Envió un ángel a salvar a sus siervos
En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: -«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la citara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?» Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: -«Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.» Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac: y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: -«¿No eran tres los hombres que atarnos y echamos al horno? » Le respondieron: - «Así es, majestad.» Preguntó: -«¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino.» Nabucodonosor entonces dijo: -«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo.»
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
Bendito eres sobre el trono de tu reino.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R. Bendito eres en la bóveda del cielo. .
Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: - «Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Le replicaron: - «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"~» Jesús les contestó: -«Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace Ubres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.» Ellos replicaron: -«Nuestro padre es Abrahán.» Jesús les dijo: - «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.» Le replicaron: - «Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios.» Jesús les contestó: - «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.»
Nosotros nos podemos encontrar en la misma situación en que se encontró Jesús con la gente de su tiempo, especialmente los maestros de la Ley y las autoridades del templo. Cada palaba o acción de Jesús nos dan a entender la realidad que debe enfrentar en su tiempo. En realidad son un cúmulo de engaños y contradicciones. Y estos se refieren a Dios, a los designios de Dios y las promesas de Dios. ¿De dónde viene esto? Esto viene de una falsa interpretación de las Escrituras y la Tradición, y esto se debe a lo que han construido eran en realidad. En realidad habían distorsionado la imagen de Dios, que lógicamente suene a las mil maravillas para la clase religiosa, al lugar santo, a la casa de oración, y han hecho de esto el dominio y el empobrecimiento del pueblo. Y aquí se encuentran y le han creer al pueblo que Dios sólo le interesa al ser humano, es decir que a Dios sólo le interesa el cumplimiento puntual de la ley y demás obligaciones religiosas. Es decir mírense de donde se mire, la religiosidad que viven la gente y contemporáneos de Jesús está viciada de falsedad, mentira y engaño. Cosas que Jesús no acepta y se presenta como la guía de encuentro con la Verdad y condición de aceptación que Dios está aquí y aceptar a Jesús como el enviado de Dios. Por lo tanto aceptar a Jesús significa es aceptar que Dios está aquí, que camina a nuestro lado. No tienes que ir a Jerusalén, no él está aquí a nuestro lado. Podemos ir a Jerusalén y no haberlo encontrado, como las autoridades que lo veían en el templo, lo escuchaban, sí. No Jesús vive nuestras circunstancias, asume nuestra realidad todos los días, respalda nuestras iniciativas en neustra vida por una vida mejor. Jesús está aquí, camino a nuestro lado, asume nuestra realidad y respalda nuestras actitudes de la búsqueda de una vida mejor.
La palabra invita en el horizonte de la fidelidad y del comportameinto cristiano. La Palabra nos invita a la solidaridad, a la justicia, a la vivencia y la práctica del amor. Y esto se vive en el area del bien común, la libertad responsable, la v ivencia de la paz y del trabajo, la amistad y las relaciones donde se recree la obra creadora de Dios. Como consecuencia hay que acallar las mentiras con la transparencia de la fidelidad, con la furza del amor y con la liberta de la verdad (Daniel 3,14-20,91,92,95).
Sí, escuchaos a Daniel y sus compañeros en el horno, pero Dios envía a su Hijo al mundo que por amor salva al hombre (varón y mujer) y Jesús es el constructor de una sociedad nueva probada en la vivencia de la fidelidad del hombre a Dios.
El hombre escudriña el conocimiento de la verdad que nos rodea y que hace a los hombres libres. Cristo es la Palabra de la verdad y por ella nos hace libres en el momento en que los creyentes permanecemos unidos a Jesús y el mismo Señor nos invita al amor fraterno con los hombres, es decir los hermanos, hermanas. Las personas podemos hacer del amor la verdad interior de toda nuestra obra en medio de las vicisitudes de la vida (Juan 8,31-42).
Por eso, nunca dejamos de orar en la Iglesia con las mismas palabras que han salido de la vida y acción de Jesús.
A ti, pes, Padre que gobiernas el universo, te bendecimos por Jesucristo, tu Hijo, que ha venido en tu nombre, El es la palabra que nos salva, la mano que tiendes a los pecadores, y el camino que nos conduce a la paz.
Dios, Padre nuestro, nos habíamos apartado de ti y nos has reconciliado por tu Hijo, a quien entregaste a la muerte para que nos convirtiéramos a tu amor y nos amáramos unos a otros.
Por eso, celebrando este misterio e reconciliación te regamos que santifiques con el rocio de tu Espíritu para que medio del cuerpo y la sangre de tu Hijo, mientras cumplimos su mandato.

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