18 Yavé te había confiado una misión, te había dicho: Anda, condena al anatema a los amalecitas; harás la guerra a esos pecadores hasta exterminarlos. 19 ¿Por qué no hiciste caso a las palabras de Yavé? ¿Por qué te abalanzaste sobre el botín? ¿Por qué hiciste lo que es malo a los ojos de Yavé?
20 Saúl respondió a Samuel: «Hice caso a la voz de Yavé, hice una expedición por donde Yavé me había mandado. Capturé a Agag, rey de Amalec, y condené a Amalec al anatema. 21 Pero el pueblo separó del botín lo mejor del ganado menor y mayor. Lo excluyó del anatema para ofrecérselo a Yavé tu Dios en sacrificio, en Guilgal».
22 Samuel le contestó: «¿Piensas acaso que a Yavé le gustan más los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a su palabra? La obediencia vale más que el sacrificio, y la fidelidad, más que la grasa de los carneros. 23 La rebelión es un pecado tan grave como la brujería; la desobediencia es un crimen tan grave como la idolatría. ¡Ya que rechazaste la palabra de Yavé, Yavé te echa de la realeza!»
SALMO 50,8-9,16-17,21,22
8 No te reprendo por tus sacrificios,
8 o por tus holocaustos, que están siempre ante mí.
9 No tomaría un toro de tu establo
9 ni un chivo de tu corral,
16 «¿Por qué vas repitiendo mis preceptos,
16 y andas siempre hablando de religión,
17 tú que odias mis reprensiones
17 y te echas mis palabras a la espalda?
21 Si tú lo haces, ¿tendré yo que callarme?,
21 ¿o piensas que yo soy como tú?
21 Te acusaré y te lo echaré en cara.
23 Me honra el que da gracias con sacrificios,
23 pero al que va por camino recto,
23 le haré ver la salvación de Dios».
MARCOS 2,18-22
18 Un día estaban ayunando los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a preguntar a Jesús: «Los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan; ¿por qué no lo hacen los tuyos?»
19 Jesús les contestó: «¿Quieren ustedes que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. 20 Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio, y entonces ayunarán.
21 Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira de la tela vieja, y se hace más grande la rotura. 22 Y nadie echa vino nuevo en envases de cuero viejos, porque el vino haría reventar los envases y se echarían a perder el vino y los envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos!»
HOMILIA
1Samuel 15, 16-23: “Obedecer vale más que un sacrificio. El Señor te rechaza hoy como rey” Salmo 49: “Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios" Marccos 2, 18-22: ."A vino nuevo, odres nuevos”.
Algo de este concepto nos dice el evangelio de hoy. Para los fariseos y maestros de la Ley la culpa, el miedo y la tristeza no son las bases de la estructura del sacrificio. Para los fariseos el ser humano tiene que sacrificarse a la Ley. Según Jesús el ser humano la ley tiene que estar al servicio de la vida del ser humano
La Iglesia lo ha establecido así. La razón de ello es la expectativa del Reino, una confrontación dolorosa, que llega a su realidad total, en el momento en que el Esposo fue arrebatado. Las afirmaciones posteriores sobfre el vestido y sobre el vino nos invitan a comprender la novedad introducida por el Evangelio y confirman el signo de la suspensión del ayuno.
El Señor nos recuerda hoy, de manera inequívoca, que la relación con él sólo es auténtica cuando se modula sobre la obediencia.. Esa es la única seguridad. Obedecer a Dios significa estar con el corazón y la mente abiertos a Dios, a dejarse mover por el soplo del Espíritu prefiriendo a nuestro “sentido común” convertirnos a una mayor autenticidad, compro-metiendo en ella nuestra vida.
ORACION
Señor Jesús, tú que fuiste obediente en todo al padre, enséñame a no buscar mi voluntad, sino la suya. Hazme comprender que eso no significa abdicar de mi capacidad de elección, sino vivir con libertad y gratuidad el don que soy. Me resulta fácil, Señor, encontrarme a mis anchas en la lógica, incluso religiosa, que me he construido y considerar como “herejes” a quienes no la sigue…
Que yo madure, Señor, al calor de tu Espíritu, la inteligencia de mi corazón, para no encerrarme en mis razonables certezas y permanecer abierto a las exigencias de tu Palabra, novedad inagotable.

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