Salmo 105, 6 7a. 19-20. 21-22
Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas.
En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba. R. Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.
La gente comió hasta quedar satisfecha
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres dias conmigo y no tienen qué comer., y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.» Le replicaron sus discipulos: « ¿Y de dónde se puede sacar pan, aqui, en despoblado, para que se queden satisfechos?» Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos contestaron: «Siete.» Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta.
HOMILIA
1 Reyes 12,26-32;13,33-34: ¡Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto !Salmo 105: “Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo”Marcos 8,1-10: Multiplicación de los panes
Pero Jesús va en otra línea, reúne al pueblo pero no en Dan y Betel sino en el desierto y comparte con ellos tres días. Dios había acompañado en el desierto al pueblo por cuarenta años y acabó con ellos con una comida de comunión. Jesús reúne al pueblo en la Palabra que enseña y termina con una reunión en la Mesa donde le da pan y pescado a todos, unos cuatro mil y vuelve a alimentar al pueblo en el desierto. Encuentra un espacio de comunión. Y esto es lo que nos advierte hoy el evangelio, tenemos que crear espacios de comunión. Jesús nos llama, nos enseña y nos alimenta y nos une. No hay divisiones porque tenemos que encontrar espacios para todos los que han compartido en la Palabra de Jesús, como el pueblo en el desierto que comparte con Jesús tres días de reunión y eran cuatro mil.
Pero volvamos a lo que nos enseña hoy. El reino está dividido, Jeroboán reúne a las 10 tribus en el norte, mientras que las tribus de Judá y Benjamín queda con Roboán, Pues es evidente que al cisma político le sigue el cisma religioso. Jeroboam no es ningún tonto y sabe muy bien el factor religioso en la historia de Israel. Las visitas y las peregrinaciones al templo de Jerusalén habrían vuelto al corazón del pueblo y por consecuencia el reino- y por consiguiente al reino y a la casa de David y el lógico la influencia económica del reino del Sur. Jeroboán tiene miedo por su propia vida y reorganiza el santuario religioso en su reino dando estima a los lugares que ya eran memoria en el pueblo, Betel, donde Abrahán había levantado un santuario al Señor y también Jacob después del sueño de la escalera, y Dan, la ciudad-santuario desde el tempo de los jueces.
Y eleva dos becerros de oro, que según la antigua tradición desde el tiempo de Moisés que atribuí al becerro la función de pedestal de loa divinidad invisible, del mismo modo que el arca constituía el trono de Yavhé en el templo de Jerusalén. Prescinde de los sacerdotes de la tribu de Leví, previó la posible nostalgia “de la fiestas de las chozas” que atrapía al pueblo en peregrinación al templo de Salomón e instituye una fiesta parecida en sus santuarios.-
El sigue la inspiración de su corazón, una amor ciego en sí mismo, que vicia su reino desde el nacimiento, destinándolo a la destrucción.
Marcos nos ofrece hoy en su evangelio una segunda multiplicación de los panes. Se puede afirmar que se trata de una segunda versión de Marcos 6,30-44) o, bien, se trata de un nuevo milagro.. Pero ambas historias tienen distintos fines teológicos. Aquí da la impresión que Marcos quiere poner de manifiesto que la multiplicación de los panes, prefiguración de la eucaristía cristiana, ha tenido lugar “en favor de los paganos”. Lo hace supone entre otros elementos la afirmación de marcos “algunos han venido de lejos.” Por otra parte la compasión que siente Jesús está suscitada por la miseria física de esa gente que lleva tres días con él. Es precisamente esta íntima y entrañabñe coparticipación de Jesús en la incomodidad de la gente lo que provoca la multiplicación de los panes. Lo d a entender bien claro el mismo Jesús: “Me da lástima esta gente.”.
Si leemos los dos textos de hoy en paralelo nos podemos detener en las “diferentes” miradas que obran en la base del actuar de Jeroboán y Jesús y remontar desde aquí a su fuente, el corazón. Jeroboám se mira a sí mismo, teme la precariedad de su posición y orquesta toda uan serie de intervenciones orientadas a inducir al pueblo, para que siga su juego, sin preocuparse de su atracción del pueblo a un pecado que loe conducirá a las destrucción. Hoy llamamos a esa actitud de Jeroboám “estructuras de pecado”. La mirada de Jesús, en cambio, se dirige al hombre. Se basa en su necesidad actual, material y espiritual. La mirada que nace de la compasión y se convierte en gesto y el gesto es para la vida del otro. ¿No es ésta acaso la mirada que inaugura “la nueva civilización del amor “, la “ciudad de Dios”.
ORACION

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