18 Estimo que los sufrimientos de la vida presente no se pueden comparar con la Gloria que nos espera y que ha de manifestarse. 19 El universo está inquieto, pues quiere ver lo que verdaderamente son los hijos e hijas de Dios.
20 Pues si la creación está sometida a lo efímero, no es cosa suya, sino de aquel que le impuso este destino. Pero le queda la esperanza;
21 porque el mundo creado también dejará de trabajar para el polvo, y compartirá la libertad y la gloria de los hijos de Dios.
22 Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto.
23 Y también nosotros, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo.
24 Estamos salvados, pero todo es esperanza. ¿Quieres ver lo que esperas? Ya no sería esperar; porque, ¿quién espera lo que ya tiene a la vista? 25 Esperemos, pues, sin ver, y lo tendremos, si nos mantenemos firmes.
SALMO 126,1-6
1 Cuando el Señor hizo volver
1 a los cautivos de Sión,
1 nos parecía estar soñando;
2 nuestra boca se llenaba de risa
2 y nuestra lengua de gritos de alegría.
2 Entonces entre los paganos se decía:
2 «¡Qué grandes cosas no ha hecho el Señor por ellos!»
3 Sí, grandes cosas ha hecho el Señor por nosotros,
3 rebosábamos de gozo.
4 Haz que vuelvan, Señor, nuestros cautivos,
4 como riachuelos en tierras áridas.
5 Los que siembran entre lágrimas
5 cosecharán entre gritos de alegría.
6 Se van, se van llorando
6 los que siembran la semilla,
6 pero regresarán cantando
6 trayendo sus gavillas.
LUCAS 13,18-21
18 Jesús continuó diciendo: «¿A qué puedo comparar el Reino de Dios? ¿Con qué ejemplo podría ilustrarlo?
19 Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su jardín. Creció y se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se refugiaron en sus ramas.»
20 Y dijo otra vez: «¿Con qué ejemplo podría ilustrar el Reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que fermentó toda la masa.»
HOMILIA
El reino es esa diminuta semilla que Dios ha sembrado en el corazón y que permite al ser humano alzarse por encima de su propia animalidad y por sobre los condicionamientos sociales y culturales que pueden reducirlo a lo peor de sí mismo. La semilla de mostaza es diminuta, pero sabrosa. Es capaz de transformar el alimento más insípido. Es también capaz de generar una planta que, sin tener la magnitud de un cedro o un roble, ofrece protección y cobijo a las aves errantes o que están de camino por el cambio de estación. El reino es esa semilla que tiene el poder de transformar nuestras vidas anónimas y alienadas en experiencias de amor y alegría. El reino es capaz de darle sabor al grupo humano más desorganizado e insípido. El reino es, asimismo, el proyecto que acoge y favorece a todos aquéllos que tienen la misericordia de Dios como único amparo. El reino también es comparado con la levadura que transforma la masa. Aunque su porción es diminuta en comparación al tamaño de aquélla, tiene la capacidad de hacerla crecer, madurar y preparar para su cocción. Así, el reino que actúa en las comunidades cristianas puede ser una experiencia diminuta, pero llegar a convertirse en una fuerza de poderosa transformación que prepare a la comunidad humana para una nueva etapa de la historia.
Las parábolas de la semilla y de la levadura tiene un profundo sentido para nosotros porque tanto la semilla como la levadura tienen un significado importante en nuestra vida. Siempre las hemos escuchado en nuestra niñez y en nuestra vida cristiana y se han quedado en medio de nosotros y llenado nuestra vida de un profundo significado. Ayer Pablo nos hablaba de nuestra vida donde nosotros hemos aprendido a ser hijos de Dios y donde Dios adquiere el sentido de un papa cariñoso y hoy nos habla Pablo de lo que esperamos ser y nos lo expresa en dos afirmaciones. Una nos habla de los padecimientos de la vida presente, y en la otra afirmación por la gloria que un día se nos revelará (18). El contraste es evidente y de fácil interpretación. La vida cristiana se desarrolla de hecho entre el “ya” y “el todavía no”, entre el presente que frecuentemente se caracteriza por la penumbra de las dudas y las pruebas del dolor, y un futuro que deja entrever un horizonte de luz y de paz.
No sólo el cristiana, afirma Pablo, sino la creación entera vive y sufre esta impaciente espera de la revelación de lo que serán los hijos ee Dios (19). Por consiguiente, es todo el orden creado el que comparte con la humanidad, con cada persona humana, el misterio pascual de lamuerte-vida, de las tinieblas que constituye ahora la clave con la que podemos descofrificar los misterios de la historia. El hombre, en cuanto creado a imagen y semejanza de Dios, en cuanto señor del orden creado, está llamado a vivir en primera persona, en ocasiones sometido a indecibles sufrimientos, el drama de una expectativa que parece no acabar nunca de un goce que pare3ce no satisfacer nunca del todo. Por eso, es que parece afirmar Pablo cuando escribe: “porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza” (24) Esto es lo que pretende explicar Pablo cuando escribe: “porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza” (24). Como la adopción filial (15), también neustra salvación está “ya” adquirida, aunque esperamos “todavía” su plena realización Nuestra tarea, concluye el apóstol consiste en perseverar mientras esperamos.
Según muchos comentaristas, las dos parábolas de hoy, expresan el mismo mensaje: el que desprende del contraste entre el punto de partida, pequeño e insignificante, y el punto de llegada, grande e imponente. Alguno advierte también que el contraste debe de ser considerado de dos puntos de vista diferentes: o bien desde el lado de lo que es pequeño, la semilla (éste sería el punto de vista del Jesús histórico, y en este caso se derivaría una invitación a la confianza, al valor y a la esperanza), o bien desde el lado de lo que es grande, el árbol(y éste será el punto de vista del evangelista , que cuenta la parábola actualizándola para sus destinatarios, o sea, para la comunidad de fieles que ya está un tanto extendida.
Sin embargo nos quede algo por descubrir. En efecto, Lucas, en su relato no insiste propiamente en el contraste entre la semilla pequeña y la planta grande –como aparece en mate3o y Marcos- sino más bien en la idea del crecimiento. Esto significa para Lucas la realización de una profecía, y esta afirmación de Jesús, en la pluma del evangelista, se convierte en el anuncio de un cumplimiento mesiánico. Es perspectiva podría corresponder a la expresión del Evangelio entre los paganos y esto constituiría un maravilloso puente lanzado por Lucas entre las dos partes de su obra, (el Tercer Evangelio y Los Hechos de los Apóstoles). En efecto, con el don del Espíritu santo y con el don de la predicación apostólica, la Palabra de Dios se difundirá por el mundo y se propagará entre los hombres la única fe en el Señor Jesús.
Es de utilidad subrayar que a través de las parábolas, como a través de un espejo, es posible entrever el paso de la situación del ministerio público de Jesús, marcados por unos comienzos sencillos y pobres, a la situación de la Iglesia primitiva, en la cual, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, la pequeña semilla lanzada por Jesús ha empezado a crecer extendiéndose por el mundo arraigando en el corazón de los hombres.
Entre las dos lecturas de hoy podemos entrever una no débil analogía. En efecto, por una parte Pablo abre l de un futuro que será la plena manifestación del don de Dios: a esto nos sentimos llamados y orientados por la vida cristiana que nos sostiene a lo largo del camino, aunque esta perspectiva no elimina el dolor de la peregrinación terrena. Por otra parte, con las parábolas del grano de mostaza y de la levadura, Jesús nos deja entrever que el Reino de Dios anunciado e inaugurado por él tendrá un crecimiento y unos desarrollos inauditos, humanamente imprevisibles pero, a buen seguro realizables.
Tenemos que ver la expresión Reino de Dios, con la expresión que son introducidas ambas parábolas. Ese Reino ha sido inaugurado por la presencia, por las palabras y las acciones del mismo Hijo cuando entregue a todos y a todos a Dios, su Padre.. La expresión “Reino de Dios” es una realidad escatológica. Lo dice también con claridad el Concilio Vaticano II, cuando afirma, en la constitución dogmática sobre la Iglesia, que “que la Iglesia es germen e inicio del Reino de Dios.” (Luz de las gentes, # 5). Nuestra acción de hoy es repetir con frecuencia y vivir hoy la palabra: “Los padecimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria que un día se nos revelará.” (Romanos 8,18).
ORACION
Oh Señor, sembrar -y esto es algo que nos enseña la experiencia- reuiere atención pra que el terreno sea fértil, vigilancia para que las malas hierbas no ahoguen la semilla, paciencia para el desenlace no es seguro hasta la cosecha. Hacer fermentar la masa también es un trabajo comprometedor, pleno dedelicadeza y de cuidados para que por medio del calor propicio y el tiempo necesario, aumente el volumen de la mala y no quede sin fermentar. Los mismo supone trabajar por tí y para las almas.
Ahora bien, tu mandato, oh Señor, no es más radical: es más preciso que nos convirtamos en semilla y en levadura. Y esto es algo que me hace temblrar, porque debo hacer la parte que me corresponde, pero requiere, sobre todo, entrega total, transformación profunda y muerte para dar comienzo a nuevas vidas.
Oh Señor, dame coraje para no desertar, dame fuerza para perseverar, dame celo pra hacer florecer tu amor en esa parte del mundo en la que no ha fermentado la levadura. Señor, dame esperanza para entrever tu gloria junto a mis hermanos y hermanas.
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