No volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos
Así dice el Señor: «1srael, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: Terdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano." Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma corno el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»
Salmo, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17
Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré.
Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.»
Marcos 12, 28b-34
El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y lo amarás
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: - «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: - «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. " El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: - «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: - «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
La actitud de Marcos en el evangelio de hoy toca un punto funda-mental para nosotros y especialmente en el tiempo de Cuaresma. Porque nuestra responsabilidad es mucho más importante que preguntarnos cuál es el principal de los mandamientos. Sino preguntarnos (¿estamos de acuerdo con el pensamiento que nos presenta a un maestro de la ley preocupado acerca del mandamiento más importante de la ley? Ya es importante que nos hagmos la pregunta que nos trae Marcos acerca del pensamiento de Jesús.
Marcos nos da a entender que aún en ese ambiento de legalismo exagerado en el que se mueven los llamados “maestros”, hay algo que rescatar, por eso le responde “no estás lejos del Reino de los cielos”. Todo mandamiento de la ley es principal desde el momento en que se pone en práctica haciéndolo vida. Lo único que le faltaba a aquel maestro es pasar de la teoría a la práctica, por eso le recuerda “no estás lejos…”
Puede ser que la respuesta del maestro busca afianzar su propia posición respecto a los demás colegas, que tal vez no tenían práctico y claro cuál podía ser cuál podía ser el mandamiento principal; por eso el amestro se muestra compasivo y completamente de acuerdo con la posición de Jesús.
La pregunta del maestro tal vez busque afianzar su propia posición respecto a los demás colegas que quizás no tenían claro cuál podría ser el mandamiento principal; por eso aquel hombre se muestra complacido y completamente de acuerdo con la posición de Jesús.
Todos sabemos, lo hemos escuchado y lo proclamamos que no podemos guiarnos por una regla de normas y preceptos, nos basta con volver plenamente a Jesús y proclamas como él que el mandamiento más importante ante Dios es amar a Dios y al prójimo, pero ¿lo practicamos?
El Seños nos ha indicado que el amor a Dios es una tarea humana. Lo repetimos que Dios nos ha creado para amar y ser amados, sabemos que el ama vive para la verdad y la justicia. La gran tarea del ser humano es el amor al Creador, al Redentor y Liberador del hombre. El ser humano es el reflejo de la infinitud amorosa de Dios. El amor absoluto se encuentra en Dios, porque el mismo Dios es amor )1 Juan 4,8).
Esa es la experiencia de Oseas había experimentado el amor. El Señor se mostraba como la bondad y la misericordia, la ternura y la cercanía, la entrega y la amistad- La experienc ia de la vida había conducido al hombre de Dios al camino del amor. El profeta es consciente de la infidelidad de su pueblo y la conversión no se hace esperar. La ternura infinita de Dios transforará a Israel e un jardín de flores, de colores y fragancia. Dios hace crecer el trigo y el vino y, como una madre, estaba pendiente de su hijo atendiándole y observándolo. Dios comunica la vida y ofrecía la salvación )Oseas 14,2-10).
En el evangelio un fariseo se acerca a Jesús que estaba discutiendo con los saduceos del templo. El fariseo pregunta cuál es el mandamiento más grande. El es un profesional de la la ley y reconoce a Jesús como una autoridad y un maestro competente. La respuesta de Jesús no se deja esperar y le contesta que el mandamiento más grande es amar a Dios más que a todo y al prójimo como a nosotros mismos. Le dice que el mandamiento está en el “Shema” cuyo significado es “escucha” (Deuteronomio 6,4-5=. Es el mandamiento que Jesús recita en su oraci+on diaria. Dios es uno y es el soberano absoluto de Israel.
Y el segundo consiste en amar a loos demás como a nosotros mismos (Levítico 19,18). Expresa la manera o forma con que se debe extender a los seres humanos. Jesús explica que no hay mayores mandamientos que estos dos. El fariseo reconoce la respuesta de Jesús y subordina los sacrificios ofrecidos a Dios en el templo. Y Jesús señala loa sensatez de la repuesta y alaba al escriba: “No estás lejos del Reino de Dios” Jesús es el maestros y aprobando la respuesta del escriba, plantea la cuestión. El fariseo necesita comprender en orden a no seguir cerrado, sino a entrar pelnamente en el Reino de Dios (Marcos 12,28-34).
Nos dejamos, en este espíritu, dirigir por la oración de la Iglesia en el tiempo de Cuaresma para recibir la misma afirmación de Jesús.
El es tu Palabra que nos mantiene despiertos en las cosas pequeñas y las grandes, nos ayuda a descubrir las pruebas de tu amor y la alegría que viene de ti.
El llama a todos los hombres para que se conviertan y crean en el evangelio. Ofreciendo su vida en la cruz nos ha librado del pecado y de la muerte y nos ha dado un corazón nuevo para que vivamos como él. El nos anunció la vida que viviremos junto a ti en la luz y en la eternidad; nos enseño también el camino de esa vida, camino que hay que andar en el amor y que él recorrió primero.

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