Poned por obra los mandatos
Moisés habló al pueblo, diciendo: - «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente." Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy? Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»
Salmo 147,12-13.15-16.19-20
Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
Mateo 5, 17-19
Quien cumpla y enseñe será grande
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»
Deuteronomi 4,1.5-9: Pongan por obra los mandatos Salmo 147: Glorifica al Señor, Jerusalén. Mateo 5,17-19: Quien cumpla y enseñe será grande
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Jesús se da cuenta que al mandarnos de cumplir los mandamientos, su espíritu original es que el hombre pueda reencontrar el camino de su libertad, el soñar con una sociedad nueva de hombres y mujeres libres, y de ahí considera tan grave la infracción de un solo mandamiento, porque así va en detrimento de ese plan original que es vida para el hombre y la sociedad, y por eso se llama grande en el Reino de los cielos a quien viva así ese espíritu de la ley y lo enseñe así a los hombres.
Jesús, pues, es ante que todo un enemigo acérrimo del legalismo, pero cree y está convencido del valor trascendente que posee el espíritu genuino de la ley y así nos propone una manera de asumirla libremente. ¿Nos esforzamos por mantener este equilibrio con lo que nos mueve a actuar los mandamientos y, lo exigimos a los demás?
Lo sabemos que la voluntad de Dios se expresa a trav[es de los mandamientos y preceptos. Por eso nos abre a la vivencia del misterio a través de los mandamientos de Dios.
Por eso hoy nos dice la primera lectura, del libro del Deuteronomio y tiene una promesa es que el cumplimiento supone la entrada en la tierra prometida. Y los demás pueblos verán a Israel como un pueblo sabio. Porque ninguna nación tiene un Dios vecino y una ley justa como la ley presentada por Moisés (Deuteronomio 4,1,5-9).
El evangelio realiza una relectura del libro de la Ley y pone en la boca de Jesús la guarda de los mandamientos y loos preceptos divinos. Jesús no viene a abolir la ley y los profetas, sino a darle plenitud y sentido. Jesús supera la Antigua Ley y da a la ley el verdadero y autentico sentido. Cumplir la ley es pertenecer al Reino de dios. La enseñanza de la ley se basa en el espíritu de las bienaventuranzas y la ley es la base de toda realidad. El cristiano es aquel que se deja interpelar e invadir por ese sentido del amor que brota de haber optado por el Reino de Dios. Esa es la guarda de los mandamientos, lo demás viene por añadidura (Mateo 5,17-19).
Por eso nos dejamos dirigir por el espíritu de oración de la liturgia que cada día acompaña el sentido, amor y servicio de la comunidad.
ORACION
Te damos gracias, Señor. Tú nos has creado para que podamos conocerte, amarte, y vivir siempre contigo. Muchas veces has ofrecido a los hombres tu amistad y por medio de los profetas nos has enseñado a esperar en tus promesas. Cuando llegó el tiempo, que tu pueblo había deseado tanto, nos mandaste a tu único Hijo como hermano mayor de nuestra familia, para que todos pudiéramos vivir como amigos tuyos. Cuando él vuelva al final de los tiempos nos invitará a la fiesta de la vida, en la fidelidad de tu casa. Como Padre bueno tienes paciencia con los que caen en el pecado y esperas que se conviertan y sean mejores. A nosoros nos has prometido una vida sin fin, sin penas ni dolor.

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