En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: -«No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: -«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy
«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.
Hebreos 10, 4-10
Está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad»
Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad." » Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba Maria. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. » Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. » Y la dejó el ángel.
Isaías 7,10-14; 8,10: Miren la virgen está encinta Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad Hebreos 10,4-10: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad Lucas 1,26-38: Darás a luz un hijo
En la carta a los Hebreos, esto intenta demostrar que el sacrificio de Cristo es superior a los sacrificios del Antiguo Testamento. El autor de la carta a los Hebreos relee ante todo el salmo 39, usado por la liturgia por la misa de hoy como si fuera una declaración del mismo Cristo al entrar en el mundo, o sea cuando tomó carne y vino a habitar en medio de nosotros (Juan 1,14), es decir, en el acontecimiento de la encarnación. Y ésa es la actitud obediencial particular del pueblo de la antigua alianza y de todo piadoso cantor del salmo, a saber: la de un total “aquí vengo para hacer tu voluntad.”
La encarnación como actitud obediencial se lleva a cabo el día de la anunciación del Señor a María. El día del anuncio empieza la peregrinación mesiánica finalizada con la donación del cuerpo de Cristo como sacrificio salvífico, nuevo e innovación única e indispensable, que se completa en el “sacrificio de la cruz.”
En Lucas nos encontramos en el diálogo entre Dios, por medio del ángel Gabriel, y la muchacha de Nazaret, resulta un rasgo esencial: la relación viva entre lo divino y lo humano. Semejante relación se desarrolla como un recorrido en el que la propuesta de lo alto se va mostrando poco a poco, porque el mensajero respeta –en una persona humana como la muchacha de Nazaret- el carácter gradual de la comprensión de un proyecto inesperado como fue la maternidad mesiánica, transversal a su proyecto o situación del momento, que era la virginidad. La persona humana –María, la virgen prometida como esposa de José- se asuma a este recorrido y entra progresivamente en él, en la conciencia del mensaje, que pretende secundar haciéndose disponible y adecuando a él su propio proyecto personal. La firma del acuerdo relacional entre María y Dios es el disponible “aquí está la esclava del Señor” (38).
La página evangélica del anuncio a María atestigua el estilo con el que Dios se hace adelante para proponer y pedir disponibilidad a la persona humana, o sea al diálogo.
Este diálogo se desarrolla en la forma del don. El don de la alegría (“alégrate, María”): la Palabra de Dios ofrece alegría. El don de la gracias (“llena de gracia; has hecho gracia”). El don de la gracia (”llena de gracia”). El don del aliento (“no temas”): la delicadeza de Dios disuelve el miedo a él que revela un rostro misericordioso, el miedo a su comprometedora palabra. El don de la vitalidad “concebirás a luz un hijo): el hijo en señal de vida y de futuro, exigencia de custodia y de servicio, responsabilidad con la vida. El don del Espíritu (“el Espíritu Santo descenderá sobre ti”): es el primer Pentecostés de María, y el Espíritu le indica la intención de posición y custodia de parte de Dios, la demanda de colaboración. El don de la fe (“porque nada hay imposible para Dios”): palabra final, llave que abre la disponibilidad consciente. Por eso Lucas nos dice hoy: “el Señor está contigo.” Lucas 1,28).
ORACION
Virgen fiel, seno sagrado del Verbo, enséñanos a ser dóciles a la voz del Espíritu; a vivir en la escucha de la Palabra, atentos a sus llamadas en el secreto del corazón vigilando sus manifestaciones en la vida de los hermanos, en los acontecimientos de la historia en el gemido y en el júbilo de la creación.

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