Porque te salvarás si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. 10 La fe del corazón te procura la “justicia”, y tu boca, que lo proclama, te consigue la salvación.
11 La Escritura ya lo dijo: El que cree en él no quedará defraudado.
12 Así que no hay diferencia entre judío y griego; todos tienen el mismo Señor, que es muy generoso con todo el que lo invoca;
13 porque todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará.
14 Pero ¿cómo invocarán al Señor sin haber creído en él? Y ¿cómo podrán creer si no han oído hablar de él? Y ¿cómo oirán si no hay quien lo proclame?
15 Y ¿cómo lo proclamarán si no son enviados? Como dice la Escritura: Qué bienvenidos los pies de los que traen buenas noticias.
16 Pero es un hecho que no todos aceptaron la Buena Noticia, como decía Isaías: Señor, ¿quién nos ha escuchado y ha creído?
17 Así, pues, la fe nace de una proclamación, y lo que se proclama es el mensaje cristiano.
18 Me pregunto: ¿Será porque no oyeron? ¡Claro que oyeron! Esta voz resonó en toda la tierra y sus palabras se oyeron hasta en el último rincón del mundo.
SALMO 18
El cielo proclama la obra de Dios, el firmamento pregona las orbas de sus manos, el día al día le pasa su mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablo en. Sin que pronuncien, sin que resuene su voz, toda la tierra alcanza su pregón y hasta el límite del cielo su mensaje.
Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. 19 Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» 20 Al instante dejaron las redes y lo siguieron.
HOMILIA
Romanos 10,9-18: “La fe nace del mensaje” Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón. Mateo 4,18-22: “De inmediato dejaron las redes y le siguieron”
Jesús acude a la cotidianidad de la existencia de quienes llama, para invitarlos a construir desde allí la apuesta por el reino de Dios, una propuesta de vida más humana.
Jesús nos empieza a indicar el sentido que tiene su llamado. Nos parece difícil entenderlo, pues no hay nada de individualismo y personalidades nuestras, sino comunidad, donde todo tiene sentido comunitario, como los cuatro discípulos que se encuentran con Jesús en el lago. Los cuatro no están solos, pero sin embargo Santiago y Juan hacen como Pedro y Andrés y escuchan y lo siguen. Todos escuchan el llamado, entre ellos los padres de Juan y Santiago, pero sólo Santiago y Juan le siguen.
Pero comencemos con el mensaje que nos trae Pablo. Tiene un sentido que para los que hemos nacido en tiempo del Concilio Vaticano II el llamado de Jesús nos hace libres y a totalmente seguir a Dios porque lo reconocemos como salvador, mediante la fe escuchamos y seguimos el mensaje de la predicación. Es importante que nos hable Pablo de la fe y la predicación, es el misterio de Jesús. Por eso todo hombre y toda mujer de buena voluntad, se expropian a sí mismos y se convierten en propiedad de Dios, que es la garantía y fundamento de toda posible confianza humana en él. Pero hay un detalle im-portante, el que llama, el que predica debe poder decir que ha sido enviado; la predicación supone la misión, y ésta constituye el punto de amarre entre el que predica y el que es predicado, entre el enviado y el que envía.
El mensaje parte de un hecho histórico particular: la elección de Jesús supone el envío de los mismos a la misión.
Un poco más adelante, (22) Mateo afirma que sus seguidores no dejaron sólo las redes, la barca y su profesión, sino también a su padre. El seguimiento de Jesús, transforma su vida. Es por propia naturaleza radical y concreta. Nosotros tenemos que hacer lo mismo, se nos da la invitación de repetir a menudo la Palabra, “Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres.” Mateo 4,19)
Pero hay un tema importante, que con seguridad lo olvidamos, los discípulos lo siguieron de dos en dos. Se supone que seguir a Jesús, seguir a Jesús es experiencia de una compañía, de una autentica amistad humana, porque favorece la decisión, la adhesión y la perseverancia. El mundo de hoy tiene necesidad de este testimonio con el que los seguidores de Jesús, usted y yo, comprendemos que somos capaces de valorar todo lo que hay de bueno y de santo en las relaciones amistosas. ¿Lo hemos entendido así, o seguimos nuestro mundo, no el mundo de Jesús?

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