En aquellos días, Salomón convocó a palacio, en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a los jefes de tribu y a los cabezas de familia de los israelitas, para trasladar el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, o sea Sión. Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón, en el mes de Etanín (el mes séptimo), en la fiesta de las Tiendas. Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes cargaron con el arca del Señor, y los sacerdotes levitas llevaron la tienda del encuentro, más los utensilios del culto que había en la tienda. El rey Salomón, acompañado de toda la asamblea de Israel reunida con él ante el arca, sacrificaba una cantidad incalculable de ovejas y bueyes. Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor a su sitio, al camarín del templo, al Santisimo, bajo las alas de los querubines, pues los querubines extendían las alas sobre el sitio del arca y cubrían el arca y los varales por encima. En el arca sólo había las dos tablas de piedra que colocó allí Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó con los israelitas, al salir de Egipto. Cuando los sacerdotes salieron del Santo, la nube llenó el templo, de forma que los sacerdotes no podian seguir oficiando, a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces, Salomón dijo: «El Señor puso el sol en el cielo, el Señor quiere habitar en la tiniebla; y yo te he construido un palacio, un sitio donde vivas para siempre.»
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.
Jesús continúa con su poryecto de Salavador curando a toda clase de enfermos. Pero pone un distintivo nuev en su actuar. Los incluye en su vida, cosa que no estaba permitido en la religión de Israel. El ha vndio a salvar y salvar en introducirlos en su vida y en la de Dios, ´pel es el Señor y Salvador de todos y ha vneido a compartir nuestra vida, no importa lo que nois poase en la vida, él es el salovador y perdona sus pecado9s ago que sólo Dios puede hacer y hace que crean en él como el Mesías.
Pero dejemos entrar en las lecturas que hemos recibido este día y le demos gracias al Seór por esta riqueza que nos ofrece hoy. Primero se trata de una etapa importante en la historia de la salvación y nosotros lo realizamos todos los días de nuestra. Pero esto no es tan sólo del tiempo de Salomón, por eso es que todos los días lo realizamos. En el libro de los Hechos de los Apóstoles Esteban nos habla así, porque ellos leía la Palabra de Dios a la luz de Cristo, “Nuestros antepásados tenían en el desierto la tienda del testimonio,, como había dispuesto el que mandó a Moisés hacerla según el modleo que había visto. Después de recibirla nuestros antepasados la introdujeron bajo la guía de Josué, en la tierra conquistada a los paganos, a quienes Dios expulsó delante de ellos. Así hasta los días de David Este agradió a Dios y suplicó el favor de encontrar un santuario para la estirpe de Jacob. Con todo fue Salomón quien le edificó una casa.” (Hechos 7,44-47)
La construcción del templo de Salomón representa la culminación de esta historiaq que parte de la promesa de Dios en el Sinaí: “Me harán un santuario y habitaré entre ellos.” (Exodo 25,8)
Es la historia de un pueblo que se va constituyendo en alianza, cuya memoria itinerante es el arca: un camino guiado por Dios-Presenrte, el Dios a quien la nube oculta y revela; una relación cada vez más profunda y personal entre Dios y el hombre una relación de la que la gloria del Señor es signo luminoso, esplendor consistente que brilla en el rostro de quien ha encontrado a Dios. Esta ves la historia que como signo, encierra el templo.
Se nos recuerda hoy a vivir según la Palabra: “todos los que lo tocaban quedaban curados.” (Marcos 6,56)

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