7 En este cerro quitará el velo de luto que cubría a todos los pueblos y la mortaja que envolvía a todas las naciones.
8 Y destruirá para siempre a la Muerte.
8 El Señor Yavé enjugará las lágrimas de todos los rostros; devolverá la honra a su pueblo, y a toda la tierra, pues así lo ha dicho Yavé.
9 Entonces dirán: «Este es, en verdad, nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; éste es Yavé, en quien confiábamos. Ahora estamos contentos y nos alegramos porque nos ha salvado; 10 pues la mano de Yavé se nota en este cerro.»
SALMO 23,1-6
1 El Señor es mi pastor: nada me falta;
2 en verdes pastos él me hace reposar.
2 A las aguas de descanso me conduce,
3 y reconforta mi alma.
3 Por el camino del bueno me dirige,
3 por amor de su nombre.
4 Aunque pase por quebradas oscuras,
4 no temo ningún mal,
4 porque tú estás conmigo
4 con tu vara y tu bastón,
4 y al verlas voy sin miedo.
5 La mesa has preparado para mí
5 frente a mis adversarios,
5 con aceites perfumas mi cabeza
5 y rellenas mi copa.
6 Irán conmigo la dicha y tu favor
6 mientras dure mi vida,
6 mi mansión será la casa del Señor
6 por largos, largos días.
MATEO 15,29-37
De allí Jesús volvió a la orilla del mar de Galilea y, subiendo al cerro, se sentó en ese lugar.
30 Un gentío muy numeroso se acercó a él trayendo mudos, ciegos, cojos, mancos y personas con muchas otras enfermedades. Los colocaron a los pies de Jesús y él los sanó. 31 La gente quedó maravillada al ver que hablaban los mudos y caminaban los cojos, que los lisiados quedaban sanos y los ciegos recuperaban la vista; todos glorificaban al Dios de Israel.
32 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de esta gente, pues hace ya tres días que me siguen y no tienen comida. Y no quiero despedirlos en ayunas, porque temo que se desmayen en el camino.» 33 Sus discípulos le respondieron: «Estamos en un desierto, ¿dónde vamos a encontrar suficiente pan como para alimentar a tanta gente?» 34 Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete, y algunos pescaditos.»
35 Entonces Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo. 36 Tomó luego los siete panes y los pescaditos, dio gracias y los partió. Iba entregándolos a los discípulos, y éstos los repartían a la gente. 37 Todos comieron hasta saciarse y llenaron siete cestos con los pedazos que sobraron.
HOMILIA
Isaías 25,6-10a: “El Señor enjuga las lágrimas de todos los rostros” Salmo 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Mateo 15,29-37: “Comieron todos hasta quedar satisfechos”
Acto seguido aparece el segundo relato de la multiplicación de los panes, con alusiones y recuerdos del Antiguo Testamento, pero con elementos que ofrecen novedad y proyección para la nueva comunidad cristiana: Eucaristía, discipulado y proyección del mensaje a otros pueblos.
Las orillas del lago, donde Jesús curó a tantos enfermos, siguen siendo el escenario donde él muestra compasión por las necesidades básicas de la gente y anima a otros a sentir la responsabilidad de ofrecer alternativas de vida. Compartir el pan es el gran milagro que hace posible una nueva forma de vida para tantos y tantas que son olvidados por las estructuras injustas de nuestra sociedad. Hoy necesitamos ser hombres y mujeres que compartamos nuestro pan con quienes no lo tienen; que seamos solidarios con tantas urgencias de ayuda; que respondamos oportuna y eficazmente al llamado de quienes sufren a nuestro lado.
Como en toda fieta, el rey ofrece regalos a los invitados, el primero es el regalo de su presencia, por eso anuncia el término de la muerte, enjugará las lágrimas de todos los pueblos, consolará a todos de su dolor. La esperanza es la promesa de Dios y no la visión del futuro hecho por el hombre, por eso afirma, Lo ha dicho el Señor. Es el Dios de la esperanza: Este es nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación. (14)
El evangelio nos ofrece la multiplicación de los panes a lo que antecede la curación de los enfermos (30) y que da a todos su alimento, signodel banquete mesiánico. En la otra multiplicación de los panes, Mateo, quiere subrayar la la misericordia de Dios que se manifiesta en Jesús y se proyecta a todos los pueblos. Allí era Jesús Jesús es el buen pastor de Israel, haciendo visible la fidelidad de Dios con su pueblo. Ahora son todos los que son invitados al banquete mesiánico, incluso a los paganos por la misericordia de Dios.
Por eso se nos repite frecuentemente y nos invita a vivir la Palabra de Dios: Me da lástima de esta gente. (Mateo 15,32)
ORACION

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