Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 5 de febrero de 2010

FEBRERO 5, 2010

PALABRA DE VIDA
Eclesiástico (Sirácide) (47, 2-13)

Como se aparta la grasa para los sacrificios, así fue escogido David entre los hijos de Israel. El jugaba con leones, como si fueran cabritos y con osos, como si fueran corderos. Joven aún, mató al gigante y lavó la deshonra de su pueblo: hizo girar su honda y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat. Porque invocó al Dios altísimo, él le dio fuerza a su brazo para aniquilar a aquel poderoso guerrero y restaurar el honor de su pueblo. Por eso celebraban con canciones su victoria sobre diez mil enemigos, y lo bendecían en nombre del Señor.
Ya cuando era rey, peleó con todos sus enemigos y los derrotó. Aniquiló a los filisteos y quebrantó su poder para siempre.
Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo y lo glorificaba. Amaba con toda el alma a su creador y le entonaba canciones de alabanza. Instituyó salmistas para el servicio del altar, que con sus voces hicieron armoniosos los cantos. Celebró con esplendor las fiestas y organizó el ciclo de las solemnidades. El santuario resonaba desde el alba con alabanzas al nombre del Señor.

Salmo 17
Perfecto es el camino del Señor y firmes sus promesas. Quien al Señor se acoge en él halla defensa.
Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador seas bendecido. Te alabaré, Señor, ante los pueblos y elevaré mi voz, agradecido.
Tú concediste al rey grandes victorias y con David, tu ungido, y con su estirpe siempre has mostrado, Señor, misericordia.

Aleluya
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.
Aleluya.

San Marcos (6, 14-29)

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado”.
Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.
Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.
Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?”
Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”.
Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.
Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Eclesiástico 47,2-13
“Invocó al Dios Altísimo, quien hizo fuerte su diestra”Salmo17: “Bendito sea mi Dios y Salvador” Mar-cos 6,14-29: “Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado”
Hoy recordamos a lo que está preparado todo profeta a dar testimonio con su vida de que ha sido enviado por el Padre y obtener la salvación parta todo el pueblo. Nos encontramos con la muerte de Juan el Bautista y la salida de Jesús a Jerusalén donde padecerá su muerte, porque todo profeta debe dar la vida odiado por el pueblo y las autoridades tanto civiles como religiosas. Jesús sed identifica con la vida y misión de Jesús y con su fin. Es fácil ver el paralelismo de la vida de Juan y de Jesús. Ambos son considerados profetas, a los dos la gente los escucha con admiración y los dos son temidos tanto por la autoridades religiosas como civiies. Jesús inicia su misión después de ser bautizado por J y Juan es encarcelado. Jesús ocupa su lugar de Juan como profeta del Reino y cuando Juan es ajusticiado abandona Galilea para subir a Jerusalén donde terminará su misión. Ambos son víctimas del odio y dan testimonio de la verdad y del reino de salvación que anuncian de parte de Dios. No deja de llamar la atención el paralelismo de Juan y Jesús, la muerte de Juan anuncia la muerte de Jesús.
Este nos invita a considerar nuestro testimonio cristiano de hoy con el de estos heraldos del Reino de Dios. Pero vemos las dos lecturas de hoy y aprendamos la misión que tenemos la mima misión en el Reino de Dios que tuvieron Juan y Jesús.

El libro del Eclesiástico o del Sirácida fue compuesta al comienzo del siglo II antes de Cristo, pero el año 132 antes de Cristo por un nieto del autor y es así como lo conocemos hoy. Es un libro sapiencial en su última parte muestra que la sabiduría de Dios se ha manifestado en la historia de Isrel. Por eso se cita hoy (2) a David, narado en forma poética como un hombre casi sobre humano elegido y guiado previamente por la mano de Dios. La grandeza de David consiste precisamente “porque él invocó al Dios Altísimo (5)”, “por todas sus empresas daba gracias a Altísimo” (8) “puso arpas para el servicio del altar” (9).

Por esta fidelidad y, no por su fuerza de bandolero, le perdonó el Señor sus pecados y le concedió el reino, la victoria y, sobre todo, la descendencia mesiánica (11).

La narración del asesinato de Juan Baurtista en Marcos es más larga que en Mateo y Lucas. No sofrece al principio la opinión de la gente3 sobre la identidad de Jesús, en respuesta a la pre3gunta de Herodes. Herodes atribulado por el remordimiento, cree reconocer en el Nazareno al profeta que él mismo ha hecho asesinar (16), y así queda introducida la narración.
Se habla primero del arresto de Juan a causa e Herodias a causa de lo cual Juan acusa al rey (18-20). Sigue la narración dramática de laas intrigas de Herodías, con la figura de Salmé utilizada por la pérfida madre (2-25). Herodes aparece como un hombre débil más que malvado, incpaz dse resistir a kas intenciones de la reina. Víctima de su imprudente juramento, debe ordenar contra su propia voluntad el asesinato del Bautista (26-28).

El relato termina con el toque piadoso de los discípulos de Juan que le dan sepultura (29).
La grandeza de un hombre, según loscriterios de la Biblia se mide por La fidelidad a la Ley. En esto David y Juan Bautista pueden ser asociados.

Fidelidad a Dios se une a fidelidad al juicio y valor de los testimonios. David muestra su fuerza de ánimo cuando frente al gigante Goliat combate a los enemigos del pueblo, pero cuando con humildad reconoce su pecado. Se le recuerda no tanto por reunificar las tribus de Israel bajo su trono, sino por haberse sometido a las palabras de los profetas que le fue dirigida por Dios. Juan no tuvo miedo ante e lpoderoso Herodes y no vaciló en pronunciar el juicio que le sugería la inspiración del Señor.

La fe es un don frágil y pesado al mismo tiempo. Frágil, porque basta con poco para ahogarla dentro de nosotros.; pesado, porque implica un cambio radical en nuestros criterios. Ahora bien la palabra “pesado” tiene en hebreo la misma raíz que la palabra “gloria”: la gloria del Señor, que acoge junto a sí a David y al Bautista, es la contrapartida de un “peso” llevado con alegría porque es “un yugo suave y ligero” (Mateo9 11,30).

Por eso se nos recuerda la fidelidad a la Palabra de Dios: “Por todas sus empesas daba gracias al Altísimo”. (Eclesiástico 47,8)

ORACION

Líbrame, Señor, de la tentación de buscar la gloria humana y de creer en las lisonjas del poder terreno. Son demasiadas las vees que el deseo de sobresalir, de asegurarme privilegios, de entrar en familiaridade con las personas “importantes”, me lleva a olvidad la coherencia y la fidelidad a tus enseñanzas.

Señor, hazme fierme en la fe. Concédeme el coraje que no tengo. Hazme superar el respeto humano que me impide dar testimonio de ti frente al mundo.

Haz que no vacile ante el deber de elegir. El débil Herodes, la oportunista Herodías, la superficial Salomé, están muy cerca de mí: concédeme, Señor, la fuerza de ponerme de parte de Juan Bautista, de parte de la verdadera vida. Haz que no tenga más que tu Palabra en mi cabeza.

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