Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 26 de marzo de 2010

MARZO 26, 2010

PALABRA DE VIDA
Jeremías 20,10-13

El Señor está conmigo, como fuerte soldado
Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «-A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.
Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte.
En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.

Juan 10,31-42

Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: - «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?» Los judíos le contestaron: - «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.» Jesús les replicó: - «¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: Sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.» Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: - «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él allí.
HOMILIA

Jeremías 20,10-13: El Señor está conmigo, como fuerte soldado Salmo 17: En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó. Juan 10,31-42: Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos

Jesús se presenta de nuevo y enfrenta a sus oyentes judíos que se presentan contra el proyecto de Jesús. Todas las palabras de Jesús son absolutamente contrarias a las obras y palabras de sus adversarios y aunque les explica cómo pueden entender sus palabras o obras, sin embargo ellos piensan “tomar piedras para apedrearlo”. Le dicen bien claro después de escucharlo, “no queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.” Si Jesús proclamara sin más que es el hijo de Dios, podrían juzgarlo como loco, pero aquí es el caso que al proclamarse como hijo de Dios, pero no le creen porque lo hace a través de sus obras, y aún así, los judíos no le creen, en continúan en rechazarlo sencillamente porque sus signos y palabras no coinciden para nada con los moldes afirmados por ellos mismos para el Mesías venidero.

Por eso es importante ver el juicio que ellos mismos tienen del mismo Jesús, que les hace negar cualquier afirmación y verdad que Jesús hace y que ellos no pueden aceptar, porque son los verdaderos moldes de Dios acerca de su Hijo, pero que ellos no tienen interés en escuchar y juzgar- Las lecturas nos lo dicen, Jeremías nos dice que ese es el destino de los profetas. Pero ellos no entienden que la suerte del profeta va unida a la del pueblo, pero el hombre de Dios se siente amenazado por el mismo pueblo. La Palabra de Dios no le ocasione sino oprobios y burlas (Jeremías 20, 8) pero es en su interior como fuego abrasador, prendido en sus huesos (Jeremías 20,9).
La respuesta de los que escuchan al profeta y lo calumnian y lo convierten en amenaza. Por eso las acechanzas de todos están contra Jeremías. El había escuchado y denunciado las injusticias de los poderosos, los atropellos de los príncipes sus injurias contra Dios, Y ahora sólo y abandonado por todos, siente en su interior el cuchicheo de las turbas, la denuncia contra su persona y l suerte de todos los profetas, la muerte. La única confianza del profeta es el Señor, que salva su vida por la fuerza de su Palabra.

La suerte de loos profetas está en las manos de Dios. El Señor llama, envía conforta y alienta al hombre inspirado para que proclame su Palabra. Pero el pueblo mu has veces responde mofándose del profeta, lo marguina pretende acallar su voz, porque el profeta amenazado es la conciencia del pueblo ante Dios (Jeremías 20,10-13).

El salmista recuerda hoy su confianza en el Señor, al sentirse derrotado, amenazado por las denuncias de todos. El peligro acecha siempre, la suerte de los profetas está en las manos de Dios, y su fuerza es el libertador de Israel (Salmo 17,2-7).

La amenaza llega hoy también al profeta de Nazaret grande en obras y palabras en medio del pueblo. Pero encuentra en el pueblo el rechazo, porque pretenden lapidarlo porque sed hace igual a Dios. Pero Jesús se defiende con un texto de la Escritura y así justifica sus palabras, “Vosotros sois dioses” (Salmo 81,6). La Palabra de dios llama dioses a los que ejercen la justicia en Israel. Y este es el primer argumento usado por Jesús. La segunda prueba es que Jesús prueba su evidencia con la unidad de Jesús con el Padre, porque las obras realizadas por Jesús manifiesta su identidad con el Padre. La suerte del profeta está en mano de sus enemigos y acusadores. El profeta es siempre un amenazado por sus mismos paisanos. Jesús provoca su detención, su aniquilamiento. Las palabras del profeta no interesan; hay que amordazarlo, encerrarlo y darel muerte por su blasfemia. Jesús se hace llamar Hijo de Dios y escapa de sus manos porque necesita evangelizar y el eco de su voz resuela en las orillas del río Jordán, para que muchos vengan a la fe por su Palabra. (Juan 10,31-42).

El profeta Jeremías es acusado por su destino de profeta, y Jesús, el profeta de Nazaret, es rechazado por los dirigentes.Dejemos que esta realidad nos prepare en nuestro caminar hacia la Pascua.

ORACION
Te damos gracias, Dios nuestro y Padre todopoderoso por medio de Jesucristo, nuestro Señor, y te alabamos por la obra admirable de la redención.

Pues, en una humanidad dividido por las enemistades y discordias, tú diriges las voluntades para que se dispongan a la reconciliación. Tu Espíritu mueve los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unidad.

Que las luchas se apacigüen y crezca el deseo por la paz; y el perdón venza el odio y la indulgencia a la venganza, y todos te aclamen sin cesar.

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