Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 18 de noviembre de 2009

PALABRA DE VIDA
2 Macabeos 7,1,20-31
También fueron detenidos siete hermanos con su madre, y el rey quiso obligarlos, haciéndoles azotar con correas de cuero, a comer carne de cerdo prohibida por la Ley. 2 Uno de ellos tomó la palabra en nombre de todos y dijo: «¿Qué exiges y qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que desobedecer a la Ley de nuestros padres». 3 Furioso, el rey ordenó poner en el fuego ollas y sartenes. En cuanto estuvieron calientes, 4 ordenó que le cortaran la lengua al que había hablado en nombre de todos, que le arrancaran el cuero cabelludo y le cortaran las extremidades ante los ojos de sus hermanos y de su madre. 5 Cuando estuvo completamente mutilado, ordenó el rey que lo acercaran al fuego y lo cocieran en la sartén, siendo que aún respiraba.
5 Mientras el humo de la sartén se expandía a lo lejos, sus hermanos y su madre se daban ánimo unos a otros para morir valientemente, diciendo: «El Señor Dios que nos mira tendrá seguramente piedad de nosotros, según la palabra de Moisés en el Cántico que pronunció frente a todos. Allí se dice: Tendrá piedad de sus servidores».
20 ¡Esa madre que vio morir a sus siete hijos en el transcurso de un solo día fue realmente admirable y merece ser famosa! Lo soportó todo sin flaquear, basada en la esperanza que ponía en el Señor. 21 Fue animando a cada uno de ellos en la lengua de sus padres, y llena de los más bellos sentimientos, sostuvo con coraje viril su ternura de madre.
22 Les decía: «No sé cómo aparecieron ustedes en mis entrañas, pues no soy yo quien les dio el espíritu y la vida, ni quien ensambló los diferentes miembros que conforman su cuerpo. 23 El Creador del mundo, que formó al hombre en el comienzo y dispuso les propiedades de cada naturaleza, les dará a ustedes en su misericordia el espíritu y la vida, ya que ahora se menosprecian a sí mismos por amor a sus leyes».
24 Antíoco pensaba que lo estaba insultando y maldiciendo. Como el menor aún estaba vivo, el rey le dijo que si dejaba las tradiciones de sus antepasados lo haría rico y feliz, e incluso le prometió con juramento que lo haría su amigo y que le encomendaría altas funciones. 25 Como el joven no le hiciera caso, el rey ordenó que se acercara la madre y le insistió a que aconsejara al niño que salvara su vida.
26 En vista de tanta insistencia, ella aceptó persuadir a su hijo. 27 Se aproximó pues donde él y, engañando al cruel tirano, habló así a su hijo en la lengua de sus padres: «¡Hijo mío, ten piedad de mí! Te llevé en mis entrañas nueve meses, te amamanté durante tres años, te he alimentado y educado hasta la edad que tienes; me he preocupado en todo de ti.
28 Te suplico pues, hijo mío, que mires el cielo y la tierra, y contemples todo lo que contienen; has de saber que Dios fue quien los hizo de la nada; así apareció la raza humana. 29 No le temas a ese verdugo, sino que muéstrate digno de tus hermanos, acepta la muerte para que te encuentre con tus hermanos en el tiempo de la misericordia».
30 Todavía le estaba hablando, cuando el joven dijo: «¿Qué están esperando? Yo no obedezco a las órdenes del rey, obedezco más bien a las prescripciones de la Ley dada por Moisés a nuestros padres. 31 ¡Pero tú que has acarreado tantas desgracias sobre los hebreos, no escaparás de las manos de Dios! 32 Nosotros sufrimos por nuestros pecados.

SALMO 17,1,5-6,8,15
1 Escuha mi grito, Señor, atiende a mis clamores, presta atención a mi plegaria, pues no hay engaño en mis labios.
5 Afirma mis pasos en tus caminos para que no tropiecen mis pies.
6 A ti te llamo, oh Dios, esperando tu respuesta; inclina a mí tu oído y escucha mi ruego.
8 Guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme a la sombra de tus alas,
15 Y yo, como justo, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu semblante.

LUCAS 19.11-28

11 Cuando Jesús estaba ya cerca de Jerusalén, dijo esta parábola, pues los que lo escuchaban creían que el Reino de Dios se iba a manifestar de un momento a otro. 12 «Un hombre de una familia noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver después. 13 Llamó a diez de sus servidores, les entregó una bolsa de oro a cada uno y les dijo: «Comercien con ese dinero hasta que vuelva.»
14 Pero sus compatriotas lo odiaban y mandaron detrás de él una delegación para que dijera: «No queremos que éste sea nuestro rey.»
15 Cuando volvió, había sido nom brado rey. Mandó, pues, llamar a aquellos servidores a quienes les había entregado el dinero, para ver cuánto había ganado cada uno. 16 Se presentó el primero y dijo: «Señor, tu oro ha producido diez veces más.»
17 Le contestó: «Está bien, servidor bueno; ya que fuiste fiel en cosas muy pequeñas, ahora te confío el gobierno de diez ciudades.»
18 Vino el segundo y le dijo: «Señor, tu moneda ha producido otras cinco más.» 19 El rey le contestó: «Tú también gobernarás cinco ciudades.»
20 Llegó el tercero y dijo: «Señor, aquí tienes tu moneda. La he guardado envuelta en un pañuelo 21 porque tuve miedo de ti. Yo sabía que eres un hombre muy exigente: reclamas lo que no has depositado y cosechas lo que no has sembrado.»
22 Le contestó el rey: «Por tus propias palabras te juzgo, servidor inútil. Si tú sabías que soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado, 23 ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así a mi regreso lo habría cobrado con los intereses.» 24 Y dijo el rey a los presentes: «Quítenle la bolsa de oro y dénsela al que tiene diez.»
25 «Pero, señor, le contestaron, ya tiene diez monedas.»
26 Yo les digo que a todo el que produce se le dará más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
27 En cuanto a esos enemigos míos que no me quisieron por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia.»

HOMILIA
2Macabeos 7,1.20-31: “El Señor les devolverá el aliento y la vida” Salmo 16: Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Lucas 19,11-28: “Por tu boca te condeno, sirviente indigno”
Este evangelio reúne dos parábolas fundidas por la tradición en una sola: la del dinero confiado y la del pretendiente a rey. Esta última alude a que Jesús se irá pronto a morir, pero un día volverá para juzgar a quienes no creyeron en él. Debemos mantenernos fieles a él, para que al volver no nos juzgue como infieles. La parábola del dinero significa que todos hemos recibido capacidades y dones para el servicio de los hermanos. El primer beneficiado sabía que ese dinero había sido puesto en sus manos por la confianza de su señor, y le sacó gran provecho. El segundo también hizo producir según su capacidad lo que había recibido. Pero el último sólo trajo excusas y hasta injurias contra su señor. La sentencia fue que se le quitara hasta lo que en forma precaria tenía. No sembró, y por tanto no debía cosechar. Nuestro deber es poner lo mejor de nuestras capacidades al servicio de los demás produciendo buenos frutos. Si no lo hacemos, nuestra vida quedará completamente vacía ante el juicio de Dios.

Las dos lecturas de hoy se refieren a la fidelidad a la ley de Dios, en la madre que aconseja a sus hijos sobre la responsabilidad a Dios antes que nada, y en la segunda a las parábolas donde los tres personajes responden a Dios de distinta manera, los dos primeros fieles según han entendido su responsabilidad y el último que no ha respondido a su fidelidad a su señor. Este siervo es condenado por sus mismas palabras y es llamado siervo indigno y no tiene otra alternativa que la condenación por su infidelidad.
En la primera lectura estamos en la rebelión de Judas Macabeo. El personaje importante es la madre del más pequeño de sus hijos. Allé se muestra la fidelidad de la madre ante el Dios de Israel. Es una admirable profesión de fe en el Dios de la vida: el Dios de la vida que ha plasmado de un empleado y que sabrá restituir la vida a quienes la han perdido por ser fieles. Es la profesión más admirable en todo el Antiguo Testamento, de la fe en la resurrección. El rey vuelve a la madre para que persuada a su hijo. Pero lamadre no responde a la petición del rey sino a la fe en la resurrección, cuando le dice, Para que yo te recorre on tus hermanos en el día de la resurrección.” (29) Y termina con la profesión de fe del joven, Tú, autor de todos estos males contra los hebreos, no podrás huir del castigo de Dios. (31)

El evangelio se refiere principalmente a Jesús, y se refiere a la segunda venida de Jesús (13) que establece el Reino definitivamente y hará justicia a todos loos cristianos perseguidos y a sus perseguidores.
La alabanza y premio del Señor va dirigida a los que han trabajado con empeño mientras que el siervo perezoso es condenado tanto por la preza como por el miedo, que le hace perder la confianza con el Señor. El siervo es juzgado por sus mismas palabras (22) El siervo es juzgado y el dueño es considerado “severo” y muestra toda su severidad. Así trabaja la “banca” de la gracia, sobreabunda y se multiplica en quien la recibe y la acoge, y se seca hasta desaparecer en quien se aleja de ella. Es calor, la vida no nos pertenece. Somos simplemente sus administradores y nos ha sido confiada por un amo exigente que nos pedirá cuenta de cómo la hemos rendir al final. De ahí que se nos repite con frecuencia a vivir la Palabrea: El Creador del mundo os devolverá misericordiosamente la vida. (2 Macabeos 7,23)

ORACION
Tengo miedo de sufrir, tengo miedo de arriesgar y perder; tengo miedo de no estar a la altura, de mis tareas, tengo miedo de fracasar. No sé cuantas monedas me has confiado, Señor, y me afano de contarlas: no quisiera perder un solo instante de mi vida, me gustaría realizar grandes empresas.

Ayúdame, Señor. Haz e comprender que todas estas preocupaciones no tienen ninguna razón de ser. Hazme capaz de realizar, día a día, con sencillez, las pequeñas cosas que puedan contentar a las personas con las que me encuentro. Hazme capaz de reconocer cada día, sin pretender ser un héroe, sin cálculos y temores. Hazme capaz de confiarte mivida con seguridad y generosidad, porque tú eres el Señor de la vida.

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