Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 28 de febrero de 2010

MARZO PRIMERO, 2010


PALABRA DE VIDA



DANIEL 9,4-10

Le supliqué a Yavé, mi Dios, y le hice esta confesión: «¡Ah, mi Señor, Dios grande y temible, que conservas la alianza y tu misericordia con los que te aman y observan tus mandamientos!
Esd 9,6
5 Pecamos, cometimos injusticias, fuimos infieles, nos rebelamos; nos apartamos de tus mandamientos y de tus leyes. 6 No hicimos caso a tus servidores los profetas que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, como también a toda la nación.
2Re 17,6
7 Tú, Señor, has sido justo y nosotros sólo tenemos derecho a la vergüenza como en ese día, nosotros, la gente de Judá, los habitantes de Jerusalén y todo Israel, estemos cerca o lejos en todos los países donde nos dispersaste por culpa de las infidelidades que cometimos contra ti.
8 Oh Yavé, la vergüenza sea para nosotros, para nuestros reyes, nuestros jefes y nuestros padres, porque pecamos contra ti. 9 Que el Señor nuestro Dios tenga misericordia y nos perdone, porque nos rebelamos contra él.
10 No obedecimos a Yavé nuestro Dios, no caminamos según sus leyes que puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas.

SALMO 79, 8-9,11,13

No nos tengas rencor por faltas de nuestros padres, que tu misericordia corra a nuestro encuentro, pues ya no podemos más.
9 Ayúdanos, oh Dios, salvador nuestro, en atención a la gloria de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados en honor a tu nombre.
11 Que hasta ti llegue la queja del prisionero; con tu potente brazo salva a los condenados a muerte.
13 Y nosotros, tu pueblo, el rebaño de tu redil, te daremos gracias para siempre; de edad en edad diremos tu alabanza.

LUCAS 6,36-38

37 No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
38 Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes.»

HOMILIA


Daniel 9,4b-10: Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos Salmo 78: Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados Lucas 6,36-38: Perdonen y serán perdonados

El Señor Jesús nos ha ido descubriendo desde el comienzo de la Cuaresma cuál es designio, el proyecto de haber venido entre nosotros. Para muchos de los cristianos es algo difícil de entender, porque simplemente hemos malentendido el proyecto de su venida a nosotros, no hemos entendido la razón por la cual el Padre lo ha enviado a nosotros. Hablamos mucho de su Reino pero éste e ha convertido en que la misión de Jesús es el librarnos de nuestros pecados. Y esto no es la verdad de su venida a nosotros. Tal vez porque entendemos el cristianismo como la entendían los fariseos, a pesar de que rezamos todos los días el Padre-nuestro. Hemos insistido en el pecado. Por supuesto es cierto que él vino a librarnos del pecado, pero la misión de Jesús es mucho más profunda y más llena de esperanza. El vino para hacernos “hijos” de Dios. Nos enseñó una sola oración y ella nos dice bien claro para que vino y porque tenemos que rezar esa oración. Allí nos dijo bien claro la razón de su venida y la razón de nuestra fe, “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo…” Por supesto que esto va a hacer que abandonemos el pecado, pero esa no es la gran voluntad de Dios, sino que nosotros seamos sus hijos. El objetivo de esa perdón, nos lo dice el evangelio de este día, que el profeta Jesús el profeta de la misericordia relee el Antiguo Testamento, y hoy nos presenta el mensaje de Daniel, que nos ofrece que Jesús es el profeta de la misericordia. El profeta de la misericordia Jesús nos habla desde la novedad del cumplimiento de la voluntad de Dios a la superación de la Antigua Alianza, porque Jesús ha vendió a ser anuncia el Reino y lo expresa diciéndonos: “Sed misericordiosos, no juzguéis, no condenéis, perdonad, dad”. Pero de esto muchos se han olvidado, y Jesús queda solamente como el que perdona nuestros pecados. Pero esa no es su finalidad, la voluntad que vino a realizar como mesías y salvador.
Es ese el gran objetivo de la Cuaresma, es cierto y lo dice Daniel hoy, una confesión sincera, pero Jesús agrega el verdadero sentido de esa confesión “No juzguéis.”


Dejemos que nos enseñe el profeta Daniel. Porque Dios siempre perdona es que las personas pretendemos encontrar el perdón y el apoyo de los demás. Hay un detalle importante, sin el apoyo de los demás nunca seremos perdonados, porque el perdón exige que fundamentalmente perdonemos a los demás. Sin eso nunca obtendremos el perdón. Esto reuiere un cambio en nosotros, nos hace ser comprensivos con los demás. El punto que siempre olvidamos es que el perdón y el amor proceden no de nosotros sino de Dios. El Señor es el origen de Israel, la Iglesia y en él reside la causa primera y última de la misericordia concedida a los hombres, es decir, el perdón, la reconciliación, la abertura del corazón. ¿Por qué? Porque Dios siempre perdona. La misericordia y la fidelidad de Dios están por encima de la realidad humana, porque Dios es infinito en su amor Dios da siempre sin esperar nada a cambio (Daniel 9,4-11)


La lectura de la Biblia nos dice que el hombre es de dura cerviz y exaspera a Dios porque Dios obra siempre maravillas con el pueblo. Pero como Israel la Iglesia es consciente de su limitación y suplica a Dios. La oración del verdadero israelita es interceder ante Dios para que lo liberasse y perdonara de sus pecados, porque entonces sí podía vivir como su pueblo, y nosotros podemos vivir como hijos en la comunidad o la humanidad. Por eso cada día nos unimos en oración, para que a cada uno nos libere de nuestros pecados. Dios es el salvador de Israel y de la Iglesia. Y como tales acudimos a la ternura y a la compasión de Dios e invocamos el nombre divino. Y ese es la salvación, porque Dios es compasivo y perdona siempre. Aunque hay muchos cristianos que no creen en eso, por más que invoquen al Señor de la misericordia.

El evangelio proyecta el perdón de Dios desde la singularidad más genuina del hombre Jesús. Por eso pone en boca de de Jesús: “No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Rut 3,15 Den, y se les dará.”

Nos indica el Señor que experimentemos la compasión. Y esto significa la necesidad de sentir con el otro, por eso agrega Jesús “como es compasivo el Padre de ustedes”. Y luego nos dice que dar el perdón es "no juzgar”
El gozo del perdón va por etapas: primero, experimentando la compasión, que según el concepto del Evangelio es “sentir-con-el-otro”. Con esto nos dice algo muy importante, en el fondo Dios ni juzga ni condena. Por eso a nuestro juicio sigue la condena. Y esa no es actitud divina.
Siguiendo la actitud de Jesús y sus pasos encontramos en el perdón el termómetro que mide el grado de verdad, el grado de crecimiento. Por eso entendemos que muchas veces el más necesitado del perdón es quien es más duro en perdonar.


Oremos como lo hacemos todos los días en la Misa cuando invocamos que Dios no nos niegue el perdón, porque nosotros no nos hemos cerrado a ese perdón a los hermanos.

ORACION


Te damos gracias por todas las cosas bellas que has hecho en el mundo y por la alegría que has dado a nuestros corazones. Te alabamos por la luz del sol y por tu Palabra que ilumina nuestras vidas.


Te damos gracias por esta tierra tan hermosa que nos has dado, por los hombres que la habitan y por habernos hecho el regalo de la vida. De veras, Señor, tú nos amas, eres buenop y haces maravillas por nosotros.


Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Por eso Padre, te estamos agradecidos y te aclamamos, bendito el que viene en el nombre del Señor.

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