Te he constituido alianza del pueblo, para restaurar el país
Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz." Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»
Salmo 144, 8-9. l3cd-14. 17-18
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Juan 5, 17-30
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: - «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.» Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: - «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio,-,- porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»
Isaías 49,8-15: Te he constituido alianza del pueblo, para restaurar el país Salmo 144: El Señor es clemente y misericordioso.Juan 5,17-30: El Hijo da vida a los que él quiere
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Jesús no tiene un interés en defensas de su parte. No, es un anuncio abierto y claro de su identidad como Hijo de Dios, enviado por el Padre mismo al mundo.
Los textos de hoy nos describen la realidad de la Palabra, que es el mismo Jesús. Sabemos que la Palabra es el medio a través del cual Dios se expresa a los hombres. Y esta Palabra nos habla en la misma imagen del hombre que es el mismo hijo de Dios. La comunicación divina se hace presente a través de las noticias alegres de salvación. La Palabra de Dios, encarnada tiene en sí mismo la tarea de seducir al hombre y también de hacerle partícipe su interioridad. Los seres humanos compartimos la realidad del lenguaje humano a través de los signos y los símbolos, de los gestos, de las acciones y de las mimas imágenes humanas.
La Palabra de Dios al mismo tiempo es misterio y sello del encuentro. La palabra invita al reconocimiento de la realidad divina y por ella es gracia, porque trae salvación. La exhortación profética puesta en los labios del Señor: “Salid y mostraos, manifiesta la tarea pastoril de Dios con los suyos. Dios es el pastor de Israel, conduce a las fuentes de agua vivas, apacientas en verdes prados y protege el sol y el bochorno. El consuelo del Señor es la expresión de su amor material, que nunca olvida a los suyos (Isaías 49,8-15).
La Palabra del Hijo es la Palabra del Padre. Jesús se manifiesta coo nuevo Moisés enviada por el Padre y dando la vida a los que escuchan su Palabra. Aquí Jesús habla de El en tercera persona, identificándose con el Hijo. “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta.” El Hijo no puede hacer nada, sino lo que vea hacer al Padre, y su personalidad trasciende las categorías humanas. La relación entre Padre e Hijo se sitúa en el plano de la divinidad, porque Jesús es el único Engendrado.
Jesús es la Palabra que da vida. El poder de vivificar a los muertos pertenece especialmente a Dios, como afirma el Antiguo Testamento (Deuteronomio 32,39). El Hijo tiene el poder recibido del Padre y por este don podemos decir que Jesús es igual al Padre. Y como el Padre, él posee vida y ella se realiza en su persona. Dios vivificaba a los que entendían su vida porque se realiza en su persona. Dios vivificaba a los que entendían su voz (en el sentido de escuchar, obedecer) en el antiguo Testamento. El Hijo puede ahora resucitar a los que escuchan su voz. Todos los que escuchan las Palabras de Jesús tienen ya la vida eterna. Y del mimso que Dios transmite al Hijo la potestad de vivificar, le conce también su poder de juzgar.
Por eso, la Palabra de Cristo tiene una fuerza inconmensurable porque es vivificante y tiene capacidad de juicio. Y si el Padre remite al Hijo todo juicio, es a fin de todos honren al Hijo como honran al Padre. Honrar a Dios es reconocerlo como tal y obedecerlo como Maestro absoluto. Por eso los hombres debemos honrar al Hijo guardando su Palabra. (Juan 5, 17-30)
Nos iluminamos con la Palabra de Jesús en este día de Cuaresma escuchando su Palabra, obedeciéndola al dejarnos guiar por las liturgias de cada día de Cuaresma. Hoy, la Palabra de Jesús ilumina nuestra vida y la experiencia de vivir su mensaje cuaresmal.
ORACION
Tú, Señor, te preocupas siempre de nosotros y de todos los hombres y no quieres estar lejos de ellos. Tú nos has enviado a Jesús, tu Hijo muy querido. El vino para salvarnos, curó a los enfermos, perdonó a los pecadores. A todos les dijo que tú nos amas. Se hizo amigo de los niños y les bendecía, Por eso, Padre, te estamos agradecidos y te aclamamos y no estamos solos para alabarte, Señor. La iglesia entera, que es tu pueblo, extendida por toda la tierra, canta tus alabanzas. Amen.

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