1 Entonces debo preguntar: ¿Es posible que Dios haya rechazado a su pueblo? ¡Por supuesto que no! Yo también soy is raelita, descendiente de Abrahán y de la tribu de Benjamín.
2 No, Dios no ha rechazado a su pueblo, al que de antemano conoció. ¿No se acuerdan de lo que dice la Escritura acerca de Elías, cuando éste acusaba a Israel ante Dios?
De nuevo pregunto: ¿Tropezaron y cayeron para no volver a levantarse? De ninguna manera. A consecuencia de su traspié la salvación ha sido llevada a los paganos, y esto será un desafío para ellos.
12 Si la caída de Israel fue una riqueza para el mundo, y lo que perdieron enriqueció a las naciones paganas, ¡como será cuando Israel alcance su plenitud! 13 A ustedes, que no son judíos, les digo: si yo, apóstol de los no-judíos, pongo tanto empeño en cumplir con mi oficio,
25 Quiero, hermanos, que entiendan este misterio y no se sientan superiores. Una parte de Israel va a quedarse endurecida hasta que el conjunto de las naciones haya entrado;
26 entonces todo Israel se salvará, según dice la Escritura: De Sión saldrá el libertador que limpiará a los hijos de Jacob de todas sus faltas. 27 Y ésta es la alianza que yo haré con ellos después de borrar todos sus pecados.
28 Si los miramos desde el Evangelio, ellos son enemigos, lo que es para el bien de ustedes;pero ateniéndose a la elección, ellos son amados en atención a sus padres.
29 Porque Dios no se arrepiente de su llamado ni de sus dones.
SALMO 94,14-15,17-18
13 Le das calma en los días de desgracia, mientras cavan la tumba del malvado.
14 Pues el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona a los suyos.
15 Retornará el poder al que es Justo y con él, a los de recto corazón.
17 Si el Señor no me hubiera socorrido, por poco no habría acabado entre los muertos.
18 Apenas dije: «¡Vacilan mis pies!» tu bondad, Señor, me reafirmó.
LUCAS 14,1,7-11
7 Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los puestos de honor, por lo que les dio esta lección:
8 «Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, 9 y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar.
10 Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. 11 Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»
HOMILIA
Cualquiera se podría tomar este texto como una invitación a formar un manual de urbanidad y buenos modales cristianos; pero ésa no es la intención del evangelio. El problema que Jesús señala no es de modales, sino de valores y actitudes. Los valores son los principios que una persona o grupo asumen como líneas orientadoras de su comportamiento. Los valores modelan nuestras creencias y aspiraciones. Son también exigencias de compromiso y criterios estables en medio de la confusión cotidiana. Las actitudes son disposiciones permanentes que nos permiten encarar con firmeza y convicción las distintas circunstancias de la vida. ¿Qué nos pide hoy el evangelio? Desafiar nuestros hábitos para ir más allá de la elegancia o la estética de las buenas costumbres, comprometernos con los valores que nos propone Jesús mismo, y asumir las actitudes coherentes con esos nuevos valores. El cristianismo no es una religión de ciertas costumbres bien aceptadas socialmente, sino un compromiso de seguir diariamente el camino de Jesucristo de acuerdo con los valores que él nos propone y las actitudes que estos valores nos exigen. ¿Qué sería de nosotros si sólo nos conformáramos con marchar detrás de la procesión de idolatrías con la que cada día nos aliena el ambiente en que nos movemos?
Los israelitas, es cierto, tropezaron para caer, aunque no para siempre. Es cierto que Pablo entrevé, y nos deja entrever también a nosotros, una maravillosa posibilidad de la “resurrección” para su amado pueblo. Y sobre esta certeza se basa también nuestra esperanza en vista a una unidad que está delante de nosotros y que pedimos de manera insistente en neustra oración a Dios. Y no sólo esto, sino que “que con su caída ha llegado a la salvación de los paganos (8-11): he aquí el aspecto providencial de un acontecimiento histórico, aunque sea dramático y doloroso, en el que le gusta insistir a Pablo. De este modo nos ofrece una clave de lectura de toda la historia de la salvación sobre todo del futuro que nos espera. Es interesante señalar con Pablo que la conversión de los paganos está destinada a suscitar los celos de los israelitas.
Por último, Pablo afirma que “el endurecimiento de una gran parte de Israel no es definitivo, durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos” (25) y de este modo ratifica el mismo concepto y nos abre a la esperanza.
Pablo ha refelexionado ampliamente sobre el misterio de su pueblo. El rechazo de una parte de Israel ha supuesto la ocasión para hacer entrar en masa a los paganos en la alianza concluida en un tiempo con Abrahán, con lo que verdaderamente, según la promesa, han sido bendecidas todas las naciones de la tierra y entre ellos estamos todos nosotros. El apóstol sabe que los dones y la llamada de Dios no tiene marcha atrás. La acogida dispensada a los gentiles implica el rechazo de Israel. No sabemos ni cómo ni cuándo tendrá lugar el retronó de aquellos que fueron, y seguirán siendo para siempre, los “elegidos”. Todos estamos invitados al banquete del Reino de los cielos, y la sala del banquete de bodas no es suficientemente estrecha. Puede pertenecernos a todos cómodamente, porque tiene las mismas dimensiones del corazón de Dios. Por importante, por consiguiente, es que nuestro comportamiento sea el indicado por Jesús en la parábola del evangelio. Nosotros, que nos sentimos invitados ahora al banquete, no debemos entrar en plan altanero, con altivez, poniéndonos en el lugar principal, sino con la humildad del que sabe que todo es gracia y don.
ORACION
Señor, tu enseñanza es clara, aunque difícil de realizar “Apártate para dejar el sitio a otro: a su tiempo serás buscado. Olvida la ofensa recibida, como si no te la hubieran hecho; a su tiempo serás preciado. Haz un tesoro con los dones que tienes, pero no te gloríes, porque no son tuyos. Permanece en un puesto, sin invadir; a su tiempo serás revalorizado. Estímate, pero no con exceso, para pode emitir juicios imparciales. No acentúes todo lo que haces de bueno, activa de una manera sencilla y silenciosa.. Reconoce tu humana debilidad, para exaltar mi fuerza infinita, De siempre testimonio de la verdad y, a su tiempo, ella triunfará. Oh Señor, escribí mi nombre en la arena, en el desierto junto a las puertas de Jartum, y al día siguiente ya no estaba. Así es la persona humilde, me dices: sabe desaparecer, porque su nombre está escrito en el cielo.

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