Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 2 de febrero de 2010

FEBRERO 2, 2010

PALABRA DE VIDA
FIESTA DE LA PRESENTACION DEL SEÑOR

Malaquías (3, 1-4)
Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. El preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos.
Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos”.

Salmo 23

El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!
¿Y quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso en la batalla.
¡Puertas, ábranse de par en par, agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!.
Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria.

Hebreos 2,14-18

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos
Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Aleluya

Tú eres, Señor, la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel.
Aleluya.
San Lucas (2, 22-40)

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuer-do con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pen-samientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.
Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

HOMILIA

Malaquías 3,1-4: "Miren, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí”. Salmo: 23: “El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria” Hebreos 2,14-18: “De nuestra carne y sangre participó también Jesús”.Lucas 2,22-40: Presentación de Jesús en el Templo
En la fiesta de hoy se concentra todo el misterio mesiánico de Jesús. Parece increíble la preocupación de Lucas de presentarnos a Jesús, allí en el texto de Lucas encontramos cuatro veces lo que hicieron José y María en Jerusalén todo lo realizaron “de acuerdo a la Ley” o “para cumplir la Ley.” No nos puede admirar que la oración que Jesús nos enseñó dice “Hágase tu voluntad…” Y su vida es la gran afirmación de entrada de Jesús, el proyecto de Jesús para todos los pueblos que abarcará “a toda las naciones.”

Hemos visto en los relatos de la Navidad a los pastores, los magos de Oriente, personajes como Simeón y Ana donde Jesús se ha manifestado a distintos grupos de su tiempo, sin dejar de contar a a Zacarías e Isabel y Juan el Bautista, en ese niño se nos ha mostrado la Grandeza de Dios, su misericordia, su alianza y en donde estamos todos nosotros. Pero si miramos nuestra vida hoy en el mundo, entender que él es el “signo de contradicción” porque desenmascara, a fin de cuentas, todas las intenciones torcidas que se han vuelto nuestros estilos de vida y del mundo donde vivimos. Sí, es cierto, se nos ha vuelto el “signo de contradicción” pero al mismo tiempo se nos manifiesta como la realidad de la salvación. ¿Podremos maravillarnos por todas las cosas que se nos dicen de él, lo percibimos a Jesús como la luz que nos ilumina?

La presentación de Jesús en el templo sella la pertenencia de Jesús con Abrahán. Le ponen el nombre anunciado por ángel, nombre que expresa la misión a que está destinado (1,31). Según el libro del Levítico que prescribe la presentación del niño primogénito en el templo, pues prescriben la purificación de la madre después del parto (Levítico 2), según el libro del Éxodo 13 todo niño pertenece al Señor mediante la ofrenda de un sacrificio. María y José siguen todas esas disposiciones mandadas, como pobres ofrecen un par de tórtolas.

En la presentación sucede3n cosas maravillosas, Simeón “el hombre justo y piadoso que esperaba el consuelo de Israel (25) es decir al Mesías salvador de su pueblo llega al templo en el momento preciso.

El piadoso anciano lo presenta como “salvación para todos los pueblos” y “luz para iluminar a todas las naciones”, como había a firmado Isaías 42,6 y 49,6, como también los afirma Juan 8,12 “luz del mundo”.
Simeón bendice a María, pues será causa de salvación (nos re-cuerda Isaías 8,14), pero para ella será “un signo de contradicción” de la misión del hijo de María, por eso “una espada te atravesará el corazón. El corazón de María en la pasión de Cristo, que ya se perfila desde ahora en el horizonte.

En el pensamiento de Simeón se encuentro la afirmación de Pablo hoy “Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.” Y esto se refiere a la misión que todos tenemos desde que Cristo se hizo parte de la humanidad.

Y esto nos lleva a entender la misión que todos tenemos, no sólo estar en templo como Simeón, Ana, María y José, tendremos que verlo fuera del templo y de la ciudad en los brazos de la cruz, Dios lo ha enviado para nuestra salvación, será el sacrificio de la tarde. Esto llegará aunque ahora estamos en el tiempo de su nacimiento porque él se ofrecerá volun-tariamente a su sacrifico pr todos nosotros y la salvación de la humanidad.

ORACION

Señor Jesús también nosotros como Simeón y Ana queremos abrir nuestros corazones y nuestros brazos para acogerte como don de salvación. A menudo nos sentimos demasiado viejos y cansados para creer aún que puedes venir –como una mañana joven- a iluminar el ocaso de tantas noches nuestras. Haz que te acojamos cada día con la certeza de que tú vuelves nuevas todas las cosas y haces posible lo inesperado, de que tú eres la esperanza segura de nuestro mañana.

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