Moisés habló al pueblo, diciendo: - «Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón v con toda el alma. Hoy te has comprometido a aceptar lo que . el Señor te propone: Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz. Hoy se compromete el Señor a aceptar lo que tú le propones :Que serás su propio pueblo, como te prometió, que guardarás todos sus preceptos, que él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho.»
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas.
Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. Quiero guardar tus leyes exactamente, tú, no me abandones. Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48
Sed perfectos como vuestro Padre celestial
Las lecturas de hoy las actitudes que tenemos que tomar y meditar en la Cuaresma y cual es modelo a seguir. Jesús nos va a decir que el modelo es “el Padre y su perfección.” Pues lo sabemos pero es el tiempo en Cuaresma de reflexionar sobre eso y ponerlo en acción. Se nos habla del modelo de Jesús. Para el amor se nos plantea el modelo de Jesús: “Amarse como yo los he amado…” y nos vuelv a recordar lo que nos enseñó hace dos días, “tratar a los demás como deseamos que nos traten.” Estos son los modelos los espejos en que debemos mirarnos y esto nos hará llegar al objetivo de Jesús, interés sin límites, oración por los enemigos y perdón para todos. Esto es lo práctico que nos enseña Jesús hoy y debe ser el orden del día del tiempo de Cuaresma y en la comunidad..
Y desde esta perspectiva el mandamiento del amor llega al clímax total y a la cumbre: desinterés, amor sin límites, oración por los enemigos y perdón para todos. Son las cosas prácticas que hoy nos en-seña Jesús y que deben estar al orden del día en esta cuaresma y en la comunidad.
Nos lo dicen las lecturas de hoy, cuando Dios elige su pueblo lo que lo mueve es el infinito amor de Dios. El Deuteronomio nos dice que Dios elige a Israel entre los pueblos de la tierra. Tiene una especial razón, porque es un pueblo pequeño. Se enamora de Israel y lo busca entre las naciones. Tiene una razón haced una alianza con él y lo ama. El hecho de que Israel siga los mandatos y normas del Señor hace que Israel se sienta un pueblo santo. Esto quiere decir, no que ellos sean santos, no, sino que el pueblo pertenece a Dios, él es el propietario del pueblo. Por eso el Señor es el Señor del pueblo.
Y Dios espera simplemente tres cosas de su pueblo, caminar en sus caminos, observar sus preceptos y escuchar su voz. Lo mismo pasa con nosotros, nos ha reunido hoy eso mismo, porque somos la propiedad del Señor y llamados a ser santos. La perfección la constituye la relación del pueblo de Dios La realidad amorosa de Israel fundamenta la iniciativa divina, sellada en la libertad más genuina (Deuteronomio 26, 16-19).
La Cuaresma nos da una oportunidad, al menos un vez al año, que somos elegidos. Es elección y consagración nace del bautismo, por él llegamos a ser santos. Que no se debe a nuestra acción sino a la acción y elección de Dios, el bautismo nos confirma en esa vocación a la santidad, que nace absolutamente de Dios no de nuestras buenas obras. La ley de la santidad que encontramos en el Levítico 19,2 encuentra su actualidad en el llamado de Cristo a la perfección. Por supuesto que los cristianos tenemos un nuvo código a la santidad, las bienaventuranzas.
Es decir, Dios nos elige en la persona de Cristo, no por nuestra santidad, a realizar bien las actividades de nuestra vida, que es nuestra vocación a la santidad. El trabajo del cristiano se basa en realizar bien las bienaventuranzas. Es el llamado del bautismo a nuestra condicional sumisión a la voluntad de Dios, expresada en la ley de la Nueva Alianza, la ley del amor. El evangelista expresa claramente el nuevo anuncio del cumplimiento de la ley del Antiguo Testamento llevada a cabo por Jesús. El profeta de Nazaret supera la interpretación de los Diez Mandamientos. Con eso no cambia la Ley de Moisés, no destruye ningún elemento ni hace desparecer ningún detalle, sino que todo parte de la misma Ley de Dios. Simplemente Cristo inaugura una nueva interpretación de la ley con el amor a los enemigos. Y esto no cambia ni deroga la Antigua Alianza, sino que la lleva a su plenitud llamando a los miembros del nuevo Israel a una relación fraternal que es el marca de la perfección cristiana. Pero todo eso no es obra nuestra, es obra solo de Cristo, esto es el desarrollo de la ley mateana “sed bueno como es bueno el Señor”, es decir es una justicia superior y esta ley de justicia nueva rompe las leyes estrechas del judaísmo. El profeta de Nazaret radicaliza su espíritu, aún cambiando la letra. La ley y los profeta se centrar y recapitulan en el mandamiento del amor. Jesús lo dice de muchas veces, por eso, si lo pensamos bien, tiene que sorprendernos los que nos dice “si vas a presentar tu ofrenda al altar y te recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda allí sobre el altar y te vas y te reconcilias con tu hermano, y luego vienes y haces la ofrenda.” Tal vez nunca nos ha impresionado o le demos dado toda su importancia porque es mucha más importante reconciliarnos con nuestro hermano que cumplir con la ofrenda, porque la verdadera ofrenda es reconciliarnos con el hermano.
Dejemos que la ley de Jesús entre en nuestro corazón y cambiemos la orientación de la ofrenda porque entonces estaremos viviendo en su pleno sentido nuestra Cuaresma.
Oremos al Señor con el espíritu de nuestra liturgia, tal vez hoy lo podemos entender por primera vez.
ORACION
Por medio de de Jesucristo, te podemos alabar por la admirable obra de la redención.
Con tu acción eficaz consigues que las luchas se apaguen, y crezca el deseo de la paz, que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza.
Por eso debemos darte gracias continuamente y alabarte con los coros celestiales que te alaban sin cesar.

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