Como ven, no me avergüenzo del Evangelio. Es una fuerza de Dios y salvación para todos los que creen, en primer lugar para los judíos, y también para los griegos.
El Evangelio manifiesta cómo Dios nos hace justos por medio de la fe y para la vida de fe, como dice la Escritura: El que es justo por la fe vivirá.
Desde el cielo nos amenaza la indignación de Dios por todas las maldades e injusticias de aquellos que sofocan la verdad con el mal.
Todo lo que se puede conocer de Dios lo tienen ante sus ojos, pues Dios se lo manifestó.
Lo que Él es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder y de su divinidad.
De modo que no tienen disculpa. A pesar de que conocían a Dios, no le rindieron honores ni le dieron gracias como corresponde. Al contrario, se perdieron en sus razonamientos y su conciencia cegada se convirtió en tinieblas. Creyéndose sabios, se volvieron necios.
Incluso reemplazaron al Dios de la Gloria, al Dios incorruptible, con imágenes de todo lo pasajero: imágenes de hombres, de aves, de animales y reptiles. Por eso Dios los abandonó a sus pasiones secretas, se entregaron a la impureza y deshonraron sus propios cuerpos.
Cambiaron la verdad de Dios por la mentira. Adoraron y sirvieron a seres creados en lugar del Creador, que es bendecido por todos los siglos. ¡Amén!
SALMO 19, 2-5
Los cielos cuentan la gloria del Señor,
proclama el firmamento
la obra de sus manos.
Un día al siguiente le pasa el mensaje
y una noche a la otra se lo hace saber.
No hay discursos ni palabras
ni voces que se escuchen,
mas por todo el orbe se capta su ritmo,
y el mensaje llega hasta el fin del mundo.
LUCAS 11,37-41
37 Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Entró y se sentó a la mesa. 38 El fariseo entonces se extrañó al ver que Jesús no se había lavado las manos antes de ponerse a comer. 39 El Señor le dijo: «Así son ustedes, los fariseos. Ustedes limpian por fuera las copas y platos, pero el interior de ustedes está lleno de rapiñas y perversidades. ¡Estúpidos! 40 El que hizo lo exterior, ¿no hizo también lo interior? 41 Pero, según ustedes, simplemente con dar limosnas todo queda purificado.
En muchos grupos religiosos de la época de Jesús se practicaba de manera más o menos abierta la llamada ‘teología de la retribución’. Esta propugnaba una relación con Dios basada en la “meritocracia”, es decir, en los supuestos méritos y el interés personal: “yo hago esto y aquello por Dios, para que él me bendiga”. Pero Jesús desafiaba abiertamente esa mentalidad por tres grandes factores negativos. El primero es que dicha distorsión limita por completo la experiencia que podamos tener de Dios. Ya no podemos experimentarlo en su gratuidad y libre manifestación, sino que lo vinculamos a beneficios y prebendas que esperamos obtener como recompensa por nuestras acciones. El segundo factor negativo radica en que esa conducta vicia la relación con Dios y la convierte en una pretensión de intercambio de ritos por beneficios. Pero el tercer y más preocupante resultado de ese estilo de “trueque” es que lleva al desprecio de quienes sufren y se encuentran en la miseria, porque su situación se atribuye a la falta de méritos, cuando en la mayoría de los casos obedece a causas ajenas a la voluntad individual de las personas. La propuesta de Jesús invita a romper con esa absurda manera de pensar, y a hacer de la solidaridad, la misericordia y la ternura el único vínculo religioso con él y con el prójimo. Por esta razón, la enseñanza de hoy termina con una invitación para dar en ofrenda a los pobres todo lo que lleva a envanecer el corazón humano.
Es muy simple el pensamiento, o la enseñanza de Jesús, los méritos no tienen cuenta con el Señor, lo que tiene cuenta con el Señor es lo que El hace con nosotros y por nosotros. No en los méritos con que cumplimos su voluntad.
Por eso Pablo luego de saludarnos en su carta, y este saludo lo oímos ayer y ahora nos anuncia el tema de su carta. Por eso nos dice, “el Evangelio, que es fuerza de Dios para que se salve tanto si es judío como si no lo es.” El compromiso del apóstol consistirá en profundizar y en proclamar la “Buena Nueva”, según la cual Dios quiere salvar a todos mediante el don de la fe.. Pablo no se avergüenza de este Evangelio, sino que más bien se siente justamente3 orgulloso y satisfecho: en efecto es también mediante su ministerio como se revela la justicia de Dios de fe en fe. Parece como si estuviéramos viendo al apóstol en acción, inclinado no tanto a anunciar el Evangelio que le ha sido comunicado como a hacer participar a otros en la experiencia por la misma que él ha pasado. En efecto, él mismo había experimentado en el camino a Damasco el invencible amor de Dios que salva; en el camino que le había llevado a la persecución de los cristianos, Pablo sorprendido por Jesús de Nazaret, que le cambió las connotaciones espirituales.
Además de la primera formulación del tema, esta página litúrgica presenta un primer desarrollo: el proyecto de Dios se ha revelado ya en la historia de Jesús de Nazaret y se revela día tras día en la historia de la humanidad. Considerando bien las cosas, la situación espiritual que describe aquí Pablo es bastante negativa, aunque se trata de una primera consideración a la que pronto seguirá la positiva de la salvación otorgada en Cristo Jesús.
En el evangelio cuanta un hecho de lo que costó a Jesús vivir de una manera personal: se trata de la invitación de ir a comer a la casa de un fariseo.. Luego sigue una reacción de Jesús en tono bastante polémico, de la que se desprende una enseñanza clara y fuerte. La relación entre Jesús y los fariseos la conocemos también por otras páginas evangélicas; casi siempre aparece la distancia que separa la lógica evangélica de la práctica farisaica. También aquí, en el marco de una simple comida, aparece la actitud del fariseo anfitrión, que está más preocupado por la observancia de una norma legal que por el honor que debe reservar a su huésped excepcional. Es sabido que los fariseos otorgaban una gran importancia a las prácticas de las abluciones, sobre todo antes de la comida; también sabemos que Jesús, con frecuencia y de manera voluntaria, se negaba a observar tales prácticas (tanto él como los discípulos). Queda plasmada de una manera no sólo evidente, no solo la distancia espiritual que existe entre Jesús y los fariseos, sino en cierto modo, también la incompatibilidad de sus respectivos puntos de vista.
En este marco histórico se insertan las palabras de Jesús con las que, en primer lugar, intenta describir y censurar el fuerte contraste que existe entre la exagerada atención a lo que está “fuera del hombre” y el olvida imperdonable de lo que está “está dentro del hombre.” Bastaría con este detalle opara darse cuenta de lo indigno de la persona humana que es el código del compartimiento fariseo.
Sin embargo9 Jesús no se contenta con esto. Después de haber censurado su actitud, Jesús les llamó insensatos. ¿En que sentido? Nos preguntamos. Esa insensatez consiste en el hecho de que mientras cultivan la religión de los ritos y las observancias, acaban olvidando la religión del corazón. O mejor aún, refiriéndose a la acción creadora de Dios, Jesús nos invita a no separar lo que Dios ha unido: el interior y lo exterior, el cuerpo y el corazón, la práctica y la intención.
La invitación a la miseria constituye un ejemplo concreto de cómo se puede expresar el discípulo de Jesús, de una manera unitaria, una espiritualidad, la evangélica que se sintetiza perfectamente en la ley de la caridad.
La Palabra de Dios ilumina las profundidades delo corazón humano: saca a la luz su grandeza y descubre sus miserias. No es casualidad que, en las lista de las maldades que brotan de ese “abismo”, Pablo hable también de la insensatez. A veces, en efecto nos sorprendemos de nuestra torpeza. Al hombre de hoy, capaz de maravillosos descubrimientos científicos, se le ofrece una oportunidad desconocida hasta ahora: la de adentrarse en los secretos de la naturaleza que llevan inscriptas, desde la infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, las cifras misteriosas de la inteligencia y del amor divino. Más he aquí que, en vez de embriagase con tanta belleza y perderse en el éxtasis de una contemplación, rica y fascinante, e las páginas de los periódicos se apiñan críticas de hechos tan perversos y repugnantes que sólo pueden explicarse admitiendo una presencia demoníaca.
El evangelio también nos habla de insensatez, de una religiosidad no iluminada: prestamos at3ención a un montón de cosas exteriores, pero no captamos la sustancia. Es el riesgo que corremos nosotros, los cristianos, que con mucha frecuencia nos fijamos en el detalle, en ls formas, y perdemos de vista el amor a Dios y a los hermanos. Por eso se nos repite, y lo hace Pablo hoy a repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “El Evangelio es fuerza de Dios.!
Recibir el mensaje evangélico en la vida significa dejar que nuestra vida llegue a ser, en el sentido más amplio y real de la Palabra, una vida religiosa, una vida referida a Dios, en estrecha relación con El.
La revelación esencial del Evangelio es la presencia dominante e invasora de Dios. Se trata de una invitación a encontrar a Dios, y Dios no se le encuentra más que en la soledad. Esta soledad parece estar negada a aquellos que viven con los hombres. Sería como creer que nosotros podemos entrar en la soledad antes que Dios nos llame. Encontrarle significa encontrar la soledad, porque la verdadera soledad es espíritu, y todas nuestras soledades humanas son un modo de encaminarnos a la fe, que es la perfección de la soledad. La verdadera soledad no es ausencia del hombre sino presencia de Dios.
ORACION
Tu Palabra, Señor, es "una espada de doble filo". Cuando pone al descubierto nuestra utopía, obnubilida por intereses egoístas, nos hace mal. Cuando encuentra una mente sedienta de verdad, cura nuestra ceguera. Cunado molesta a nuestra utopía disonante con tu plan de salvación, se siente incómoda. Cuando encuentra un oído abierto a la escucha, sana nuestra sordera. cuando se agita con el mensaje de la cruz, molesta y da miedo. Cunado encuentra un corazón capaz de aceptar la prueba como algo que forma parte constitutiva de la vida, entonces se aliveia nuestro sufrimiento.
Haz, Señor, que tu Palabra, siempre dinámica y viva, encuentre en mi una respuesta de fe: sólo así producirá en mí una conversión verdadera y me salvará

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