Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 25 de marzo de 2010

MARZO 25, 2010

PALABRA DE VIDA
Isaías 7, 10-14; 8, 10
Mirad: la Virgen está encinta
En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: -«No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: -«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy
«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.

Hebreos 10, 4-10

Está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad»
Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad." » Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
Lucas 1, 26-38

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba Maria. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. » Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. » Y la dejó el ángel.
HOMILIA

Isaías 7,10-14; 8,10: Miren la virgen está encinta Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad Hebreos 10,4-10: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad Lucas 1,26-38: Darás a luz un hijo
Las palabras de Isaías pone en realidad las promesas que esperan al hijo como una señal a quien aparece como el hijo de Dios con el nombre de “Emanuel”. El rey Ajaz, sin embargo rechaza la propuesta de pedir a Dios una “señal” (11). Pero rechaza “no la pido, pues no quiero poner a prueba al Señor” (12). Isaías denuncia la hipocresía del rey, pero añade que pese al rechazo Dios dará una señal, “La joven está encinta dará a luz un hijo, a quien pone el nombre de Emmanuel” (14).
Las palabras del profeta se refieren a Ezequías, el hijo de Acaz, que la reina va dar a luz y cuyo nacimiento fue considerado, en aquel particular momento histórico, cuya presencia salvífica de Dios a favor del pueblo angustiado. Sin embargo, yendo más a fondo, las palabras de Isaías son el enuncio de un rey salvador: en este oráculo de una “virgen que da a luz la tradición cristiana ha visto desde siempre el anuncio profético del nacimiento de Jesús, el hijo de María.

En la carta a los Hebreos, esto intenta demostrar que el sacrificio de Cristo es superior a los sacrificios del Antiguo Testamento. El autor de la carta a los Hebreos relee ante todo el salmo 39, usado por la liturgia por la misa de hoy como si fuera una declaración del mismo Cristo al entrar en el mundo, o sea cuando tomó carne y vino a habitar en medio de nosotros (Juan 1,14), es decir, en el acontecimiento de la encarnación. Y ésa es la actitud obediencial particular del pueblo de la antigua alianza y de todo piadoso cantor del salmo, a saber: la de un total “aquí vengo para hacer tu voluntad.”

La encarnación como actitud obediencial se lleva a cabo el día de la anunciación del Señor a María. El día del anuncio empieza la peregrinación mesiánica finalizada con la donación del cuerpo de Cristo como sacrificio salvífico, nuevo e innovación única e indispensable, que se completa en el “sacrificio de la cruz.”

En Lucas nos encontramos en el diálogo entre Dios, por medio del ángel Gabriel, y la muchacha de Nazaret, resulta un rasgo esencial: la relación viva entre lo divino y lo humano. Semejante relación se desarrolla como un recorrido en el que la propuesta de lo alto se va mostrando poco a poco, porque el mensajero respeta –en una persona humana como la muchacha de Nazaret- el carácter gradual de la comprensión de un proyecto inesperado como fue la maternidad mesiánica, transversal a su proyecto o situación del momento, que era la virginidad. La persona humana –María, la virgen prometida como esposa de José- se asuma a este recorrido y entra progresivamente en él, en la conciencia del mensaje, que pretende secundar haciéndose disponible y adecuando a él su propio proyecto personal. La firma del acuerdo relacional entre María y Dios es el disponible “aquí está la esclava del Señor” (38).
La página evangélica del anuncio a María atestigua el estilo con el que Dios se hace adelante para proponer y pedir disponibilidad a la persona humana, o sea al diálogo.
Este diálogo se desarrolla en la forma del don. El don de la alegría (“alégrate, María”): la Palabra de Dios ofrece alegría. El don de la gracias (“llena de gracia; has hecho gracia”). El don de la gracia (”llena de gracia”). El don del aliento (“no temas”): la delicadeza de Dios disuelve el miedo a él que revela un rostro misericordioso, el miedo a su comprometedora palabra. El don de la vitalidad “concebirás a luz un hijo): el hijo en señal de vida y de futuro, exigencia de custodia y de servicio, responsabilidad con la vida. El don del Espíritu (“el Espíritu Santo descenderá sobre ti”): es el primer Pentecostés de María, y el Espíritu le indica la intención de posición y custodia de parte de Dios, la demanda de colaboración. El don de la fe (“porque nada hay imposible para Dios”): palabra final, llave que abre la disponibilidad consciente. Por eso Lucas nos dice hoy: “el Señor está contigo.” Lucas 1,28).

ORACION
Salve, santa María, humilde sierva del Señor, gloriosa adre de Cristo.

Virgen fiel, seno sagrado del Verbo, enséñanos a ser dóciles a la voz del Espíritu; a vivir en la escucha de la Palabra, atentos a sus llamadas en el secreto del corazón vigilando sus manifestaciones en la vida de los hermanos, en los acontecimientos de la historia en el gemido y en el júbilo de la creación.
Irán de la escucha, creatura orante, acoge la oración de tus siervos.

No hay comentarios.: