Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 5 de enero de 2010

Enero 6, 2010

PALABRA DE VIDA
Juan 4,7-10
Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
8 El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor.
9 Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de él.
10 En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.

SALMO 72,1-2,10-13

1 Oh Dios, comunica al rey tu juicio,
1 y tu justicia a ese hijo de rey,
2 para que juzgue a tu pueblo con justicia
2 y a tus pobres en los juicios que reclaman.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas
10 le pagarán tributo;
10 los reyes de Arabia y de Etiopía
10 le harán llegar sus cuotas.
11 Ante él se postrarán todos los reyes,
11 y le servirán todas las naciones.
12 Pues librará al mendigo que a él clama,
12 al pequeño que de nadie tiene apoyo;
13 él se apiada del débil y del pobre,
13 él salvará la vida de los pobres;

MARCOS 6,45-52

Inmediatamente Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo fueran a esperar a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despachaba a la gente. 46 Jesús despidió, pues, a la gente, y luego se fue al cerro a orar.
47 Al anochecer, la barca estaba en medio del lago y Jesús se había quedado solo en tierra.
48 Jesús vio que sus discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como si quisiera pasar de largo
9 Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 pues todos estaban asustados al verlo así. Pero Jesús les habló: «Animo, no teman, que soy yo.»
51 Y subió a la barca con ellos. De inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron muy asombrados.
52 Pues no habían entendido lo que había pasado con los panes, tenían la mente cerrada.

1 Jn 4,11-18: Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros.
Salmo 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. Mc 6,45-52: Soy yo, no teman

El año nuevo comenzó para nosotros, allá en el tiempo de adviento, el 29 de noviembre del 2009, y todo ha venido desarrollándose en el tiempo de adviento, la Navidad y la Epifanía del Señor. Es la experiencia de todo este tiempo que hemos vivido y que ahora nos ha introducido en el Año Nuevo del 2010. Hay algo que ha pasado en nuestra experiencia del tiempo de la venida del Señor. Nos podremos engañar pensando que el tiempo ha sido desarrollado por nosotros y que es nuestra propia experiencia. Pero si miramos a nuestro alrededor no es cierto. Nada de esto es obra nuestra y todo es obra del único Dios que nos invitado a vivir esta experiencia. El Señor nos prepara con las lecturas de hoy a ver cómo los discípulos los discípulos se asustan ante la presencia de Jesús. Ellos lo confunden con un fantasma y empieza a cundir el pánico en medio de ellos. Pero él siempre actúa de la misma manera, los anima como un padre hace con sus hijos, o como el esposo se presenta ante su novia. Jesús exige y busca discípulos y seguidores animosos, especialmente en tiempo difíciles y se nos muestra como el Señor y el Salvador.

Les hace reconocer que tienen dificultades y para esos momentos los mueve a pedir ayuda y es allí donde precisamente debemos conocer al Señor.

Es la presencia del Señor en la barca y su cercanía, lo que calma el viento, pues él no es un fantasma. El Señor serena el mar y les quita a los discípulos el temor y los anima.

El Señor sigue haciendo lo mismo con nosotros hoy. El no ha cambiado y vuelve a recordarnos hoy que ha venido a lo mismo. Jesús exige y busca discípulos y seguidores animosos, especialmente en tiempo difíciles y se nos muestra como el Señor y el Salvador.

¿Cómo lo vemos hoy?
En la primera lectura Juan reflexiona, mucho tiempo después. Recordemos que Juan comienza a escribir en los años 90 del siglo primero, y su reflexión es sobre el tema del amor fraterno. Habla ahora del acento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque “el amor procede de Dios” (7) y porque Dios es amor”. (8) El que ama conoce el amor “y conoce a Dios” (7)

Lo sabemos que para llegar al amor auténtico hay un solo camino: amar. Pero no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la comunidad de Juan, porque creían que para amare a Dios necesitaban conocerlo. La naturaleza del amor para Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado “primero”, por gratuita iniciativa suya. El amor se ha manifestado en la encarnación del Hijo de Dios, sin el cual los hombres hubieran continuado pobres e incapaces de conocer el verdadero amor y poseer la vida (9-10). Jesús nos ha demostrado una amor concreto y desinteresado, de total liberación, hasta entregar la vida. Y a través del amor que conduce alamor del hermano: “En esto reconocerán que soy discípulos míos, enb que os amáis los unos a los otros.” (1 Juan 13,35).

Hoy estamos leyendo el evangelio de Marcos que continúa el hecho de la multiplicación de los panes, donde él manda a los discípulos a subir al barco mientras el se queda con la gente y se va a orar al monte, en un silencioso encuentro con el Padre (46). Su oración es solidaria con el Padre y solidaria con sus discípulos. Estos se encuentran en dificultad, los sorprende la noche y el viento contrario que les hace difícil la marcha en el mar de Galilea, y entonces Jesús va a su encuentro caminando sobre el mar. Jesús no quiere imponérseles con un milagro “hizo ademán de seguir delante” (48). Entonces ante su turbación “creen ver un fantasma” y sus gritos, se les acerca, calma al viento y les dide, “Animo, soy yo, no tengáis miedo” (50).

El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús, inunda sus corazones, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma del Maestro como Mesías e hijo de Dios. La perspectiva de loos discípulos y de Jesús son diversas “sumamente seguida embotada” (52), como en otros tiempo le sucede en el desierto al pueblo de Israel. Para reconocer el rostro del propio Maestro, la comunidad debe tener el coraje de acogerlo en su propia barca y confiar en él en el camino difícil de la experiencia cristiana, invocándolo con oración ardiente, convencida de que el mundo de que el mundo hostil a Dios pondrá prueba su fe.

Por eso se nos pide a menudo vivir la Palabra: “Si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección.” (1 Juan 4,12).
ORACION

Señor, tú eres un Dios que nos has dado infinitas prueba de amor no sólo por la creación también por los dones de la vida y la inteligencia, donde podemos gozar de las bellezas creadas para nosotros y puesta a nuestra disposición,

Verdaderamente eres un Dios de amor. Has tomado la iniciativa en la vida humana y nos has permitido que permanecieramos alejados de ti para siempre como enemigos tuyos. Has establecido una estrecha alianza con tu pueblo elegido, a pesar de las mcuhas traiciones, nos has re3novado por el amná, esto es, el pan de la Palabra y de la eucaristía, sacrametnos de tu amor divino. Nunca has olvidado llemar a ti incluso a aquellosque se sienten suficientes y seguros, porque sólo tú eres la seguridad del hombre que llena el corazón. Gracias por tu amor generoso que nos ha descubierto tu verdadera identidad.


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