Arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: - «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto."» Y el Señor añadió a Moisés: - «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.» Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: - «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: "Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre. Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba.
Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.
Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio.
Juan 5, 31-47
Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: - «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»
Jesús continua discutiendo con los fariseos que no aceptan su testimonio y no aceptan su autoridad por realizar trabajos en sábado y tampoco aceptan la legitimidad de su persona. Les asegura que hay un testimonio humano que le apoya, sin embargo no es el único y definitivo testimonio. Luego les afirma que hay testimonio de la Escritura, y su base principal es Moisés y por último el testimonio que está sobre todo otro testimonio, el testimonio de Dios mismo porque lo ha enviado o son sus mismas obras las que él hace.
Por eso los que escuchan a Jesús tienen la suficiente ilustración para aceptarlo o rechazarlo y en ese caso ellos son los únicos respon--sables de su propio juicio. Por eso es importante la afirmación que les hace Jesús: “ustedes estudian las Escrituras pensando que encierran la vida eterna, porque ella da testimonio de mí, pero ustedes no quieren venir a mí para tener la vida.” (39-40).
Hay una afirmación de Jesús aquí que nos envuelve hoy a nosotros y que nos hará entender si en realidad tenemos fe en la Palabras que nos habla de la Cuaresma en esta época del año. Para que esto sea realidad, es necesario que aceptemos que esa fuente es nuestra vida. Esto el tema que presenta Jesús a los judíos y nos presenta hoy a nosotros. Es que tenemos que estar seguro que la Palabra no depende de nosotros, no, nos viene de Dios a través de su Hijo que nos habla de las mismas palabras que han salido del corazón de Dios y para lo cual lo enviado a nosotros. Y así se convierte en la respuesta que le damos a la Escritura cuando leemos y escuchamos la Palabra, “Palabra de Dios.” No es palabra que se basa en nosotros, no, es simplemente, Palabra de dios.
Es el problema que tiene el pueblo de Dios en el desierto cuando éste de advierte a Moisés lo que está pasando con el pueblo. “«Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.”
En la primera lectura Dios le advierte a Moisés lo que está pasado con el pueblo que él sacó de Egipto. Es lo mismo que pasa con el pue-blo que está cerca de Jesús, que están más preocupados con el asunto del sábado. Si leemos a los autores del Antiguo Testamento, su gran preocupación es el tema de la conversión del pueblo al Señor. Como hoy pasa al pueblo de Moisés han faltado a la obediencia a Dios. Todos sabemos que la conversión es apartarse del mal (Jeremías 18,8) y volver al Señor (Malaquías 3,7). Lógicamente que la conversión que espera el Señor es la del corazón humano, es decir, que el pueblo tiene que desandar el camino emprendido y volver a la Alianza, Dios desea la vuelta del pueblo a la amistad y al amor. Y esto supone un tema continuo, es decir un volver a la aventura del encuentro con Dios. La conversión supone la respuesta del hombre a Dios.
El libro del Éxodo que hoy leemos muestra el proceso de esa con-versión. Como en Egipto el pueblo está de nuevo sumido en la escla-titud y por loa intervención de Moisés sale a la libertad, el pueblo que estaba incomunicado con el Señor entra de nuevo en el diálogo; el pueblo estaba en las tinieblas y debe entrar de nuevo en la luminosidad el encuentro con Dios. Sin embargo, el texto nos dice, pero el pueblo se construye un dios: el becerro de oro. El punto clave es que el ídolo es acción del hombre y no exigen la aventura de la fe, ni el riesgo de la vida, ni la vivencia del pacto. Los hombres oprefieren imágenes falsas que satisfagan sus ansias de poder y la religión fundada en amuletos. Los hombres estamos inclinados a reconocer valores en las obras de nuestras manos. Edificamos altares de oro y de plata y continuamos adorando al becerro de oro.
La oración de Moisés nos indica la dureza del corazón del pueblo que prefiere otros dioses y otros señores. Moisés implora a Dios y pide la salvación del pueblo. Dios otorga el perdón a su pueblo y recuerda así su fidelidad y misericordia (Éxodo 32,7-14).
El evangelio de Juan condena la incredulidad de los judíos. Los judíos sed niegan al testimonio que juan el bautista dio de Jesús. Los judíos se rehusan a creer en Jesús. Esto es la realidad de Israel. “Juan es la lámpara que ardía y prefirieron en las tinieblas a la luz.” (Juan 5,35). Jesús les recuerda que las Escrituras hablan de él. Pero los judíos prefieren a los escribas y los doctores de lay, porque buscan en las Escrituras que para ellos on la fuente de la vida.
Los judíos rechazan en creer en Jesús, y al mismo tiempo rehusan creer en Moisés, porque no aceptan su testimonio- Ellos podrían comprender el sentido de los escritos de moisés y aceptar la misión de Jesús que habían sido anunciadas por Moisés (Juan 5, 31-47)
Por eso, el tiempo de Cuaresma es el tiempo de evaluar nuestros pensamiento y animarnos a dejar guiarnos por la enseñanza de Jesús que es la verdadera Palabra de Dios, como nos dicen las lecturas como la enseñanza de Jesús.
ORACION
Padre, te pedimos que, purificados por la penitencia y las prácticas de las buenas obras de la Cuaresma nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a la fiesta de la Pascua. Nos dice el salmo 104: Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

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