Levántate y brilla, que ha llegado tu luz y la Gloria de Yavé amaneció sobre ti.
2 Mientras las tinieblas cubrían la tierra
2 y los pueblos estaban en la noche,
2 sobre ti se levantó Yavé,
2 y sobre ti apareció su Gloria.
3 Los pueblos se dirigen hacia tu luz
3 y los reyes, al resplandor de tu aurora.
4 Levanta los ojos a tu alrededor y contempla:
4 todos se reúnen y vienen a ti;
4 tus hijos llegan de lejos y tus hijas son traídas en brazos.
5 Tú entonces, al verlo, te pondrás radiante,
5 palpitará tu corazón muy emocionado;
5 traerán a ti tesoros del otro lado del mar
5 y llegarán a ti las riquezas de las naciones.
6 Te inundará una multitud de camellos:
6 llegarán los de Madián y Efá.
6 Los de Sabá vendrán todos
6 trayendo oro e incienso,
6 y proclamando las alabanzas de Yavé.
SALMO 72,1-2,7-8,10-13
Oh Dios, comunica al rey tu juicio,
1 y tu justicia a ese hijo de rey,
2 para que juzgue a tu pueblo con justicia
2 y a tus pobres en los juicios que reclaman.
7 Florecerá en sus días la justicia,
7 y una gran paz hasta el fin de las lunas.
8 Pues domina del uno al otro Mar,
8 del Río hasta el confín de las tierras.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas
10 le pagarán tributo;
10 los reyes de Arabia y de Etiopía
10 le harán llegar sus cuotas.
11 Ante él se postrarán todos los reyes,
11 y le servirán todas las naciones.
12 Pues librará al mendigo que a él clama,
12 al pequeño que de nadie tiene apoyo;
13 él se apiada del débil y del pobre,
13 él salvará la vida de los pobres;
EFESIOS 3,2-3,5-6
Seguramente han sabido de las gracias que Dios me concedió para bien de ustedes.
3 Por una revelación se me dio a conocer su proyecto misterioso, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. 4 Según esto pueden apreciar el conocimiento que tengo del misterio de Cristo.
5 Este misterio no se dio a conocer a los hombres en tiempos pasados, pero ahora acaba de ser revelado mediante los dones espirituales de los santos apóstoles y profetas: 6 que en Cristo Jesús los pueblos paganos son herederos, forman un mismo cuerpo y comparten la promesa.
6 Esta es la Buena Nueva.
MATEO 2,1-12
Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que ve nían de Oriente llegaron a Jerusalén
2 preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.»
3 Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto. 4 Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías.
5 Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta:
6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel.
7 Entonces Herodes llamó en privado a los Magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. 8 Después los envió a Belén y les dijo: «Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje.»
9 Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que ha bían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10 ¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez la estrella!
11 Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.
12 Luego se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino.
HOMILIA
Isaías 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti Salmo 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra. Efesios 3, 2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos Mateo 2, 1-12: Los «Reyes Magos».
La primera lectura, tomada del profeta Isaías es un oráculo de consuelo para Jerusalén, la ciudad tantas veces asediada, tomada y destruida. Aquí, y en otros lugares del mismo libro, aparece representada como una mujer, madre y esposa, a quien se anuncia el regreso de sus hijos dispersos, el homenaje de los pueblos extranjeros. La imagen de las tinieblas sobre el mundo que son barridas por el sol divino, por la luz de una nueva aurora, es una imagen recurrente a todo lo largo de la Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Una imagen, por otra parte, presente en la mayoría de las religiones y de las culturas antiguas y modernas. Luz de la verdad y la justicia, de la bondad y la misericordia divinas que se compadecen de nuestros males. La luz que caracteriza la fiesta de la «Epi-fanía» (= manifestación) que estamos celebrando.
En la lectura tomada de la carta a los Efesios también se habla de Epifanía, de manifestación y revelación de cosas ocultas. No para desconcertarnos o sumirnos en el temor, sino todo lo contrario: para llenarnos de alegría al conocer el plan misterioso de Dios. «Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio». Es el fin ideal de todo particularismo y discriminación, de toda exclusión o segregación. «Gentiles» somos todos los pueblos de la tierra que no estamos étnicamente vinculados con el judaísmo. Ellos, los judíos, se consideraban el único pueblo elegido. Ahora comparten su elección con la humanidad entera, «en Jesucristo», «por el Evangelio». Ahora ven, admirados, cómo los pueblos vienen a Jerusalén, representados en los magos de Oriente, y se postran ante Jesús ofreciéndole sus pobres dones materiales, para recibir, en cambio, el abrazo amoroso de Dios. Dijimos que es el fin «ideal» de todo particularismo porque eso hay que convertirlo en realidad, sabiendo que como Dios no hace acepción de personas, tampoco nosotros podemos hacerlas. Que hemos de convertir en realidad aquello de que «todo hombre, todo ser humano, es mi hermano». Que no existe razón alguna para despreciar a nadie, ni por su raza, ni por su lengua, ni por su religión, ni por su particular cultura, ni por su condición social, ni por ninguna razón. San Pablo está en lo cierto al decir que se le reveló un misterio «que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos», pues hasta ahora seguimos pensando que hay muchas razones para considerarnos distintos, superiores, «elegidos por Dios, depositarios únicos de la salvación», mejores que los demás. El misterio de que habla San Pablo es precisamente ese: que Dios nos considera a todos iguales, y nos ama en consecuencia, a todos por igual, con particular predilección por los que nosotros nos empeñamos en excluir.
Es necesario hacer un acercamiento histórico de cómo pudo haber sido el acontecimiento que nos evoca el evangelio, o por qué quedó guardado en la memoria del naciente cristianismo. Herodes el Grande reinó en Judea a partir del año 40 antes de nuestra era. Su gobierno fue auspiciado por el Senado Romano. Herodes, de origen extranjero, nació en Edom, uno de los enemigos tradicionales de Israel. La lucha por mantenerse en el poder a costa de lo que fuera, fue una de sus banderas. Hasta el punto que en su vejez se negó constantemente a abandonar el trono, no teniendo escrúpulo alguno en asesinar a alguno de sus hijos por temor a ser traicionado. Su ejército dejó una marca de violencia y de sangre imposible de borrar de las memoria judía. Toda esta espiral de violencia se acrecentó más al saberse de la existencia de un legítimo sucesor de David que podría reclamar para sí el trono. El relato del capítulo 2 de Mateo, es como un eco y una transposición de esta situación conflictiva. El gran rey, del que todavía se guarda vivo recuerdo a finales del siglo I de nuestra era, se convertía en el adversario del verdadero rey; él era el faraón perseguidor del nuevo Moisés y por tanto el símbolo de los poderosos de este mundo.
Los Magos, alertados por el “surgir de un astro”, vienen a postrarse ante Jesús. La Astrología se postra: en una época en que las creencias astrales estaban extendidas, era necesario que el evangelista subrayase la supremacía del Señor sobre los elementos del mundo. Otra finalidad de tipo polémico y muy importante existe también en el relato: Herodes y Jerusalén no reconocen al Mesías y le ponen una trampa; por el contrario, los Magos extranjeros, símbolo de las naciones paganas son los primeros que vienen a adorar al Salvador. Éste es uno de los temas más trabajados por esa comunidad evangélica de Mateo. Para ella queda claro, que el Dios que se nos revela en la persona del Señor Jesucristo, no le pertenece a ningún pueblo, a ninguna raza, a ninguna nación, y tampoco a ninguna religión. Dios es para todos y, todos los pueblos están llamados a congregarse en torno a él.
ORACION
Te bendecimos, Padre, por Jesús salvador universal. Vino para salvar a todos y para reunir a los hijos de Dios dispersos. No hay ya una comunidad dividida y contrapuesta, sino una familia reunida, que camnia en la luz y en el esplendor de tu gloria. Todos, judíos y paganos (los del pago, la tierra) estamos “llamados en Cristo a participar de la misma herencia, a formar un mismo cuerpo” (Efesios 3,6) y la venida de los Magos constituye el inicio de esta paz universal de las naciones. Señor, queremos comprender cada vez mejor que la solución de la tensión entre universalidad y elección que tantas veces nos ha puesto unos contra otros se resuelve en el entender que la elección es servicio a todo hombre.

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