Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 13 de diciembre de 2009

DICIEMBRE 13, 2009

PALABRA DE VIDA
SOFONIAS 3,14-18
¡Grita de gozo, oh hija de Sión,
14 y que se oigan tus aclamaciones,
14 oh gente de Israel!
14 ¡Regocíjate y que tu corazón esté de fiesta,
14 hija de Jerusalén!
15 Pues Yavé ha cambiado su suerte,
15 ha alejado de ti a tus enemigos.
15 No tendrás que temer desgracia alguna,
15 pues en medio de ti está Yavé, rey de Israel.
16 Ese día le dirán a Jerusalén:
16 «¡No tengas ningún miedo,
16 ni te tiemblen las manos!
17 ¡Yavé, tu Dios, está en medio de ti
17 el héroe que te salva!
17 El saltará de gozo al verte a ti
17 y te renovará su amor.
1Por ti danzará y lanzará gritos de alegría
17 como lo haces tú en el día de la Fiesta.»
18 Apartaré de ti ese mal con el que te amenacé, y ya no serás humillada.

SALMO de Isaías 12,2-6Vean cómo es él, el Dios que me salva!
2 En él confío y no tengo más miedo,
2 pues Yavé es mi fuerza y mi canción,
2 él ha sido mi salvación.
3 Y ustedes sacarán agua con alegría
3 de las vertientes de la salvación.
Sal 105,1
4 Ustedes dirán ese día:
4 ¡Denle las gracias a Yavé, vitoreen su Nombre!
4 Publiquen entre los pueblos sus hazañas,
4 celébrenlo, pues su Nombre es sublime.
5 ¡Canten a Yavé, pues hizo maravillas
5 que ahora son famosas en toda la tierra!
6 ¡Grita de contento y de alegría, oh Sión,
6 porque grande es, en medio de ti, el Santo de Israel!»

FILIPENSES 4,4-7
Estén siempre alegres en el Señor; 5 se lo repito, estén alegres y tengan buen trato con todos.
5 El Señor está cerca. No se inquieten por nada; 6 antes bien, en toda ocasión presenten sus peticiones a Dios y junten la acción de gracias a la súplica. 7 Y la paz de Dios, que es mayor de lo que se puede imaginar, les guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer?» 11 El les contestaba: «El que tenga dos capas, que dé una al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo.»
12 Vinieron también cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» 13 Respondió Juan: «No cobren más de lo establecido.» 14 A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les contestó: «No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con su sueldo.»
15 El pueblo estaba en la duda, y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el
16 por lo que Juan hizo a todos esta declaración: «Yo les bautizo con agua, pero está para llegar uno con más poder que yo, y yo no soy digno de desatar las correas de su sandalia. El los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego.
17 Tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus gra neros, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga.»
18 Con estas instrucciones y muchas otras, Juan anunciaba la Buena Nueva al pueblo.
HOMILIA
Sofonías 3,14-18a: “El Señor se alegra con júbilo en ti” Salmo de Is 12,2-6: "Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel" Filipenes 4,4-7: “El Señor está cerca” Lucas 3, 10-18: “Maestro, ¿qué debemos hacer?”
El texto del profeta Sofonías nos habla de un tiempo poco antes del reinado de Josías. El país se hallaba sumido en la mayor miseria moral y hacía tiempo se dejaba sentir la amenaza de Asiria. Sofonías, testigo de los grandes pecados de Israel y del duro castigo con que Dios va a purificar a su pueblo, preanuncia la restauración y redención que Dios va a obrar. A los beneficiarios de ella los llama el “resto”. Con este “resto” creará Dios un pueblo nuevo.
Al final de su libro Sofonías vislumbra algunas luces de esperanza: el rey Josías se presenta como un gran reformador y Asiria parece aflojar por el momento su cerco. Es la ocasión para anunciar días mejores para Jerusalén e invitar a la alegría a través de una gran fiesta en la que todo serán danzas, alegría y regocijo.

Israel rebosa gozo porque el Señor ha cancelado todas sus deudas o el castigo de sus pecados (la cautividad). El Señor establece su trono en Sión. Con Rey tan poderoso y Padre tan misericordioso nada tiene que temer nunca más (v.14-15). Ahora ya no es Israel el que se goza en el Señor; es el mismo Señor quien se goza con su nuevo pueblo. Es como el “esposo” que se goza en la “esposa”. Muchas veces en los profetas la “Alianza” es presentada como “Desposorio”: “Yahvé, tu Dios, está en medio de ti; exulta de gozo por ti y se complace en ti; te ama y se alegra con júbilo; hace fiesta por ti” (v.16-17).
Los textos de la liturgia de hoy nos invitan a la alegría. Ese es el modo de esperar al Señor: la auténtica alegría del pueblo de Dios es Cristo, el Mesías largo tiempo esperado. A los filipenses Pablo les recomienda: “Alegraos siempre en el Señor. Otra vez os digo, alegraos”.

El pasaje de Lucas nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo, la gente se acerca para preguntarle: “¿Qué debemos hacer?” (v.10), es una prueba de que han comprendido el mensaje, perciben que el bautismo de Juan exige un comportamiento. La respuesta llega enseguida: compartan lo que tengan: vestido, comida, etc. (vv. 10-11).

No se pregunta lo que hay que pensar, ni siquiera lo que hay que creer. El Evangelio pretende que el oyente de la Palabra de Dios se convierta, es decir, que su conducta y su comportamiento estén de acuerdo con la justicia que exige el Reino. La buena noticia entraña una exigencia nítida: los que tienen bienes o poder deben compartirlos con los que no tienen nada o son más débiles. Gracias a esta conversión, los pobres y menesterosos son iguales a los otros. En realidad, los pobres no preguntan, sino que están en “expectación”. El “¿qué debemos hacer?” lo deberían preguntar quienes tienen el dinero, la cultura, el poder... porque la exigencia básica, según la Biblia, es compartir.
La conversión es un cambio de conducta más que un cambio de ideas; es la transformación de una situación vieja en una situación nueva. Convertirse es actuar de manera evangélica. El evangelio nos invita a una “conversión al futuro” que se despliega en el Reino. No es mirar y volverse atrás. El futuro (que es Dios y su reinado) es la meta de la llamada a la conversión.
La tentación para no convertirse es quedarse en una búsqueda permanente o contentarse con preguntar sin escuchar respuestas verdaderas. Según el Bautista, la conversión exige “aventar la parva” (saber seleccionar o elegir), “reunir el trigo” (ir a lo más importante y no quedarse en las ramas) y “quemar la paja” (echar por la borda lo inservible o lo que nos inmoviliza); acoger la Buena Nueva de la venida del Señor requiere esa conversión. Con nuestros gestos discernimos lo que nos acerca de aquello que nos aleja de la llegada del Señor. Este día Dios discernirá entre el trigo y la paja que haya en nuestra conducta.
Este domingo se denominó tradicionalmente domingo “gaudete”, o de alegría. Por dos veces nos dice Pablo que estemos alegres, alegres por la venida del Señor, por la celebración próxima de la Navidad, por mantener la esperanza, por situarnos en proceso de conversión y por compartir con los hermanos la cena del Señor.

En la Biblia, la alegría acompaña todo cumplimiento de las promesas de Dios. Esta vez el gozo será particularmente profundo: “El Señor está cerca” (Flp 4,5). Toda petición a Dios debe estar apoyada en la acción de gracias (v. 6). La práctica de la justicia y la vivencia de la alegría nos llevarán a la paz auténtica, al Shalom (vida, integridad) de Dios.

¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que muchos nos podemos formular hoy. La respuesta de Juan Bautista no es teoría vacía. Es a través de gestos y acciones concretas de justicia, respeto, solidaridad, y coherencia cristiana, como demostramos nuestra voluntad de paz, vamos construyendo un tejido social más digno de hijos de Dios, vamos conquistando los cambios radicales y profundos que nuestra vida y nuestra sociedad necesitan. Pero para eso, es necesario purificar el corazón, dejarnos invadir por el Espíritu de Dios, liberarnos de las ataduras del egoísmo y el acomodamiento, no temer al cambio y disponernos con alegría, con esperanza y entusiasmo a contribuir en la construcción de un futuro no remoto más humano, que sea verdadera expresión del Reino de Dios que Jesús nos trae, y así poder exclamar con alegría: ¡venga a nosotros tu Reino, Señor!

ORACION

Te miramos, Señor Jesús, aquel a quien Juan llama el más fuerte: y tú lo eres porque haces presente el poder de Dios Padre, para nuestra salvación; lo eres también porque sabes vencer todas nuestras debilidades, todas nuestras resistencias; lo eres porque nos libras del mal.
Te miramos a ti, Señor Jesús, que bautizas en el Espíritu Santo: tú nos sumerges en la misma vida de Dios, nos comunicas el Espíritu que habita en ti, cuyo fruto es la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, le benevolencia, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre, el dominio de sí.
Te miramos a ti, Señor Jesús, que vienes a juzgar el mundo. Actúas también hoy con fuego, danos a conocer la voluntad de Dios, su amor exigente que nos purifica y que es insostenible para nosotros que tenemos la fragilidad de la paja. Mientras, dispersos entre la gente del Jordán reconocemos nuestros pecados y nuestras ligerezas acércate a nosotros y danos fuerzas para volver a Dios.
Te miramos a ti, Señor Jesús, mkinetras buscamos la alegría en otr parte, te acercas y nos repites: “tu Dios sed alegra y exalta por ti."

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