La liturgia nos ofrece hoy otro aspecto de la traición de Judas, narrada por Mateo. Es muy importante que entendamos que estas historias vienen de la Iglesia primitiva que nos ofrecen una doble realidad de la misma historia. Nos guste o no, no se nos presentan muchas preguntas para que podamos entender la historia que se nos repite de dos maneras o fuentes similares. También se aparecen en la mente diversas preguntas, ya que la misma historia de la traición de Judas nos la narran Juan por un lado y Mateo por otro, en el día de hoy, aunque ayer era Juan el evangelista que nos ofrecía ayer la misma historia. Se nos ocurre preguntar al leer las dos historias “?era necesario que los dos nos ofrecieran la misma historia? ¿No disponía el templo de la policía secreta capaz e echarle manos a Jesús sin necesidad de que uno de los doce lo entregara? ¿No era Jesús suficientemente conocido como para tener que ser “señalado” por el traidor? Y que lo salude con un beso, “ése es”?
Por otro lado causa asombro que a estas alturas, las palabras de Jesús, al anuncio de que uno de sus íntimos lo va a entregar, produzca entre los discípulos tal inseguridad y dudas. Según la versión de Mateo “muy triste, uno por uno comenzaron a preguntarle “?Seré yo, Maestro”?, como si se tratara de un asunto de azar, algo que “algo que tenía que hacer uno de ellos, nos indica lo la propia comprensión que tenían sobre los propósitos de Jesús, su propuesta de liberación y su decisión firme de enfrentar el statu qup vigente hasta sus últimas consecuencias.
Tendríamos que fijarnos en el propósito del Maestro acerca de la humillación del Maestro considerada unas de las características propias del Mesías según la versión de Isaías. Es importante que prestemos atención que el Siervo representa al pueblo totalmente humillado por los enemigos de Israel. Dios siente uan especial predilección por los suyos. La humillación del Siervo es figura del profeta de Nazaret. Isaías no pensaba en Jesús al componer el bello poema, pero sus palabras, son características, la forma de actuar, el contenido de su mensaje, se cumplen de manra plena en la persona del Maestro. Nadie mejor que Jesús podía realizar lo que el profeta del siglo V antes de Cristo había proferido y proclamado para irradiar la esperanza de unos oyentes rotos y expuestos a los oprobios y a la burla de muchos pueblos.
Este es el pensamiento de Isaías, y podemos observar que el Señor concede al Siervo las peculiaridades para el desarrollo de su misión. Le otorga una lengua que proclama la Palabra y una actitud de escucha. El Siervo, como vocero de Dios, no se opone al Señor, sino que confía en El y experimenta el dolos sobre sí mismo sabedor de que Dios es su defensor (Isaías 50,4-9). El dolor y el sufrimiento también son experimentados por el Siervo Jesús. El Hijo del hombre es entregado a lamuerte y a El mismo se refiere toda la Escritura. Sin embargo, la diferencia entre el Siervo de que nos habla Isaías y el Siervo Jesús de la Nueva Alianza en que alguien de su grupo lo entrega.. En el evangelio vemos la humillación que sufre de uno de su grupo. La elección de un pasaje del profeta Zacarías parece evidente (Zacarías 11,12), los que maquinan son los jefes de Israel que, inconscientes de la solicitud divina, venden al profeta que ocupa el lugar de Dios por un salario irrisorio; treinta monedas de plata, el precio de un esclavo (Éxodo 21,32).
El evangelista usa la palabra “entregar”. La donación de Jesús señala que la entrega a la muerte por la salvación de los hombres. La pregunta de los discípulos “?Es que soy yo?”. Retoma eco en Judas porque Jesús redponde como un sacerdote o es un gobernador: “Tú lo has dicho” (Mateo 26,25). Judas se juzga a sí mismo en relación con Cristo. La lamentación sobe Judas no es una prtofecía, sino una invitación para que cada uno revise su propia conciencia. La “traición” es una humillación y como tal un “escándalo” en toda su gravedad. (Mateo 26,14-25).

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