Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 17 de diciembre de 2009

DICIEMBRE 17, 2009

PALABRA DE VIDA


GENESIS 49,2,8-10
Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reúnanse, que les voy a anunciar lo que sucederá en el futuro. 2 Júntense hijos de Jacob, oigan y escuchen a Israel, su padre.
3 Rubén, tú eres mi primogénito, mi vigor y el primer fruto de mi virilidad, pero rebosante de orgullo y de ímpetu. 4 Eres precipitado como las aguas: no te encumbrarás, tú que subiste al lecho de tu padre y deshonraste mi cama.
5 Simeón y Leví son hermanos, sus cuchillos fueron instrumentos de violencia.
6 Que nunca mi alma participe en sus intrigas, y que mi corazón esté lejos de su compañía, porque en su enojo mataron hombres, y en su furor desjarretaron toros. 7 Sea maldita su cólera porque es violenta, y su furor, porque fue cruel. Los dividiré en Jacob, y los dipersaré en Israel.
8 A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, tu mano agarrará del cuello a tus enemigos, y tus hermanos se inclinarán ante ti.
9 ¡Judá es cachorro de león! Vuelves, hijo mío, de la caza. Se agazapa o se abalanza cual león, o cual leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?
10 El cetro no será arrebatado de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas hasta que venga aquel a quien le pertenece y a quien obedecerán los pueblos.

SALMO 72,1-4,7-8.17

1 Oh Dios, comunica al rey tu juicio,
1 y tu justicia a ese hijo de rey,
2 para que juzgue a tu pueblo con justicia
2 y a tus pobres en los juicios que reclaman.
3 Que montes y colinas traigan al pueblo
3 la paz y la justicia.
4 Juzgará con justicia al bajo pueblo,
4 salvará a los hijos de los pobres,
4 pues al opresor aplastará.
5 Durará tanto tiempo como el sol,
5 como la luna a lo largo de los siglos.
6 Bajará como la lluvia sobre el césped,
6 como el chubasco que moja la tierra.
7 Florecerá en sus días la justicia,
7 y una gran paz hasta el fin de las lunas.
8 Pues domina del uno al otro Mar,
8 del Río hasta el confín de las tierras.
9 Ante él se arrodillará su adversario,
9 y el polvo morderán sus enemigos.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas
10 le pagarán tributo;
10 los reyes de Arabia y de Etiopía
10 le harán llegar sus cuotas.

MATEO 1,1-17


Documento de los orígenes de Jesucristo, hijo de David e hijo de Abraham.
2 Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos.

3 De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram. 4 Aram fue padre de Aminadab, éste de Naasón y Naasón de Salmón.
5 Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé.
6 Jesé fue padre del rey David. David fue padre de Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías.
7 Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá, 8 Josafat, Joram, Ocías, 9 Joatán, Ajaz, Ezequías, 10 Manasés, Amón y Josías.
11 Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia.
12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel.
13 Zorobabel fue padre de Abiud, Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor. 14 Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud. 15 Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob.
16 Jacob fue padre de José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.
17 De modo que fueron catorce las generaciones desde Abraham a David; otras catorce desde David hasta la deportación a Babilonia, y catorce más desde esta deportación hasta el nacimiento de Cristo.

HOMILIA


Génesis 49,2.8-10: “No se apartará de Judá el cetro.” Salmo 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente Mateo 1,1-17: “Genealogía de Jesús, Mesías, hijo de David”

El evangelio de Mateo pretende convencer a los judíos de que Jesús es el Mesías. Los judíos, sobre todo después del destierro, dieron gran importancia a las listas de antepasados (genealogías). De esta manera se pretendía mostrar la pertenencia al pueblo de Israel, a una tribu y familia determinada. En el caso de Jesús se da especial importancia al hecho de ser descendiente de Abrahán y, especialmente, de la familia del rey David, para que así “se cumplieran las Escrituras”.


A Abrahán le había hecho Dios promesas de bendición para sus descendientes y para todas las naciones. La nueva familia de Abrahán salió en busca de una tierra justa y libre. La obra que comenzó Abrahán la debió completar David, pero éste condujo al pueblo a una situación que terminó en la división, la esclavitud y el exilio. A Jesús, descendiente de estas dos nobles figuras, le corresponde llevar la obra de Dios a su término: el reinado de Dios.


Jesús es el depositario de la acción histórica de Dios para con Israel. Es el Mesías que creará un cambio de mentalidad en aquéllos que escuchen su palabra. Y nosotros ¿cómo estamos reconociendo la acción liberadora de Dios, a través de Jesús, en nuestra propia historia?

Nosotros no somos judíos y no nos preocupa mucho lo que Mateo insiste hoy, que Jesús es de la familia de Abrahán y David. Los textos de la Navidad, en este adviento, ha insistido sobre eso y nosotros debemos ponerle atención. Isaías habla de esto hoy, que nos habla de Sión la comunidad engendrada por la muerte del Siervo del Señor (Isaías 53), que en la experiencia de la renovación de la alianza, donde reflorece el amor conyugal y el alegrarse de una íntima, amorosa relación que une a Dios con su pueblo redimido.

Por eso el profeta repasa la historia del pueblo elegido, sirviéndose de simbolismo del amor esponsal entre Dios y Sión. Así el destierra se lo compara con la viudez o repudio (4) y la tragedia que había convulsionado a los habitantes de Jerusalén, a quienes se les considera con la condición de esterilidad de una mujer ansiosa de tener numerosos hijos (1). Pero el Señor cambia la suerte de su pueblo y así Jerusalén, con la vuelta de los desterrados y la repoblación de la ciudad, puede experimentar sensiblemente la vitalidad de un amor que parecía irremediablemente acabado. La nueva milagrosa fecundidad será signo de la bendición del esposo divino que, en realidad, nunca rechazó la propia esposa, aunque en los momentos dolorosos y sombríos afrontados por el pueblo hizo pensar a Sión que estaba olvidada y hasta castigada por el mismo Dios. Como, tras el diluvio, Dios se comprometió con Noé en una alianza eterna (Génesis 9,9sss) ahora al pueblo de los desterrados le promete una alianza incondicional, eterna, porque no se basa en posibles infidelidades de Sión, sino en el indefectible amor divino (9-10).


El evangelio nos muestra que cunado se fueron los mensajeros de Juan Jesús comienza a hablar del bautista a la gente, haciendo preguntas para suscitar el asentimiento de los oyentes. Quiere llevarles a que reconozcan en Juan no sólo un profeta, sino sobre todo el que ha abierto el camino a Cristo, Juan es el profeta auténtico que busca a Dios en el desierto, en la penitencia, con la fe firme no vacilante y ajena a cualquier compromiso con el mundo del poder, del aparentar (24-25). Y, sin embargo, esta interpretación de la figura de Juan, como profeta que ha dedicado toda su vida a la causa de Dios, no llega al nivel más profundo del significado de su misión.

Jesús presenta a Juan como el mensajero prometido por Malaquías (Malaquías 3,1), esto es, el que abre el camino al Mesías, el que señala una etapa radicalmente nueva en la historia de la salvación, cuando reclama que debemos reconocer la necesidad de conversión. La afirmación evangélica final es particularmente severa (30). Va dirigida a los hombres de religión, que presumiendo de justos, no han acogido la predicación de Juan ni su bautismo de purificación. Pues bie, según Jesús, éstos ha frustrado con su comportamiento, el mismo designio salvífico de Dios para con ellos.


La lectura de Isaías nos invita a reflexionar y meditar en el amor esponsal del Señor. Se nos invita a conocernos en la figura femenina de Sión, que si bien se siente “abandonada" y con ánimo afligido, ahora experimenta la alegría de sentirse amada por un esposo fuel que no repudia a la compañera de la juventud, sino que la ama con mayor ternura.


El evangelio nos muestra a Juan como testigo de Cristo y a meditar en la figura de Juan testigo de Cristo. La firmeza de su persona apunta a la cualidad que requiere nuestro testimonio, que exige, fortaleza, valentía y perseverancia.


Por último la condena final de Jesús, dirigido a los que hacen vanos los designios de Dios (Lucas 7, 30) es un aviso saludable para nosotros en el caso que dejemos de pasar la escucha de la Paqlabra de Dios como ocasión de sincera conversión.


ORACION


“Por un breve instante te abandoné, pero ahora te acojo con inmenso cariño. En un arrebato de ira te oculté mi rostro por una momento, pero mi amor por ti eterno- dice el Señor – tu libertador.! (Isaías 54,7

Hoy, Señor, quiero cantar tu fidelidad, tu amor invencible, tu ternura ilimitada. Tú eres el Dios cercano cuyos caminos son todos verdad, tú el esposo de Sión, tú el redentor de Israel. Tú te has inclinado a nuestra pobreza y nod has enriquecido de ti, has basado a nuestro pecado y nos has enriquecido de ti y nos has curado, has alejado nuestros sonrojos y nos has redimido de ti mismo.


Tú has abierto las puertas del Reino en el que el más pequeño es inmensamente grande porque es tu hijo, porqel que tu mismo Hijo unigénito se ha hecho hombre y ha muerto en la cruz.


Tú por nosotros has rasgado el cielo y en la plenitud de los tiempos nos ha enviado a tu Hijo, que se ha constituido nuestro compañero de viaje, nuestro hermano y nuestro Señor.

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