Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 2 de noviembre de 2009

NOVIEMBRE 2, 2009

FIESTA DE LOS FIELES DIFUNTOS
SABIDURIA, 3,1/9

1 Las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento podrá alcanzarlos.
2 A los ojos de los insensatos están bien muertos y su partida parece una derrota. 3 Nos abandonaron: parece que nada quedó de ellos. Pero, en realidad, entraron en la paz.
4 Aunque los hombres hayan visto en eso un castigo, allí estaba la vida inmortal para sostener su esperanza:
5 después de una corta prueba recibirán grandes recompensas.
5 Sí, Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él.
6 Los probó como al oro en el horno donde se funden los metales, y los aceptó como una ofrenda perfecta.
7 Cuando venga Dios a visitarnos, serán luz, semejantes a la centella que corre por entre la maleza.
8 Gobernarán naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre.
9 Los que confiaron en él conocerán la verdad, los que fueron fieles en el amor permanecerán junto a él.

SALMO 23,1-6

1 El Señor es mi pastor: nada me falta;
2 en verdes pastos él me hace reposar.
2 A las aguas de descanso me conduce,
3 y reconforta mi alma.
3 Por el camino del bueno me dirige,
3 por amor de su nombre.
4 Aunque pase por quebradas oscuras,
4 no temo ningún mal,
4 porque tú estás conmigo
4 con tu vara y tu bastón,
4 y al verlas voy sin miedo.
5 La mesa has preparado para mí
5 frente a mis adversarios,
5 con aceites perfumas mi cabeza
5 y rellenas mi copa.
6 Irán conmigo la dicha y tu favor
6 mientras dure mi vida,
6 mi mansión será la casa del Señor
6 por largos, largos días.

ROMANOS 5,5-11

La esperanza no quedará frustrada, pues ya se nos ha dado el Espíritu Santo, y por él el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones.
6 Fíjense cómo Cristo murió por los pecadores, cuando llegó el momento, en un tiempo en que éramos impotentes.
7 Difícilmente aceptaríamos morir por una persona “justa”; tratándose de una buena persona, tal vez alguien se atrevería a sacrificar su vida. 8 Pero Dios dejó constancia del amor que nos tiene: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.
9 Con mucha más razón ahora nos salvará del castigo si, por su sangre, hemos sido hechos justos y santos.
10 Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo; con mucha
más razón ahora su vida será nuestra plenitud. 11 No sólo eso: nos sentiremos seguros de Dios gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, por medio del cual hemos obtenido la reconciliación.

JUAN 6,37-40

Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí,
38 porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. 39 Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día.
40 Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

HOMILIA

Celebramos hoy la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Es la gran fiesta de la esperanza de la vida. Para los que creemos en Dios, la vida no termina con la muerte, sino que se trasforma, alcanza una calidad superior mediante la cual se entra en plena comunión con Dios, que es la fuente primordial e inagotable de la vida. Pero también, recordar a nuestros difuntos significa confesar que ellos “siguen vivos”, junto a Dios, en lo profundo de nuestro corazón y en medio de la comunidad creyente. Por otra parte, es una manifestación de nuestra opción por amar, cuidar y defender la vida en todas sus formas y manifestaciones. Porque la vida es un don de Dios. El pasaje tomado del evangelio de Lucas narra la experiencia de las mujeres cuando van a visitar el sepulcro de Jesús. Los mensajeros de Dios las interpelan: “¿por qué buscan entre los muertos al que vive?”, y una afirmación les anuncia: “no está aquí; ha resucitado”. Esta es la buena noticia que las mujeres van a contar al resto de los discípulos. Esta es la gran noticia que tenemos que seguir proclamando: la resurrección de Jesús es el anticipo de nuestra propia resurrección y garantía de nuestra fe.
Al día siguiente de la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia recuerda a todos los hombres que han llegado al término de su vida y pide por sus almas en el día de los Fieles Difuntos. Fundamenta esta tradición en dos creencias que tenemos los cristianos: todos formamos un solo cuerpo: el Cuerpo de Cristo (Ver 1Co 12,12-31), por lo que no podemos desentendernos de los miembros que ya nos han precedido en la muerte; y resucitaremos un día de entre los muertos, del mismo modo que Cristo ha resucitado. La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que "no es un Dios de muertos sino de vivos" (Marcos 12,27).
La muerte: A todos nos preocupa la muerte, sin embargo, para los cristianos no debe ser motivo de angustia y desesperación. A través de la muerte, el hombre consigue llegar a su fin último que es volver a Dios de quien procede. Sabemos que un día vamos a resucitar con Cristo, pero para esto es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Corintios 5,8).
La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están sometidas al tiempo, en el cual cambiamos, envejecemos y, como todo ser vivo, tenemos un término, que es la muerte. Ante esta realidad, debemos pensar que contamos con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida y vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.· La muerte es consecuencia del pecado. Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. La muerte fue contraria a los designios de Dios Creador y entró en el mundo como consecuencia del pecado (Lee Génesis 2,13; 3,3; 3, 19; Sabiduría 1,13; Romanos 5,12; 6,23). El hombre se hubiera librado de la muerte corporal si no hubiera pecado, es pues, el último enemigo que el hombre debe vencer. (Reflexiona 1 Corintios 15,26).
La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición humana. Su obediencia, transformó la maldición de la muerte en bendición y promesa de resurrección. ( Lee Romanos 5, 19-21). Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La novedad consiste en que por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente muerto con Cristo, para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona nuestra incorporación a Él en su acto redentor. En la muerte Dios llama al hombre hacia sí. Es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último descanso. El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Esto no quiere decir que no se sienta tristeza y dolor ante la muerte propia o de un ser querido, pero, es diferente afrontar el dolor con la esperanza de que un día volveremos a reunirnos ante el Señor.
¿Cómo resucitan los muertos? Resucitar quiere decir, volver a la vida aún muerto. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia lógica de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. Esperar la resurrección, es otro misterio de la vida cristiana, que se fundamenta en las promesas hechas por Dios en su Palabra. Consulta las citas bíblicas que aquí aparecen.

No es lo mismo que reencarnación. La doctrina de la reencarnación es contraria a la fe cristiana. Los cristianos creemos que cada hombre tiene una sola vida y una sola oportunidad para realizarla según la voluntad de Dios. Si el hombre vive de acuerdo a lo que Dios quiere, va a resucitar un día, en cuerpo y alma, igual que Jesús.
La muerte es la separación del alma y del cuerpo; el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.
Cristo resucitó con su propio cuerpo. Del mismo modo, en Él todos resucitarán con su propio cuerpo que tienen ahora, pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria", en "cuerpo espiritual" (Lee Lucas 24,39; Filipenses 3,21; 1 Corintios 15,44). Este "cómo" sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe.

Todos los hombres que han muerto "los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Juan 5,29; Lee también Daniel. 12,2). Esta resurrección será en el "último día", "al fin del mundo" (Medita Juan 6,39-4.44.54; 11,24). La resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo, es decir a su segunda y definitiva venida. (Ve 1 Tesanolicenses, 4,16)
Leer la Escritura en tiempos y fiesta como la que celebramos hoy.nos invita nos invita a dejar nuestra manera de pensar en la muerte a nuestra manera y entrar en el pensamiento del Señor que pasó por nuestra muerte y la transformó en resurrección, por eso es el tiempo de pensar y entrar en la vida de Aquel que nos ilumina de una manera nueva, su vida porque él pasó de la muerte a la vida, y nos ha librado de perdernos en neustra visión personal de la realidad que transforma nuestra vida en la misma vida y resurrección de Jesús.

ORACION

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén. Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.






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