5 Le dijeron: «Te has vuelto viejo y tus hijos no siguen tus pasos, ya es tiempo de que nos des un rey para que nos gobierne como se hace en todas las naciones».
6 Disgustó a Samuel que dijeran: «¡Danos un rey para que nos gobierne!» Samuel se dirigió entonces a Yavé. 7 Pero Yavé dijo a Samuel: «Atiende a todo lo que te dice este pueblo, porque no es a ti a quien rechazan sino a mí. Ya no quieren que reine sobre ellos.
10 Samuel transmitió a la gente que le había pedido un rey todas las palabras de Yavé.
11 Y les dijo: «Miren cómo mandará el rey que reinará sobre ustedes: tomará a los hijos de ustedes para que cuiden de sus carros y de sus caballos y corran delante de su carro. 12 Los tomará como jefes de mil y jefes de cincuenta, los tomará para que trabajen sus campos, para que cosechen su trigo, para que fabriquen sus armas de guerra y los arneses de sus carros. 13 Tomará a las hijas de ustedes para que sean sus perfumistas, sus cocineras o sus panaderas. 14 Tomará lo mejor de los campos, de las viñas y de los olivares de ustedes y se lo dará a sus servidores. 15 Cobrará el diezmo de sus cosechas y de su uva para dárselo a sus eunucos y a sus servidores. 16 Tomará lo mejor de sus sirvientes, de sus sirvientas, de sus jóvenes, de sus burros y los empleará en sus trabajos. 17 Les cobrará el diezmo de su ganado y ustedes pasarán a ser sus esclavos.
18 Entonces se lamentarán a causa del rey que se eligieron, pero ese día Yavé no les responderá».
19 El pueblo no quiso hacerle caso a Samuel. Le dijeron: «No importa, queremos un rey. 20 Así seremos como todas las naciones, nuestro rey nos gobernará; irá al frente de nosotros y comandará nuestras guerras».
21 Samuel oyó todas las palabras del pueblo y las transmitió a Yavé. 22 Yavé dijo entonces a Samuel: «Hazle caso a ese pueblo y dale un rey».
16 Dichoso el pueblo que sabe aclamarte, y que avanza a la luz de tu faz, Señor; 17 tu Nombre es su alegría todo el día y lo ensalza tu justicia.
18 Tú eres el brillo de su poder, de tu bondad nos viene la victoria.
19 Nuestro escudo está en la mano del Señor nuestro rey, en manos del Santo de Israel.
1 Tiempo después, Jesús volvió a Cafarnaúm. Apenas corrió la noticia de que estaba en casa,
4 Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla.
5 Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados.»
6 Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior:
7 «¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
8 Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9 ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados.» 11 Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»
11 El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue.
12 La gente quedó asombrada, y todos glorificaban a Dios diciendo: «Nunca hemos visto nada parecido.»
1 Samuel 8, 4-22a: “Gritarán contra el rey, pero Dios no les responderá ”Salmo 88: “Cantaré eternamente tus misericordias, Señor” Marcos 2, 1-12: “Tus pecados te son perdonados”
Jesús sorprende a sus paisanos; él sabe cual es el problema que les afecta. Jesús apunta a la realidad en la vida del paralitico, su enfermedad es reflejo del mal que está sembrado en su interior. Su enfermedad no es problema de mal de sus piernas, el centro de su enfermedad está en su alma. Polr eso le dice simplemente,
Las realidades físicas del cuerpo humano, siempre son señales del mundo interior de las personas. El paralítico, que es traído a Jesús por sus amigos en busca de sanación, es el vivo reflejo del mal que está sembrado es su vida interior. Su parálisis no es problema de piernas; el centro de su enfermedad está en su alma. Por eso le dice, lo que nadie en Israel le hubiera dicho: “Tus pecados te son perdonados”. Es lógico que las maestros de la Ley griten: “Blasfemia”. El legalismo les surge de sus poros legalistas. A su afirmación reclama para él la curación de su interior y su exterior Jesús cura ambas situaciones, su interior, su pecado y su físico, lo exterior, su parálisis.
Es que Jesús conoce dos cosas, para qué su Padre le ha enviado y la necesidad que tiene el paralitico.
El tema de las dos lecturas de hoy lo demuestra. En Samuel, el profeta nombrado por Dios, él empieza con algo que muchas veces se va a arrepentir, la institución de la monarquía. El pueblo pide un rey. Y aunque Dios está d acuerdo con Samuel al final acepta el deseo del pueblo. El sabe algo que el puebo no entiende, que Dios miso es la garantía, porque él permanece fiel a su pueblo.
El lo sabe que lo que le hace falta al pueblo es la fe, porque nunca es capaz de abandonarse en las manos de Dios. Se lo hace entender a Samuel: “No te rechazan a ti, es a mí a quien rechaza, no me quieren como rey”. (7) Samuel avisa al pueblo lo que están pidiendo y las consecuencias del rey para el pueblo. El pueblo insiste, sólo un jefe podría llevar a cabo la unidad de las tribus. LO sabe Samuel, hasta él el pueblo nunca ha sido una sola nación sí es cierto, de vez en cuando se reunían en el santuario de silo, pero la unión entre las tribus era pobre. Tener un rey supuso para Israel tener conciencia al final de ser una nación. Le hacen ver claro a Samuel “Tus hijos no se comportan como tú”. (5) Y al final el mismo Dios exhorta a Samuel a que dé un rey al pueblo.
El texto, por otra parte, comienza con una serie de controversias sobre la Ley (2,3,6) El evangelio de hoy comienza con un milagro (10) y el objetivo del milagro: “pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra tiene poder para perdonar los pecados.” De lo cual es demostración el miso milagro, reconciliación con Dios y reivindicación de Jesús. No van a faltar los enemigos de Jesús, “?pero quien puede perdonar los pecados, sino so sólo Dios” (7). Pero Jesús responde con claridad, “Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió al paralitico y le dijo: Levántate toma tu camilla y vuelve a tu casa. 10-11). El milagro es signo de su poder, poder reservado sólo a Dios, que se entrega ahora al Hijo del hombre. El pueblo que ha presenciado el milagro expresa su admiración y lo dice bien claro “Nunca hemos visto cosa igual” (12).
Y hoy a nosotros se nos repite vivir la Palabra de Dios “Levantaron la techumbre y descolgaron la camilla en la que yacía el paralitico.” (Marcos 2,4).
A la pregunta del pueblo “(?Quien puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?) el milagro les responde la necesidad de cambiar que ese poder se encuentra en la fuerza liberadora del Reino, la presencia activa de Dios, que con gestos gratuitos e inesperados, se hace encontrar en nuestros límites.
ORACION
· Concédenos, Padre, una fe capaz de abrir los techos una fe capaz de deslizar nuestras camillas, esas en que yacemos con el corazón encagido, para deslizarnos dentro, en lo vivo de la vida, en el corazón de la historia; para que nos encontremos junto a Jesús. Una vez perdonados por él, curados pro él –de las mil pretenciones sobre la vida y sobre la historia- podremos volver a nuestra casa y con nuestros seres queridos, ya sanos y agradecidos. Como quienes que saben que todo lo reciben como don: el ser en el mundo, el ser guiados tras los acontecimientos del mundo.

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