He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, al que escogí con gusto.
1 He puesto mi Espíritu sobre él,
1 y hará que la justicia llegue a las naciones.
2 No clama, no grita,
2 no se escuchan proclamaciones en las plazas.
3 No rompe la caña doblada
3 ni aplasta la mecha que está por apagarse,
3 sino que hace florecer la justicia en la verdad.
4 No se dejará quebrar ni aplastar,
4 hasta que establezca el derecho en la tierra.
4 Las tierras de ultramar esperan su ley. Sal 89,9
6 Yo, Yavé, te he llamado para cumplir mi justicia,
6 te he formado y tomado de la mano,
6 te he destinado para que unas a mi pueblo
6 y seas luz para todas las naciones.
7 Para abrir los ojos a los ciegos,
7 para sacar a los presos de la cárcel,
7 y del calabozo a los que yacen en la oscuridad.
SALMO 29,1-4,9-10
¡Tributen a Yahvé, hijos de Dios,
1 tributen a Yahvé gloria y poder!
2 Devuelvan al Señor la gloria de su Nombre,
2 adoren al Señor en solemne liturgia.
3 ¡Voz del Señor sobre las aguas!
3 retumba el trueno del Dios de majestad:
3 es el Señor, por encima del diluvio.
4 Voz del Señor, llena de fuerza,
4 voz del Señor, voz esplendorosa.
9 Voz del Señor: ¡ha doblegado encinas
9 y ha arrancado la corteza de los bosques!
9 En su templo resuena una sola voz: ¡Gloria!
10 El Señor dominaba el diluvio,
10 el Señor se ha sentado como rey y por siempre.
HECHOS 10,34-38
34 Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Verdaderamente reconozco que Dios no hace diferencia entre las personas.
35 En toda nación mira con benevolencia al que teme a Dios y practica la justicia.
36 Ahora bien, Dios ha enviado su Palabra a los israelitas dándoles un mensaje de paz por medio de Jesús, el Mesías, que también es el Señor de todos. 37 Ustedes ya saben lo que ha sucedido en todo el país judío, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan.
38 Jesús de Nazaret fue consagrado por Dios, que le dio Espíritu Santo y poder. Y como Dios estaba con él, pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo.
LUCAS 3,15-16,21-22
34 Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Verdaderamente reconozco que Dios no hace diferencia entre las personas.
35 En toda nación mira con benevolencia al que teme a Dios y practica la justicia.
36 Ahora bien, Dios ha enviado su Palabra a los israelitas dándoles un mensaje de paz por medio de Jesús, el Mesías, que también es el Señor de todos. 37 Ustedes ya saben lo que ha sucedido en todo el país judío, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan.
38 Jesús de Nazaret fue consagrado por Dios, que le dio Espíritu Santo y poder. Y como Dios estaba con él, pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo.
Celebrar el bautismo del Maestro de Galilea, tiene que llevarnos a comprender la invitación profunda que este acto de Jesús nos hace: renunciar a nuestros egoísmos, tomar su cruz cada día, seguirle y si es necesario perder la vida por su causa. Estar bautizados, por lo tanto, implica vincularse al proyecto de Jesús, que es el mismo proyecto de Dios, de manera sincera y seria. Jesús no pone condiciones teóricas, sino que presenta el ejemplo personal.
Muchos son los que en la Iglesia Católica -y fuera de ella- reconocen que es necesaria una revisión de la práctica bautismal típica de los tiempos de cristiandad, el bautismo masivo de niños, como praxis generalizada y «oficial» -téngase en cuenta que la ley oficial prohíbe a las diócesis establecer el bautismo de adultos como forma preferencial de administrarlo- necesita una revisión. Para la significación de la admisión de los niños/as en la comunidad puede hacerse cualquier otro tipo de celebración «bautismal», pero si creemos realmente la seriedad y radicalidad de lo que decimos que el bautismo significa, parece incoherente que la legislación insista tercamente en cerrar la puerta incluso a los que quieren intentar una praxis más coherente, más racional, y también más evangélica, al estilo de Jesús y de la primitiva comunidad cristiana, y a la altura de unos tiempos que ya han descubierto los derechos humanos.
No deberíamos dejar de señalar un hecho grave, absolutamente novedoso: el pequeño pero a la vez creciente y significativo movimiento de solicitudes de anulación de bautismo que se dan en el ámbito de las Iglesias europeas. Es cierto que muchas de tales solicitudes, más que de «anulación de bautismo» son en realidad «solicitudes de baja administrativa en la Iglesia». Lo común es que las personas no tienen en realidad quejas contra el bautismo como decisión religiosa humana radical (¿quién negaría el valor y la dignidad que puede conllevar semejante decisión?) sino contra el hecho de que se administre sistemáticamente a los niños y sea registrado y contabilizado estadísticamente como «incorporación a la Iglesia». Es importante señalar que, aunque en proporción bastante menor, el fenómeno de las declaraciones de apostasía ha comenzado a darse también en algunos países latinoamericanos: no es un problema «estrictamente europeo».
El bautismo no sólo se sitúa en el camino de la propia aventura espiritual, sino que implica una responsabilidad para con los demás, una misión universal: la construcción de un mundo nuevo, la edificación, aquí y ahora, de la Utopía («el Reino», como la llamaría Jesús). El bautizado cristiano, como «seguidor», como inspirado por el Jesús que se hizo bautizar por Juan muy conscientemente, muy adulto, está llamado a ser, con él, salvador de la humanidad y de la creación, del planeta, puesto en riesgo grave por las políticas anti-utópicas de la civilización capitalista industrial ecológicamente irresponsable.
Señor Dios nuestro y de nuestros padres, que nos has invitado oor boca del profeta "Sedientos todos, acudir por agua" (Isaías 55,1-3) a escuchar tus palabras son una aludión a Jesís nuestro templo, el templo mesiánico, del que manarán en el futuro ríos de agua viva pora la humanidad (Ezequiel 47,1-2; Zacarías 13,1,14, Salmo78,15-16). Pero también las palabras pronunc iadas por el evanelista (Juan 7,38) son un reclamo que anticipa la escena del Calvario, donde del costado abierto de Cristo brotará "sangre y agua" (Juan 19,34). es Jesús la imagen más viva de tu amor a la humanidad, de su corazón herido brota una fuente perenne de vida. Por su su Hijo Jesús nosotros podemos conseguir el agua que es tu Palabra.
Sabemos que son dos los tiempos de la revelación: la de Jesús y el Espíritu. Si, por una parte, Jes´´us nos invita a creer en él, por otra preanuncia la acción del Espíritu que fecundará nuestro corazón de discípulos creyentes. Por tanto podemos alcanzar la fe, la interiorización, el conocimiento de Jesús sólo con una condición: ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, el Espíritu de verdad que Jesús mismo nos enviará después de su retrono a ti. La única persona que cuenta, pues, es el Mesías. La única ley en vigor es la Palabra, que Jesús anuncia, viviendo entre los hombres, con su vida y sus obras. Señor, haznos esperanza de esta verdad.

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