«¿Con quién podrán ustedes compararme,
25 o quién será igual a mí?», dice el Santo.
26 Pongan la cara hacia arriba y miren:
26 ¿Quién ha creado todos esos astros?
26 El, él mismo, que hace salir en orden su ejército,
26 y que llama a cada estrella por su nombre.
26 Su fuerza es tan grande y su poder tan inmenso,
26 que ninguna se hace la desentendida.
27 ¿Por qué dices tú, Jacob,
27 y lo repites tú, Israel:
27 «Yavé no me mira,
27 mi Dios no se preocupa por mis derechos»?
28 ¿Acaso no lo sabes, o no lo has oído?
28 Yavé es un Dios eterno
28 que ha creado hasta los extremos del mundo.
28 No se cansa ni se fatiga
28 y su inteligencia no tiene límites.
29 El da la fuerza al que está cansado
29 y robustece al que está débil.
30 Mientras los jóvenes se cansan y se fatigan
30 y hasta pueden llegar a caerse,
31 los que en El confían recuperan fuerzas,
31 y les crecen alas como de águilas.
31 Correrán sin fatigarse
31 y andarán sin cansarse.
SALMO 103,1-4,8-10
Bendice al Señor, alma mía, alabe todo mi ser su santo Nombre.
2 Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
3 El perdona todas tus ofensas y te cura de todas tus dolencias.
4 El rescata tu vida de la tumba, te corona de amor y de ternura.
5 El colma de dicha tu existencia y como el águila se renueva tu juventud.
6 El Señor obra en justicia y a los oprimidos les da lo que es debido.
7 Reveló sus caminos a Moisés y a los hijos de Israel sus proezas.
8 El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor; 9 si se querella, no es para siempre, si guarda rencor, es sólo por un rato.
10 No nos trata según nuestros pecados ni nos paga según nuestras ofensas.
MATEO 11,28-30
Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.
30 Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.»
HOMILIA
Los maestros de la Ley y los fariseos eran los especialistas de la religión oficial, tanto teórica como práctica. Eran ellos los que enseñaban al pueblo, con largos discursos y demostraciones de piedad, cómo era necesario vivir la fe, y eran ellos los que imponían pesadas cargas sobre la vida de la gente. Ellos engañaban al pueblo manteniéndolo aprisionado en leyes y normas que amarraban las conciencias y no dejaban vivir la libertad que nace de la fe. Mientras ellos ponen duras cargas sobre los hombros de otros, Jesús coloca una carga suave y llevadera.
La hipocresía de muchas autoridades, en todo tiempo y en todo lugar, necesita ser denunciada con el testimonio de una vida al servicio de los demás y no de nuestro propio beneficio. La auténtica autoridad es practicar la justicia y el amor con todos los seres humanos, sin distinción ni exclusión.
Parece verdad, pero los tiempos no han cambiado mucho, bueno no los tiempos, las personas, nosotros. En vez de poner las cosas en su lugar, nos gusta cumplicarla como las autoridades judías de quiene habla Jesús en el día de hoy. Estos días Jesús hablaba de consolar a mi pueblo, pero nosotros no queremos escuchar. El Isaías que ya sabemops que es el segu7ndo Isaías, ha descubierto que él debe fiarse en la historia de salvación y en la experiencia de fe de Israel. Isaías, el segundo, se encarga de ver la necesidad de convencer a sus oyentes y quiere salvarlos, mejor aún “consolarlos”.

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