Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 29 de octubre de 2009

OCTUBRE 29, 2009


Romanos 8,31-39
31 ¿Qué más podemos decir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 Si ni siquiera se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a dar con él todo lo demás?
33 ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios mismo los declara justos.
34 ¿Quién los condenará? ¿Acaso será Cristo, el que murió y, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros?
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución, el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada?
36 Como dice la Escritura: Por tu causa nos arrastran continuamente a la muerte, nos tratan como ovejas destinadas al matadero.
37 Pero no; en todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó.
38 Yo sé que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las fuerzas del universo, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas espirituales, 39 ya sean del cielo o de los abismos, ni ninguna otra criatura podrán apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Salmo 109,21-22,26-27
Pero tú, Señor Adonai, actúa para mí en honor a tu nombre, sálvame, pues es tan bueno tu amor.
22 Porque soy pobre y desdichado, herido está mi corazón dentro de mí, 23 me voy como la sombra que declina, como langosta arrastrada por el viento.
24 De tanto ayuno flaquean mis rodillas, y mi cuerpo, sin grasa, ha enflaquecido; 25 soy un pretexto para sus insultos, cuando me ven, menean la cabeza.
26 Señor, mi Dios, ayúdame, sálvame, tú que eres bueno: 27 y que sepan que allí está tu mano, que eres tú, Señor, quien hizo eso.

LUCAS 13,31-35
31 En ese momento unos fariseos llegaron para avisarle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.» 32 Jesús les contestó: «Vayan a de cir a ese zorro: Hoy y mañana ex pulso demonios y realizo curaciones, y al tercer día llegaré a mi término.
33 Pero tengo que seguir mi camino hoy, mañana y pasado mañana, porque no es correcto que un profeta sea asesinado fuera de Jerusalén.
34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y tú no has querido!
35 Por eso, ustedes se quedarán con su templo! Pues, se lo digo: no me volverán a ver hasta que llegue el tiempo en que ustedes digan: «¡Bendito sea el que viene en Nombre del Señor!»

HOMILIA
Romanos 8,31b-39: “Nada podrá apartarnos del amor de Dios” Sal 108: Sálvame, señor, por tu bondad. Lucas 13,31-35: “La casa de ustedes quedará desierta”
Nuestra vida se mueve entre el hoy, el mañana y el pasado mañana, pero mientras nuestra existencia oscila entre el día de descanso y el del trabajo, la vida de Jesús avanza por el camino de la continua redención. Hoy Jesús lucha contra el mal que se ha encarnado en la existencia humana, en las personas e instituciones que viven sólo para el lucro y la explotación, que no hacen más que dañar el proyecto que Dios tiene para todos sus hijos dispersos por el mundo. Mañana sana los corazones rotos, las esperanzas perdidas, la vida despreciada. Pasado mañana nos redime con el sello inconfundible y definitivo de la Cruz. Por esta razón Jesús no teme a Herodes, ni tampoco es un temerario que arriesgue la vida de los que le siguen. Sin dejarse intimidar, marcha hacia el acontecimiento glorioso en el que la comunidad lo reconozca como enviado de Dios, como Hijo Amado y como Redentor. La salvación acontece en la vida cotidiana. Allí debemos luchar contra el mal que se apodera de nuestras mentes y las enajena. Allí mismo encontramos las terapias alternativas con las que Jesús libera nuestro corazón y rompe las ataduras de nuestra voluntad. Allí acontece el paso de Dios que salva, libera y redime.
Cada día el Señor esparce en nosotros la luz de su vida, que es la salvación de todo hombre y mujer que vive a nuestro alrededor. Por eso Pablo comienza su carta de hoy diciéndonos algo simple pero seguro. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Tan simple pero al mismo tiempo tan difícil de entender, ´’el es el que decide nuestra vida, nos enseñó, Hágase tu voluntad. Pero preferimos la nuestra. Al terminar el capítulo 8 de la carta a los Romanos, puede ser considerada como un himno de amor de Dios que se ha manifestado en la persona de Jesús. Es imposible que lo hubiera escrito a no ser que tuviera loa experiencia personal y singular de este amor: esa fue la experiencia de Pablo en Damasco, de la que Dios salió vencedor y Pablo vencido. Es alo mismo tiempo una victoria que toca a Cristo y a Pablo.

Todo comienza con el misterio pascual y Pablo lo dice: El que no perdónó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros…” (32) Eso nos recuerdo el sacrificio de Isaac en el Génesis (Génesis 22,1-22). Esta victoria de Dobre sobre Pablo se hace sentir en nuestra vida, por eso Pablo dice hoy, “?Qui´3n nos separará del amor de Cristo (35) y a partir de aquí usar{a la primera persona del plural. De ahí que los frutos del amor de Dios ros con la plena comunión del amor de Dios por nosotros, la victoria de Dios ha comenzado en nuestra vida y se irá perfeccionando a medida que camine hasta su término final.
En un arranque poético Pablo escribe: “Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas las pruebas.” (37) Vencer holgadamente: ésta es la experiencia del cristiano cuando se confía plenamente en el amor de Dios, que se nos ha manifestado y comunicado en Cristo. En el evangelio sabemos que Jesús va camino a Jerusalén, ante el se perfila la meta del Calvario como lugar donde podrá ofrecerse a sí mismo a Dios en sacrificio de amor por toda la humanidad. Nada puede apresurar o detener la hora en que Cristo consumará su misión. Ni Herodes, a quien Jesús llama zorro; como auténtico profeta Cristo no puede morir fuera e Jerusalén, por lo que debe subir con fidelidad a su misión y por amor a nosotros.
Luego Lucas nos ofrece un doloroso lamento de Cristo sobre Jerusalén, un lamento-profecía abierto a un futuro inmediato, Jesús quisiera hacer de Jerusalén, un signo de reconciliación, paz y unidad, pero ella realiza gestos de violencia y división. La profecía de Jesús tiene dos momentos: uno negativo, en el cual como ya hiciera el profeta Jeremías (Jeremías 12,7): Abandoné mi casa, 7dejé mi propiedad, 7he entregado lo que más quería7 en manos de mis enemigos, predica la ruina de Jerusalén y de sus habi-tantes, a pesar de amarlos intensamente y otro positivo (Salmo 118,26) «¡Bendito sea el que viene 2en el nombre del Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos.” Que nos parece aludir a la conversión de Israel al fin de los tiempos.

¡Qué alegría saber que Dios está a nuestro favor! Lo ha hecho de una manera decidida, nos ha dado a su Hijo único, por eso como San Pablo podemos cantar un canto vigoroso a este amor del que nunca nada podrá separarnos jamás. Hablo enumaera una lista de fuerzas hostiles a nuestra unión con Cristo para afirmar que no son capaces de alejarnos del. ¿Es verdad que no hay ninguna situación que nos impida la unión con Cristo? En realidad es preciso admitir que no lo consiguieran nunca las cosas exteriores, pero sí hay alguien que nos pueda alejar de Jesús: nosotros mismos. Dios, en Cristo ha optado por estar siempre con nosotros, pero nosotros somos libresd y, con frecuencia, no queremos estar con él. El evangelio nos habla de gente que le dice a Jesús: “Vete.” Jerusalén no acogió al Salvador.

El rechazo puede adumir en nosotros muchas formas y grados diferentes, porque se trata de responder con amar al amor que se nos ofrece, y nosotros vacilamos a veces entre el sí y el no, calculamos en vez de acoger gratuitamente el don y gozar de él. Tal vez estemos acostumbrados a nuestras tristezas, que nos da miedo la gran alegría de Dios. Meditemos sobre este hermoso texto, repitámonos que Dios está a nuestro favor, que somos “que somos más que vencedores, en virtud de aquel que nos ha amado”, y que nada nos podrá separar del amor de Cristo. Así también cambiará nuestro rostro: mirándole nos volveremos radiantes y también llegará la luz a nuestros hermanos, le llegará el amor.
Por eso, se nos invita con frecuencia a vivir la Palabra, Dios que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas.” (Romanos 8,37). Todos los santos padres nos dicen a una: lo primero que tienes que meteré en la cabeza, de una manera absoluta, es que no debes apoyarte nunca en ti mismo. El combate al que debes hacer frente es extraordinariamente arduo, y tus obras, y tus solas fuerzas humanas son absolutamente insuficientes para desarrollarlo. Si te fías de ti mismo, caerás inmediatamente en tierra y perderás todo deseo de continuar la lucha. Sólo Dios puede darte la victoria que deseas. Todo cristiano debe saber “que donde está el Espíritu Santo del Señor, allí, está la libertad.”
A partir d ahora debes pensar que todo lo que te pasa, sea o no importante, te lo envía Dios para ayudarte en la lucha. Sólo éñ sabe lo que necesitas y lo que te es menester en el momento presente: adversidad o9 properidad, tentación o caída, no hay ningún acontecimiento del que no puedas aprender algo. Porque de este modo crecerá tu confianza en el Señor, a quien has elegido seguir.

ORACION
Señor Jesús, ni el Pedro ni Herodes consiguieron disuadirte de tu misión según la voluntad del Padre; haz que tampoco yo me deje hipnotizar nunca por los muchos títulos y por el tentador.

Señor, tú dijiste siempre sí y sin demora cada vez que el Padre te lo pedía: haz que yo también sea capaz de vivir el presente con empeño y responsabilidad, porque “nada es seguro mañana.”

Señor Jesús, viviste intensamente el espacio temporal de tus treinte tres años: haz que también yo valore bien el tiempo que, de manera inexorable, huye, llevándose consigo estaciones y años.

No hay comentarios.: