto al servicio de la salvación.” Las exhortaciones de Jesús dirigidas ahora a sus discípulos sacan a la luz la responsabilidad de todo creyente frente a la novedad del Evangelio y a sus pedidos prácticos. Según Jesús, el discípulo no sólo debe vigilar mientras espera, sino que debe conservarse fiel a loque ha prometido, hasta que el Señor vuelva. Dice en efecto, “tener presente.” Se trata, pues, de un discernimiento que sólo es posible practicar si la fe, junto a la razón, se convierte en fuente de luz para nuestro camino. Saber no es todo, pero, a buen seguro, es una condición indispensable para estar dispuesto todo el tiempo que haga falta..

Aparece una extraña pregunta de Pedro, “Señor, es parábola ¿se refiere a nosotros también?" que sirve de introducción a la parábola del fiel y prudente. También, éste, sin embargo, en un determinado momento, contempla la posibilidad de un olvido y de una falta de atención. La fidelidad y la prudencia parecen ser las dos cualidades que Jesús quiere recomendar a todos, pero de una manera inequívoca la seriedad y dramatismo del seguimiento evangélico. De ahí que, por una parte resuene una bienaventuranza consoladora: “Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentro haciendo lo que debe.” (43); con ella quiere exhortar el Señor a la fidelidad, pero, al mismo tiempo, enuncia la promesa de una comunión definitiva. Por otra parte resuena la amenaza de un castigo severo pata todo el que no se mantenga fiel y activo en la espera. Estos serán contados entre “los que no son fieles”. (46)

Los dos últimos versículos son característicos de Lucas: en ellos acentúa la relación entre conocimiento y castigo y aplica este juicio a los responsables de la comunidad. (ver Lucas 19,11-28)

En medio de tantos problemas de neustra vida, la Palabra de Dios nos llama a lo esencial, a fijar sobre nosotros mismos una mirada serenamente consciente de lo que Dios ha hecho por nosotros y de nosotros. San Pablo nos recuerda que somos “muertos que habéis vuelto a la videa.”, habitados por la fuerza y por el poder de Cristo resucitado, llamados a ofrecernos a nosotros mismos a Dios con alegría y gratitud en todo lo que llevamos a cabo, para que verdaderamente, tanto si comemos como si f}dormimos, seamos del Señor y nada sea extraño a este horizonte de pertenencia que enriquece y embellece nuestra existencia. Cuando más hayamos experimentado en nosotros mismos y en los otros, tal vez en personas que nos son especialmente queridas o familiares, qué verdad es que el pecado somete y esclaviza al hombre hasta matarlo, tanto más de dilatará nuestro corazón al servicio de Dios con alegría. Ay de nosotros, como el siervo de la parábola, pensamos que el amor “tarda en venir”. Nuestro amo Señor y Maestro está con nosotros para que vivamos con su gracia, de manera conforme a la vida nueva que él nos ha dado, y lleguemos a ser santos e inmaculados en su presencia en el amor. El camnio –es siempre Pablo el que nos lo indica- es la obediencia de corazón a la enseñanza de Jesús. Es el camino que va desde la escucha de la Palabra a la fracción del pan de la caridad juntos, desde el reconocimiento de Cristo presente entre los pequeños y en los pobres al servicio generoso de los hermanos del que todos somos personalmente responsable3s. Es seguro que se nos pedirá cuentas de loo mucho que hemos recibido, pero sabemos también que el que nos juzgará será aquel que murió por amor a nuestro amor.
Se nos invita a repetir con frecuencioa y a vivir hoy la Palabra: “Demos gracias a Dios porque os habéis puestos al servicio de la salvación.” (Romanos 6,17ss).
El ser humano, creado a imagen y semjanza de Dios, puede alabar a Dios también por este mundo, restituir a su Creador como ofrenda la creación en una acción de gracias; y mediante este acto de oblación, el hombre llega a ser verdaderamente humano, una persona en su integridad.
ORACION

“Dichoso ese criado, sí, al llegar su amo, lo encuentra haciendo lo que debe.” Dichoso el que, solícito, cumple lo que tiene que hacer: su esperanza se verá recompensada con el bien prometido. Dichoso el que, como atleta permanezca en la carrera: recibirá una corona incorruptible.

Dichoso el que, habiendo puesto la mano en el arado, no mira hacia atrás: recogerá frutos en abundancia.
Dichoso el que procede con templanza y prudencia en su viaje: verá las alegrías eternas. Dichoso elo que se muestra constante en las pruebas: tendrá la suerte que Dios prepara a sus amigos.

Dichoso el que afronta con buen ánimo las fatigas del deber: gozará con al recompensa de sus esfuerzos. Dichoso el que se prodiga a favor de los otros sin segundas intenciones: saboreará el triunfo final Dichoso el que sirve y piensa eh}n hacer l bien: estará mejor en el Reino de los cielos.l
Dichoso el que camina en la verdad desmenuzándola mientras va de camino: sus numerosos seguidores le darán la gloria. Dicho el que haya dado a Dios tiempo para realizar sus designios gustará la victoria de los fuertes,

Dichoso el que hace su vida útil y santa: se le dará cien veces más. “Dichoso es el criado sí, al llegar su amo, lo encuentra haciendo lo que debe.”



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