Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 13 de abril de 2010

PASCUA FLORIDA. ABRIL !3, 2010

PALABRA DE VIDA
Hechos de los apóstoles 4, 32-37

Todos pensaban y sentían lo mismo
En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.
Salmo 92, lab. 1c-2. 5 El Señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.
Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.
Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.
Evangelio según san Juan 3, 5a. 7b-l 5
Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.» Nicodemo le preguntó: - «¿Cómo puede suceder eso?» Le contestó Jesús: - « Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»
HOMILIA
Hechos 4,32-37: Todos pensaban y sentían lo mismo Salmo 92: El Señor reina, vestido de majestad. Juan 3,5a.7b-15: El viento sopla hacia donde quiere.

Continuamos con la historia del discípulo que vivía fundado en la ley de oisés, Nicodemo. Jesús le presenta una novedad absoluta, ya que la ley de Moisés era una obligación meramente externa. Para los judíos y para Nicodemo es una nueva sorpresa porque Jesús le va a explicar que el Reino está inaugurado y presentado por su Reino. El es para la humanidad el Dios definitivo. Para los cristianos Jesús levantado en la cruz y resucitado es la fuente de vida y la norma de conducta, que fue capaz de amar hasta el extremo con una libertad sorprendente porque se dejó guiar por el Espíritu toda su vida.

Cuando caemos en el ritualismo pretendemos manejar al Espíritu para domesticarlo. Pensemos si en nuestras comunidades se hace algo partiendo de la vida. Y el Espíritu es vida, pero estamos bajo la lluvia del Espíritu pero defendidos por paraguas. Nuestras pastorales siempre repetidas van ahogando la novedad. No asusta la libertad. Estamos dominados por siglos en que nos hemos detenidos en la fe. Es urgente dejarnos mover por la creatividad y despertar y responder a los desafíos que nos vienen de la historia, y escuchar el clamor de nuestros hermanos amenazados en su vida diaria. Necesitaos desprendernos de nuestro propio yo, de nuetras comodidades y dejarnos invadir por este viento renovador que nos viene de más allá de nuestros cálculos y privilegios y abandonar del poder conservador. A eso fue invitado Nicodemo por Jesús. A él no le importó que Nicodemo hubiera venido de noche, lo importante es que volvió y lo va a encontrar en la cruz. Allí le quitará todo miedo y hará de él un evagelizador de su Reino.

Lo importante del tema de hoy en ambas lecturas es el nuevo estilo de Lucas, bueno, quiero decir, el neuvo estilo de la Iglesia, fruto del Espíritu Santo. Se afirma aquí algo que ha sido la preocuación de la Iglesia, una comunidad de bienes, descrita de un modo más bien detallado.
Vemos dos prácticas de comunión: la primera consiste en poner en común los propios bienes o “comunión de uso.” Cada uno es propietario de sus bienes, pero se considera sólo administrador de sus bienes, poniendo el fruto de los mismos a disposición de todos. La segunda práctica consiste en la venta de los bienes, seguida de la distribución de lo recaudado. Esta distribución la hacen los apóstoles despué3s que se deposita a sus pies el importe de su venta. Estas dos prácticas de comunión no son las únicas: los Hechos de loos Apóstoles presentan otras. Pablo habla del tgrabajo de sus propias manos para proveer a los necesitados de los suyos y “lde los débiles” (20,34s).

Lo que importaq a Lucas sobre todo es mostrar que las distintas prácticas de comunión son bienes están arriesgadas en una profunda comunión que estamos en presencia de la comunidad mesiánica, heredera de las promesas hechas a los padres: “no habrá ningún pobre entre los tuyos, porque Yavhé te bendeciré abundantemente en la tierra que Yavhé tu Dios te da en herencia para que la poseas, pero sólo si escuchas se verdad la voz de Yavhé tu Dios” (Deuteronomio 15, 4s)

En el evangelio terminamos con la historia de Nicodemo, es decir, la historia de la comunidad fiel al Señor resucitado. Allí el diálogo de Jesús y Nicodemo se transforma en monólogo interrumpido que el evangelista pone en labios de Jesús. Nos encontramos de frente a las palabras auténticas de Jesús y a testimonios pospascuales fundidos por el autor en un solo discurso. Se trata de una profesión de fe usada en el interior de la vida litúrgica de la Iglesia de Juan En ella se contiene en síntesis la historia de la salvación.

El tema desarrolla lo que vimos en el relato de ayer centrado en el testimonio de Cristo, Hijo del hombre bajado del cielo, el único que está en condiciones de revelar el amor de Dios por los hombres a través de la propia muerte y resurrección (11,15). El evangelio insiste ahora en la importancia de la fe. Si ésta no crece con la revelación hecha por Jesús sobre su destino espiritual ¿cómo podrá ser acogida la gran revelación relacionada con sus éxodo pascual? Los hombres deben dar crédito a Cristo, aunque ninguno de ellos haya subido al cielo para captar los misterios celestiales, ya que sólo el que ha bajado del cielo (13), está en condiciones de anunciar la realidad del Espíritu, y es el verdadero puente entre el hombre y Dios. Y esta revelación tendrá su cumplimiento en la cruz, cuando Jesús sea ensalzado a la gloria, para que “todo en que crea en él tenga vida eterna” (15)

La humanidad podrá comprender el escandaloso y desconcertante acontecimiento de la salvación por medio de la cruz y curar de su mal, como los judíos curaron en el desierto de las picaduras de las serpientes mirando la serpiente de bronce (Números 21,4-9). El símbolo de la serpiente de Moisés afirma la verdad de que la salvación consiste en someternos a Dios y dirigir nuestra mirada al Crucificado, verdadero acto de fe que comunica la vida eterna (Juan 19,37). Por eso repetimos con frecuencia y vivimos hoy la Palabra: “Reina, Señor, glorioso en medio de nosotros.”

ORACION

Señor, muéstrate bondadoso conmigo, que, de hecho considero poco importante la fraternidad. Estoy preocupado de que las “cosas” funcionen y, así, encuentro el pretexto para olvidarme de que los otros son mis her-manos, cuando no los convierto en meros instrumentos. Estoy preocupado por mi salud y, así, me olvido de que los otros tienen sus problemas, quizás mucho grave que los míos. Estoy preocupado por el bien que debo hacer y, con frecuencia no me pregunto si lo hago de unaq forma fraterna, si lo hago “de hermano a hermanos”. Estoy preocupao de llevarte a los alejados y me olvido de los que tengo cercanos.
Señor, concédenos unos ojos y un corazón fraterno. ¡Qué alejado ando de todo esto! Estoy alejado, y la mayoría de las veces ni siquiera me doy cuenta, porque la mayoría de las veces ni siquiera me voy cuenta, porque no me tomo en serio la fraternidad: resulta demasiado poco gratificante, no me hace lucir, no enciende mi fantasía, no me hace sentirme un héroe.

Señor, para hacer que yo quiera ser de verdad hermano y hermana de mi prójimo, debes iluminarme de continuo con tu palabra y tu Espíritu, como hiciste en el comienza de la Iglesia.

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