Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 25 de diciembre de 2009

25 DE DICIEMBRE, 2009

PALABRA DE VIDA
NAVIDAD 25 DE DICIEMBRE 2009

Isaías 52,7-10: “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios”
7 Qué bien venidos, por los montes,
7 los pasos del que trae buenas noticias,
7 que anuncia la paz, que trae la felicidad,
7 que anuncia la salvación,
7 y que dice a Sión: «¡Ya reina tu Dios!»
8 Escucha, tus centinelas alzan la voz
8 y juntos gritan jubilosos,
8 por lo que han visto con sus propios ojos:
8 ¡Yavé regresando a Sión!
9 Griten de alegría, ruinas de Jerusalén,
9 porque Yavé se ha compadecido de su pueblo
9 y ha rescatado a Jerusalén.
10 Yavé, el Santo,
10 se ha arremangado su brazo a la vista de las naciones,
10 y han visto, hasta los extremos del mundo,
10 la salvación de nuestro Dios.

Salmo 97:
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.1 Entonen al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas, la salvación provino de su diestra, de su brazo de santidad.
2 El Señor dio a conocer su salvación, hizo ver a los paganos su justicia, 3 se acordó de su amor y fidelidad en favor de la casa de Is rael.
3 Todos, hasta los confines del mundo, han visto la salvación de nuestro Dios.
4 ¡Aclamen al Señor, toda la tierra, estallen en gritos de alegría!
5 ¡Canten con la cítara al Señor, con la cítara y al son de la salmodia, 6 al son de la trompeta y del cuerno aclamen el paso del Rey, el Señor!

Hebreos 1,1-6:
“Dios nos ha hablado por su Hijo”
En diversas ocasiones y bajo diferentes formas Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas,
2 hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo, a quien hizo destinatario de todo, ya que por él dispuso las edades del mundo.
3 El es el resplandor de la Gloria de Dios y la impronta de su ser.
3 El, cuya palabra poderosa mantiene el universo, también es el que purificó al mundo de sus pecados, y luego se sentó en los cielos, a la derecha del Dios de majestad.
4 Ahora, pues, él está tanto más por encima de los ángeles cuanto más excelente es el Nombre que recibió.
5 En efecto, ¿a qué ángel le dijo Dios jamás: Tú eres mi Hijo, yo te he dado la vida hoy? ¿Y de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo?
6 Al introducir al Primogénito en el mundo, dice: Que lo adoren todos los ángeles de Dios.
Juan 1,1-18:
La Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros.
En diversas ocasiones y bajo diferentes formas Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas,
2 hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo, a quien hizo destinatario de todo, ya que por él dispuso las edades del mundo.
3 El es el resplandor de la Gloria de Dios y la impronta de su ser.
3 El, cuya palabra poderosa mantiene el universo, también es el que purificó al mundo de sus pecados, y luego se sentó en los cielos, a la derecha del Dios de majestad.
4 Ahora, pues, él está tanto más por encima de los ángeles cuanto más excelente es el Nombre que recibió.
5 En efecto, ¿a qué ángel le dijo Dios jamás: Tú eres mi Hijo, yo te he dado la vida hoy? ¿Y de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo?
9 Amas la justicia y aborreces la maldad; por eso, oh Dios, tu Dios te consagró con óleo de alegría, con preferencia a tus compañeros.
10 Y también leemos: Tú, Señor, en el principio pusiste la tierra sobre sus bases, y los cielos son obra de tus manos. 11 Ellos desaparecerán, pero tú permaneces. Serán para ti como un vestido viejo; 12 los doblarás como una capa, y los cambiarás. Pero tú eres siempre el mismo y tus años no terminarán jamás.
13 A ninguno de sus ángeles dijo Dios: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como tarima de tus pies.
14 Pues, ¿no son todos ellos espíritus de servicio? Y reciben una misión para bien de los que recibirán la salvación.

HOMILIA
Este evangelio de Navidad nos presenta dos elementos importantes para la vida del cristiano: la Palabra y la Luz. La Palabra que nos viene de Dios se encarnó en Jesús hace más de dos mil años y vino a traernos un mensaje esperanzador. Sus palabras de vida eterna, como las describió Pedro, promueven vida digna para todos los seres humanos. Esa Palabra que existía desde la eternidad se manifestó humanamente en la persona de Jesús, quien habitó entre nosotros y vive hoy presente en medio de la humanidad sufriente y necesitada. Por medio de la Palabra somos iluminados y enviados a anunciar el Evangelio a todos los pueblos del planeta. Jesús es esa Luz verdadera que ilumina a toda persona. El vino al mundo, pero fue rechazado por los suyos y sigue siendo rechazado hoy por los que no comparten su proyecto de vida. Nuestra misión como seguidores de Cristo es la de ser testigos de esa Palabra y luz del mundo. Por eso, acoger la Navidad que hoy celebramos con gozo y esperanza requiere acoger de verdad el mensaje que vino a traernos el Redentor: “ámense unos a otros como los he amado Yo”.
Celebramos el misterio de la encarnación. Dios asume la condición humana en Jesús de Nazaret. Los evangelios enfatizan las condición humilde de su nacimiento y señalan como condición para ese nacimiento la aceptación profunda y consciente por parte de José y de María, la lógica del actuar de Dios sucediendo en un pueblo pobre y sencillo.

Hermanos y hermanas, ser seguidor de Jesús es asumir su mismo camino, el camino de la encarnación en los retos y desafíos de una cultura y de una época; una obediencia incondicional a Dios hasta la muerte. Por eso celebrar la Navidad no es solo un recuerdo, es luchar dentro de nuestros pueblos y nuestras circunstancias para que la dignidad de hombres y mujeres sea respetada, para que tengamos condiciones dignas de vida, y por hacer de nuestros países lugares más acordes al sueño de Dios, el Reino.
Navidad a hacer realidad se centra en que Dios asume la condición humana de Jesús de Nazaret, desde allí no nos podemos escapar, es lo que hicieron José y María. Asumieron la eterna, es asumir el mismo camino que ellos y Jesús adaptaron como algo persona.

El profeta Isaías presenta a Dios que vuelve a Jerusalén para salvarla. Hoy aparecen como centinelas en la ciudad santa. Dios bo sólo vive en el pueblo ha ocupado su pouesto sobre la colina de Sión y atento y solícito no sólo vive con el pueblo, también como un esposo atento y solícito obra y actúa por su esposa. Por eso Isaías usa tres palabras significativas: “Consuela, rescata y manifiesta su poder” (9-10). Estas palabras significan la acción amorosa y providente y vigilante en defensa del pueblo, especialmente contra los enemigos que lo hostigan.

El asnuncio profético concluye con la constatació9n de que todos los pueblos de la tierra han podido ver que el Señor no abandona a su pueblo sino que está siempre dispuesto para salvarlo (10, Mateo 28,28). La Iglesia utilizando este texto estalla de alegría porque ve que el Señor ha cumplido la espera del nacimiento delo Mesías anunciada por los signos precedentes.

En el prólogo de la Carta a los Hebreos, que contiene todos los temas que el autor piensa desarrollar seguidamente para reforzar la fe de los cristianos procedentes del pueblo judío, es una invitación a la comunidad cristiana a fijar su mirada sobre el misterio de Cristo desde su nacimiento, punto culminante de la revelación de Dios (Juan 1,18, Gálatas 4,44).

Jesús, el Hijo, es en efecto, la plena y completa revelaci[on del Padre (2). El como Padre, es Dios y creador, es @irradiaci[on de su gloria e imprenta de su ser (3) y por esto es superior a todas las instituciones religiosas antiguas, a los profetas y a los ángeles (4-13, lee también Filipenses 2,9) y herederos de todas las cosas (Romanos 8,17, Mateo 221,28). Por la misión que ha recibido del Padre y ha realizado entre los hombres el anuncio de la palabra de verdad (Juan 14,6), ha cancelado el pecado del mundo, ha restablecido la comunión entre Dios y la humanidad, y en su muerte y resurrección ha sido ensalzado sobre todas las cosas, “se ha sentado a la derecha de Dios en lo alto del cielo” (3) y ha sido reconocido por el padre como Hijo unigénito.
EL prólogo del evangelio de Juan que leemos hoy es una síntesis meditativa de todo el misterio de la Navidad, porque el Niño Belén es la revelación de Dios, la verdad de Dios y del hombre y nos hace ver quien ha nacido y quienes somos nosotros.

La síntesis del prólogo está en el versículo (14) “y la palabra se hizo carne”, que contierne el hecho de la encarnación y, por tanto de Navidad. EL Hijo De Dios se ha hecho hombre con la fragilidad y la impotencia de toda criatura. Para comprenderlo Juan se remonta al misterio trinitario y se encuentra en el misterio de Dios fuera del tiempo “en el principio era la Palabra (1) y nos habla de la existencia sin comienzo. Después en la frase “La Palabra estaba junto al Padre (1), Palabra que existe desde siempre. Toda la historia de historia y la realidad humana tiene vida por la Palabra “en ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (4) porque en Jesús todo encuentra consistencia, significado, fin y especialmente la salvación de todo hombre. Por eso “de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia” (16), es decir de su vida filial todo podemos recibir abundantemente.

Por eso se nos invita a repetir a menudo y a vivir hoy la Palabra “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.” (Juan 1,14)

El sentido de la fiesta navidad es la Palabra, de la que el himno de Juan dice que al principio estaba junto a Dios. De esta palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros. Esto es lo que celerbamos cada Navidad: Dios ha venido a nosotros.
ORACION

Tú, el centro de la celebración de la Navidad, eres el Emmanuel. Queremos corresponder a tus dones como el grandísimo don que nos has hecho al nacer en nosotros. Tu Navidad nos propone también la consciencia de la fraternidad universal. Cada uno de nue no sólo privado o familiar, sino abierto a la solidaridad y al a bondad, especialmente con los más necesitados, los pobres, los inmigrantes, los explotados, los que viven en soledad o son olvidados, porque justicia social y solidaridad ven siempre juntos.

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