Salmo de Jeremías 31, 10. 11-12ab. 13
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.»
Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.
Juan 11,45-57
Para reunir a los hijos de Dios dispersos
En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: - «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.» Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: _ «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.» Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: - «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
Ezequiel 37,21-28: Los haré un solo pueblo Salmo de Jeremías 31: El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño. Juan 11,45-57: Para reunir a los hijos de Dios dispersos
El templo de Jerusalén era el centro del pueblo judío, y en tiempo de Jesús era la mismo, el templo era el lugar donde todo acontecimiento importante sucediera en el templo. Y era el lugar perfecto para que las autoridades tuvieran absoluto dominio sobre la vida del pueblo. Toda la vida de Israel giraba en torno a las disposiciones del templo. Y había una consecuencia, las políticas del “lugar santo” y había realizado de Jerusalén una sociedad piramidal, donde cada vez era más estrecha la punta de la pirámide y más amplia su base de la misma y esto había absorbido el dinero, sus bienes y finalmente su propia libertad, gracias al sistema tributario que no perdonaba a nadie. Ya el mismo texto bíblico hacía mención de esto Génesis 47,13-26 y también el libro 1 de Samuel, 8,11-18. Otra de kas cosas importantes que lo que mueve a los miembros del Sanedrín, no es el celo religioso, lo que hay verda-deramente es el miedo externo que sirve como excusa para oprimir, controlar y explotar al pueblo. Hay un miedo, un terror, no infundado. Lo vemos en el juicio del Sanedrín, “Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él…” (Juan 11,47-48). Hay dos temas de la Lecturas que se unen, Ezequiel habla de la reunificación de Israel y Juda, y el sumo sacerdote profetiza “que conviene que muera uno solo. Todo esto es consecuencia inevitable.
Luego, lo que mueve a los miembros del Sanedrín, no es el celo religioso; lo que hay verdaderamente es miedo, terror a perder el medio externo que sirve como excusa para oprimir, controlar y explotar al pueblo. Hay un miedo, un terror -no infundado-, “Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él…” (Jn 11,47-48).
Todo el camino e Jesús camina en la misma dirección, cura a muchos, conforta, limpia y perdona. El camino sirve para reunir esfuerzos, crear inquietudes y aúnan intenciones. El camina de Jesús a Jerusalén y el nosotros a la Pascua implica un programa de vida. Miremos para atrás. Desde Navidad a la Pascua es el camino hacia Jerusalén, aunque le demos otros nombres y el programa es el mismo lo llamados “seguir a Jesús”, “vida eterna, el tiempo de la Pascua”.
La palabra del profeta es la misma, ha conquistado a unos, ha interpelado a otros y otros han renegado del profeta porque su palabra y su programa ha interpelado a muchos y los que han renegado del profeta porque sus palabras y su programa ha creado inseguridad y riesgo. El compromiso lleva consigo entrega, la aventura y la ilusión, la gracia y el encuentro, la comunión y la vida. El profeta vive de la Palabra, debe ser la Palabra regeneradora de encuentros y sorpresas, aquellas del diálogo cálido y sincero que conduce a la amistad y al amor.
Dios repite la historia del Éxodo a través del profeta (Éxodo 19,6)´. Dios recrea la Alianza, las promesas y los dones. La promesa se concreta en una tierra de lehe y miel y una descendencia numerosa. La Alianza será de paz y así se producirá la identidad del pueblo y la santidad de Dios (Ezequiel 37,21-28).
El pueblo está constituido por pueblos de todas las razas, de todas las lenguas, pueblo y nación. La vida de Cristo y su ofrecimiento de salvación rompió diques y barreras y anuló lo que impedía la libertad, la responsabilidad de saberse auténticos y coherentes. Su ofrecimiento y donación de sí mismo hizo que todos se reconciliaran con Dios. El se hizo pecado para llevar a todos a la gracia de Dios que transforma a los hombres.
La suerte del profeta es disponibilidad. El profeta anuncia su muerte y apuesta fuerte por todos los hombres. La personalidad humana tiene desde Cristo una nueva perspectiva: dar la vida en rescate por muchos. (Juan 11,45-57.
Y así nos encontramos en la entrada al camino de la Pascua, que esta semana comenzando el domingo de Ramos nos ha llevado a la entrada solemne del tiempo de Pascua.
Tú que realizas sin cesar la salvación de los hombres y concedes a tu pueblo, en los días de Cuaresma, gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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