7 Tres son, pues, los que dan testimonio: 8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres coinciden en lo mismo.
9 Si aceptamos el testimonio de los hombres, mucha más fuerza tiene el testimonio de Dios, y hay un testimonio de Dios, pues ha declarado a favor de su Hijo. 10 Quien cree en el Hijo de Dios guarda en sí el testimonio de Dios. Quien no cree, hace a Dios mentiroso, ya que no cree al testimonio de Dios en favor de su Hijo.
11 Pues bien, éste es el testimonio: que Dios nos ha dado la vida eterna, y que dicha vida está en
12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
SALMO 147,12-15,19-20
12 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
12 a tu Dios alaba, oh Sión!
13 El refuerza las trancas de tus puertas
13 y bendice a tus hijos en tu seno;
14 guarda en paz tus fronteras,
14 te da del mejor trigo en abundancia.
15 Si a la tierra envía su mensaje,
15 su palabra corre rápidamente;
19 A Jacob le revela su palabra,
19 sus leyes y sus juicios a Israel.
20 Con ningún otro pueblo ha actuado así,
20 ni les dio a conocer sus decisiones.
20 ¡Aleluya!
LUCAS 5,12-16
12 Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.» 13 Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda limpio.»
14 Y al instante le desapareció la lepra.
14 Jesús le dio aviso que no lo dijera a nadie. «Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración.»
15 La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían para oírle y ser curados de sus enfermedades.
16 Pero él buscaba siempre lugares solitarios donde orar.
HOMILIA
1Juan 5,5-13: El Espíritu, el agua y la sangre Salmo 147: Glorifica al Señor, Jerusalén. Lucas 5,12-16: Curación del hombre de la mano seca.
Juan afirma que la victoria del discípulos de Jesús es la fe. Para obtener la victoria de la fe se requiere una lucha interna y externa contra todo lo que oposición al cumplimiento de la voluntad de Dios. Y la certeza de la victoria está asegurada por el hecho de que en él, la vida divina y la unión con Dios son una fuerza superior a la vida mundana y en todo lo que es medio para derrocar el mundo (5).
Y termina la acción de Jesús con una aspecto de la persona de Jesús. EL no sólo cura a los que lo rodean, siendo así que su fama se difunde por doquier sino también que se retira a lugares solidarios para orar. En esto reside la fuerza de Jesús y su irresistible atractivo es su coloquio filial con el Padre.
Se nos insiste a menudo vivir hoy su Palabra: “Dios nos ha dado vida eterna, vida que está en su Hijo”. Y nos hace ver la acción de Jesús: ha sido elevado sobre el madero, y clavado en él además; pero nos levanta con el árbol de la vida. Muere, pero hace vivir y con su propia muerte destruye la muerte. Es resucitado pero resucita. Desciende al infirerno, pero rescata las almas de él.
Padre santo sabemos que tú eres “la fuente de todo don perfecto” (Santiago 1, 17) el que toma la iniciativa en el amor; el que envía al Hijo y Al Espíritu. Tú eres el primer don del amor, porque todos nos viene de ti. Tú eres el eterno amante, el que ama desde siemrpe.
Por eso te rogamos, conduce a todos tus hijos a descubrir el don de la oración, llévanos al interior del cenáculo para revivir el misterio de Pentecostés y reivivr en nosotros el don del Espíritu.
Padre Santo, tu Hijo Jesús se dejó amar por ti, cumplió tu voluntad y se entregó hasta la cruz con docilidad total hasta enviarnos el don del Espíru Santo.
El Verbo se ha encarnado, y el hombre se ha hecho Dios y forma una sola cosa con él. Fue envuelto en pañales, pero al levantarse de la cruz se quitó el sudario. Ha vencido al mundo (Juan 16,33) Tuvo hambre, pero sació a miles de personas y “en el pan bajado del cielo” (Juan 7,37) adquirimos todos la luz de la vida. Amen.

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