Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 29 de enero de 2010

ENERO 29, 2010

PALABRAS DE VIDA
2 SAMUEL 11, 1-4,5-10

A vuelta de año, en la época en que los reyes hacen sus campañas, David mandó a Joab con su guardia y todo Israel. Derrotaron completamente a los amonitas y sitiaron Rabbá, mientras David se quedaba en Jerusalén.
2 Una tarde en que David se había levantado de su siesta y daba un paseo por la terraza, divisó desde lo alto de la terraza a una mujer que se estaba bañando; la mujer era muy hermosa. 3 David preguntó por la mujer y le respondieron: «Es Betsabé, hija de Eliam, la esposa de Urías el hitita».
4 David mandó a algunos hombres para que se la trajeran. Cuando llegó a la casa de David, éste se acostó con ella justamente después que se había purificado de su regla, luego se volvió a su casa. 5 Al ver después que había quedado embarazada, la mujer le mandó decir a David: «Estoy embarazada».
6 Entonces David envió este mensaje a Joab: «Mándame a Urías el hitita». Y Joab mandó a Urías donde David. 7 Cuando llegó Urías, David le pidió noticias del ejército y de la guerra, 8 después dijo a Urías: «Anda a tu casa, te has ganado el derecho de lavarte los pies». Apenas salió Urías de la casa del rey, éste despachó detrás de él un presente de su mesa. 9 Pero Urías no entró en su casa, sino que se acostó a la puerta del palacio con todos los guardias de su señor.
10 Le dijeron a David: «Urías no ha ido a su casa». David preguntó a Urías: «¿No vienes de un viaje? ¿Por qué no has bajado a tu casa?»
11 Urías respondió a David: «El Arca de Dios, Israel y Judá se alojan en tiendas. Mi jefe Joab y la guardia del rey, mi señor, están acampando a pleno campo, y ¿yo voy a entrar a mi casa para comer y beber y para acostarme con mi mujer? Juro por Yavé que vive y por tu vida que nunca haré tal cosa». 12 Entonces David dijo a Urías: «Quédate por hoy aquí y mañana te irás de vuelta». Urías se quedó pues en Jerusalén aquel día. Al día siguiente 13 David lo invitó a su mesa a comer y a tomar y lo emborrachó. Sin embargo, Urías tampoco bajó a su casa esa noche; se acostó con los sirvientes de su señor.
14 A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la pasó a Urías para que se la llevara. 15 En la carta escribió esto: «Coloca a Urías en lo más duro de la batalla, luego déjenlo solo para que lo ataquen y muera». 16 Joab, que estaba sitiando la ciudad, colocó a Urías en el lugar donde estaban los mejores defensores. 17 La gente de la ciudad efectuó una salida y atacaron a Joab; hubo varios muertos entre los oficiales de David y uno de ellos fue Urías el hitita.
SALMO 51,3-7,10-17

3 Ten piedad de mí, oh Dios, en tu bondad,
3 por tu gran corazón, borra mi falta.
4 Que mi alma quede limpia de malicia,
4 purifícame de mi pecado.
5 Pues mi falta yo bien la conozco
5 y mi pecado está siempre ante mí;
6 contra ti, contra ti sólo pequé,
6 lo que es malo a tus ojos yo lo hice.
6 Por eso en tu sentencia tú eres justo,
6 no hay reproche en el juicio de tus labios.
7 Tú ves que malo soy de nacimiento,
7 pecador desde el seno de mi madre.
10 Haz que sienta otra vez júbilo y gozo
10 y que bailen los huesos que moliste.
11 Aparta tu semblante de mis faltas,
11 borra en mí todo rastro de malicia.

MARCOS 4,26-34

26 Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra,
27 y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. 28 La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos.
29 Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»
El grano de mostaza
30 Jesús les dijo también: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar? 31 Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra,
32 pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra.»
33 Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente. 34 No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
HOMILIA

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17: Me has despreciado, quedándote con la mujer de Urías Salmo 50: Misericordia, Señor: hemos pecado. Marcos 4,26-34: Como una semilla de mostaza
Querer meternos en el Reino de Dios no es nada fácil, porque según nos dicen la lecturas de hoy, no depende nosotros y no es obra nuestra. Podemos pensar que las religiones son autosuficiente y que la historia de la salvación es obra de ellas. No faltan religiones que nos dicen que fuera de ellas no hay salvación. Pero Dios actúa en otra dirección y nos puede sorprender.

Las religiones suelen sentirse plenipotenciarias y autosuficientes, creyendo que la tarea de la salvación está en ellas y peor aún, seguras que fuera de ellas no hay salvación. Pero Dios actúa con otros parámetros. Lo que nos recuerda la parábola de hoy, es que las plantas crecen por la fuerza de la tierra y no por el poder del sembrador. Esta gran comparación, Jesús la aplica al Reino. Es decir, el Reino es obra de Dios.

Para lograr entender esta gran lección que sale del alma de Jesús, primero hay que percibir que Dios al asumir la dimensión humana, no tiene miedo de impulsar desde esta dimensión su gran obra de divinización de la humanidad. El Evangelio deja claro que: es Dios y no los instrumentos de ninguna institución, quien hace posible que el Reino crezca. De la pequeñez, Dios hace que una realidad tan majestuosa como el Reino acontezca. El Reino es la sencillez, la humil-dad, el rescate del hermano, la inclusión de los que son diferentes, la dignificación del pobre. Por eso el Evangelio lo expresa con el hermoso símbolo de un grano de mostaza.

La Iglesia será cada vez más parecida al Reino si volvemos a las pequeñas comunidades, semillas de una nueva manera de ser Iglesia y de ser cristiano. Para muchos esto es no tener en cuenta la realidad de que somos una Iglesia inmensa, algunos la llaman universal, pero ¿será eso realmente el gran proyecto de Dios? Cuando digo gran proyecto se me ocurre pensar ¿es esto en realidad el gran proyecto de Dios, o no-sotros nos hemos creado esa realidad? Vamos a reflexionar hoy en eso, a esto nos empuja a pensar cuando el Señor nos habla hoy “del grano de mostaza”? Jesús y también sus oyentes conocían de que tipo de planta estaba hablando Jesús. Multitudes siguieron a Jesús en su vida pública, en el camino al Calvario, y al final de quedó solo, por supuesto esto no importaba porque Dios estaba con él. Y para Jesús eso era lo único que importaba Veamos las historias de hoy. Nos van a hablar de otra realidad.

La primero lectura nos presenta la historia del pecado de David, su adulterio (2-5), y junto a este pecado viene otro el homicidio de David (6ss). Pero Samuel nos dice en el versículo 1, del tiempo ocioso que David pasa en Jerusalén mientras el pueblo está en guerra contra los amonitas. Puede ser que en esa actitud de David se encuentre el pecado.

Pro el pecado no queda solo allí, el pecado se va apoderando del rey y crea la perfidia. Piensa primero en engañar a Urías, que impedían las relaciones matrimoniales en tiempo de guerra, y Urias no va a su casa (9-13). Y a David no le queda otra salida que el delito, tras ser enviado Urías a la batalla Urías pierde la vida en mano de los enemigos (15-17).

La historia acusa al rey de pecado; el libro de las Crónicas es mucho más respetuoso de David y calla el episodio.

El Evangelio nos presenta dos comparaciones destinadas a ilustrar la idea del Reino. Primero (26-29) recuerda la parábola del sembrador, compara el Reino con el campesino que, tras la siembra, espera inactivo el crecimiento de la semilla hasta la siembra. Nos presenta dos niveles de lecturas. La siembra puede representar la predicación del evangelio, una predicación confiada a los discípulos: Jesús los invita a que tengan paciencia, porque la semilla de la Palabra actúa por su propuio poder y da frutos según modos y tiempos que el hombre no puede conocer ni acelerar a su gusto.

La semilla se desarrolla sin que el campesino sepa cómo, y la tierra produce por sí misma el grano; sólo “cuando el fruto está a punto” (29), e cuando el Reino se halla manifestado en su gloria, será necesario volverse a ponerse a la obra. Así podremos ve al sembrador como la acción de Dios: Dios ha enviadoi al mundo su Palabra, ahora espera que de fruto (Isaías 55,10ss) y, en el tiempo de la siega, imagen del juicio final, empuñará la hoz.

La segunda comparación (30-32) representa al Reino como grano de mostaza del que nace un gran árbol es un mensaje de confianza, un mensaje importante para la comunidad primitiva, que hubiera podido caer en el desánimo. No importa que sus miembros sean pocos o pequeños; es más la Palabra de Dios dará frutos inconmensurables, aunque no por nuestros medios, sino por la gracia.

La conclusión (33ss) toma el tema del doble mensaje de Jesús: parábolas para el gran público, explicación en privado, sólo para los discípulos.

Aunque nos parezca impensable en sus manos no nos corresponde a nosotros saber cómo y cuándo el Señor realiza su designio de salvación, y los hombres son simples instrumentos
Confiar en él, ese es el secreto, sin huir de las responsabilidades y sin maquinar engaños, para esconder nuestras culpas. David pensó obrar con astucia y haber enmascarado la traición, pero el Señor ve en el secreto de los corazones y sabrá intervenir.

Por eso es bueno repetir cada día la Palabra, por ejemplo Pablo en 1 Corintios 3,7: “Ni el que planta ni el que riega son nada; Dios, que hace crecer, es el que cuenta.”
ORACION

Haznos pacientes, Señor, confiados en tu Palabra. Haznos dóciles, Señor, respetuosos con los tiempos de maduración, respetuosos con los hermanos a quienes hablamos en tu nombre.
Haznos capaces de esperar tu venida, aunque en ocasiones está muy lejana. Atráenos a ti, estamos ansiosos de participar en la gran fecha de la cosecha en tu Reino.

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