Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 27 de marzo de 2010

MARZO 27, 2010

PALABRA DE VIDA


Ezequiel 37, 21-28
Así dice el Señor: «Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos. No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías. No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes. Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra. Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron vuestros padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos; y mi siervo David será su príncipe para siempre. Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.»

Salmo de Jeremías 31, 10. 11-12ab. 13
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.»
Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.
EVANGELIO

Juan 11,45-57

Para reunir a los hijos de Dios dispersos
En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: - «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.» Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: _ «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.» Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: - «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Ezequiel 37,21-28: Los haré un solo pueblo Salmo de Jeremías 31: El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño. Juan 11,45-57: Para reunir a los hijos de Dios dispersos

El templo de Jerusalén era el centro del pueblo judío, y en tiempo de Jesús era la mismo, el templo era el lugar donde todo acontecimiento importante sucediera en el templo. Y era el lugar perfecto para que las autoridades tuvieran absoluto dominio sobre la vida del pueblo. Toda la vida de Israel giraba en torno a las disposiciones del templo. Y había una consecuencia, las políticas del “lugar santo” y había realizado de Jerusalén una sociedad piramidal, donde cada vez era más estrecha la punta de la pirámide y más amplia su base de la misma y esto había absorbido el dinero, sus bienes y finalmente su propia libertad, gracias al sistema tributario que no perdonaba a nadie. Ya el mismo texto bíblico hacía mención de esto Génesis 47,13-26 y también el libro 1 de Samuel, 8,11-18. Otra de kas cosas importantes que lo que mueve a los miembros del Sanedrín, no es el celo religioso, lo que hay verda-deramente es el miedo externo que sirve como excusa para oprimir, controlar y explotar al pueblo. Hay un miedo, un terror, no infundado. Lo vemos en el juicio del Sanedrín, “Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él…” (Juan 11,47-48). Hay dos temas de la Lecturas que se unen, Ezequiel habla de la reunificación de Israel y Juda, y el sumo sacerdote profetiza “que conviene que muera uno solo. Todo esto es consecuencia inevitable.

Luego, lo que mueve a los miembros del Sanedrín, no es el celo religioso; lo que hay verdaderamente es miedo, terror a perder el medio externo que sirve como excusa para oprimir, controlar y explotar al pueblo. Hay un miedo, un terror -no infundado-, “Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él…” (Jn 11,47-48).
Miremos un poco nuestra realidad de hoy, nuestra Cuaresma está tocando a su fin. La ciudad de Jerusalén como el centro de nuestra Cuaresma se percibe en el caminar de los peregrinos en el tiempo de Jesús y de los creyentes en nuestro tiempo. Los cristianos queremos subir con Jesús con la cruz a cuesta entre el desierto de la vida y la aridez (ayuno, penitencia de nuestro caminar cuaresmal.

Todo el camino e Jesús camina en la misma dirección, cura a muchos, conforta, limpia y perdona. El camino sirve para reunir esfuerzos, crear inquietudes y aúnan intenciones. El camina de Jesús a Jerusalén y el nosotros a la Pascua implica un programa de vida. Miremos para atrás. Desde Navidad a la Pascua es el camino hacia Jerusalén, aunque le demos otros nombres y el programa es el mismo lo llamados “seguir a Jesús”, “vida eterna, el tiempo de la Pascua”.
La palabra del profeta es la misma, ha conquistado a unos, ha interpelado a otros y otros han renegado del profeta porque su palabra y su programa ha interpelado a muchos y los que han renegado del profeta porque sus palabras y su programa ha creado inseguridad y riesgo. El compromiso lleva consigo entrega, la aventura y la ilusión, la gracia y el encuentro, la comunión y la vida. El profeta vive de la Palabra, debe ser la Palabra regeneradora de encuentros y sorpresas, aquellas del diálogo cálido y sincero que conduce a la amistad y al amor.

Dios repite la historia del Éxodo a través del profeta (Éxodo 19,6)´. Dios recrea la Alianza, las promesas y los dones. La promesa se concreta en una tierra de lehe y miel y una descendencia numerosa. La Alianza será de paz y así se producirá la identidad del pueblo y la santidad de Dios (Ezequiel 37,21-28).

El pueblo está constituido por pueblos de todas las razas, de todas las lenguas, pueblo y nación. La vida de Cristo y su ofrecimiento de salvación rompió diques y barreras y anuló lo que impedía la libertad, la responsabilidad de saberse auténticos y coherentes. Su ofrecimiento y donación de sí mismo hizo que todos se reconciliaran con Dios. El se hizo pecado para llevar a todos a la gracia de Dios que transforma a los hombres.

La suerte del profeta es disponibilidad. El profeta anuncia su muerte y apuesta fuerte por todos los hombres. La personalidad humana tiene desde Cristo una nueva perspectiva: dar la vida en rescate por muchos. (Juan 11,45-57.

Y así nos encontramos en la entrada al camino de la Pascua, que esta semana comenzando el domingo de Ramos nos ha llevado a la entrada solemne del tiempo de Pascua.
ORACION

Tú que realizas sin cesar la salvación de los hombres y concedes a tu pueblo, en los días de Cuaresma, gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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