13 Ahora llega para mi servidor la hora del éxito
14 Así como muchos quedaron espantados al verlo,
14 pues estaba tan desfigurado,
14 que ya no parecía un ser humano
15 así también todas las naciones se asombrarán,
15 y los reyes quedarán sin palabras al ver lo sucedido,
15 pues verán lo que no se les había contado
15 y descubrirán cosas que nunca se habían oído.
12 Por eso, le daré en herencia muchedumbres
1y lo contaré entre los grandes,
12 porque se ha negado a sí mismo hasta la muerte
12 y ha sido contado entre los pecadores,
12 cuando llevaba sobre sí los pecados de muchos 12 e intercedía por los pecadores.
SALMO 31,2,6,12-13,15-17,25
3 Inclina tu oído hacia mí, date prisa en liberarme.
3 Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve.
4 Porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges.
5 Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi refugio.
6 En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.
12 Mi enemigo se alegra, mis vecinos se horrorizan, y se espantan de mí mis conocidos: si me ven en la calle, se alejan de mí.
15 Pero yo, Señor, confío en ti, yo dije: Tú eres mi Dios.
HEBREOS 4,14-16,5,7-9
15 Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, pues ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado.
En los días de su vida mortal presentó ruegos y súplicas a aquel que podía salvarlo de la muerte; éste fue su sacrificio, con grandes clamores y lágrimas, y fue escuchado por su actitud reverente. 8 Aunque era Hijo, aprendió en su pasión lo que es obedecer.
9 Y ahora, llegado a su perfección, trae la salvación eterna para todos los que le obedecen
2 Judas, el que lo entregaba, conocía también ese lugar, pues Je sús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Judas hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y armas.
4 Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?» 5 Contestaron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús dijo: «Yo soy.» Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos.
6 Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo.
7 Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazoreo.» 8 Jesús les respondió: «Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan.» 9 Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste.»
10 Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha.
11 Jesús dijo a Pedro: «Co loca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?»
12 Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron 13 y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año.
14 Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo.»
15 Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, 16 mientras que Pedro se que dó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. 17 La muchacha que hacía de portera dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre.» Pedro le respondió: «No lo soy».
18 Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se calentaba.
19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: 20 «Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto. 21 ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho.»
22 Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» 23 Jesús le dijo: «Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?»
24 Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.
25 Simón Pedro estaba calentándose al fuego en el patio, y le dijeron: «Seguramente tú también eres uno de sus discípulos.» El lo negó diciendo: «No lo soy.» 26 Entonces uno de los servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con él en el huerto?» 27 De nuevo Pedro lo negó y al instante cantó un gallo.
Jesús ante Pilato
28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para no quedar impuros, pues ése era un lugar pagano, y querían participar en la comida de la Pascua. 29 Entonces Pilato salió fuera, don de estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?»
30 Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no lo habríamos traído ante ti.» 31 Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley.» Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para aplicar la pena de muerte.»
32 Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir.
33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» 34 Jesús le contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» 35 Pilato respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
36 Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.»
37 Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.»
38 Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?»
38 Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este hombre.
39 Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero. ¿Quie ren ustedes que ponga en libertad al Rey de los Judíos?»
40 Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a Barrabás.» Barrabás era un bandido.
Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado.
2 Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura
3 y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los ju díos!» Y le golpeaban en la cara.
4 Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.»
5 Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.»
6 Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Cru cifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.»
7 Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.»
8 Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. 9 Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. 10 Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?»
11 Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.»
12 Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César: el que se proclama rey se rebela contra el César.» 13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal.
14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.» 15 Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.» 16 Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Jesús es crucificado
17 Así fue como se llevaron a Je sús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lu gar llamado Calvario (o de la Ca lavera), que en hebreo se dice Gólgota. 18 Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús.
19 Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba es crito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.» 20 Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21 Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: “Rey de los Judíos”, sino: “Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”.» 22 Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.»
23 Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:
24 «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.
Ultimas palabras de Jesús
25 Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala.
26 Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Mad re: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura.
29 Ha bía allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios.
30 Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
31 Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. 32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. 33 Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas,
34 sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lan za, y al instante salió sangre y agua.
35 El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean.
36 Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. 37 Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron.
38 Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús, y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo.
39 También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe.
40 Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos.
41 En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no había sido enterrado nadie. 42 Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.
HOMILIA
¿Quién es este que viene, convocado a la muerte? Estamos en la semana más importante de la liturgia cristiana, una semana que se alargará en los ocho jornadas del día de Pascua. En este tiempo viviremos todo el misterio del Señor. Viéndole a él, siguiendo sus pasos en la lejanía, como hicieron sus apóstoles, se nos espabilará el oído. Con él veremos cómo pone su espalda a los que le apalean, a quienes mesan sus barbas, le ultrajan y ensalivan.Mirad qué bonito, hoy recordamos de nuevo al borriquillo de Belén. Sin saber muy bien ni cómo ni por qué, allá está; allá estamos con él. Quizá tampoco entendamos nada, pero allá estamos viendo el espectáculo.Pues asombra que Juan nos presente el espectáculo de la muerte en cruz. La muchedumbre, habiéndolo visto, volvía dándose golpes de pecho. Nosotros también esta semana contemplaremos el espectáculo. Hubiera podido ser macabro, porque es bestial lo que vemos, pero, sin embargo, está bañado de gracia y misericordia.
Comprenderemos cómo ahí se nos da la redención del pecado y de la muerte. Ahí contemplamos el espectáculo de la muerte de nuestro pecado y del camino para la vida; en el varón de dolores, en el cordero pascual ofrecido por nosotros. Apenas si nos atreveremos a mirar. Nos quedaremos lejos nosotros también. ¿Cómo es posible? ¿Cómo veremos por el oído que ese espectáculo no es una mera representación teatral llena de espíritu que nos conmueve en lo profundo, esperando que en algún momento el director dirá: corten, y todo volverá a su normalidad?
Contemplamos la realidad de lo que es.
¿Y qué es lo que se nos da como espectáculo? En el asombroso himno de la Carta Filipenses, dicen que uno de los textos más antiguos de todo el NT, nos habla de Cristo Jesús en términos increíbles. Siendo de condición divina, le vemos en la convulsión de la angustia rezando el salmo 21, Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado. Burlas. Meneos de cabeza. Mastines. Malhechores. Le taladran las manos y los pies, hasta que cuente sus huesos. Reparto de ropa, echando a suerte su túnica. Expuesto a todos en su desnudez muriente. Bah, ¿no eras el Mesías?, pues sálvate a ti mismo. Mas oímos también, aunque parece que muy lejanas, las palabras dirigidas al buen ladrón que muere crucificado con él: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Sólo el centurión, capitán de la partida que le crucifica, afirma: Realmente este hombre era justo.
Nos asombra escuchar que a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. Palabras asombrosas que nos vienen de la cercanía cronológica de la muerte de Jesús; no invenciones tardías, pasados muchos decenios, de lenguas que se ha echado a pacer con mitología. Contemplamos el espectáculo que se nos dona, y, no lo olvidemos, lo meditamos de modo especial con el oído. Nos quedan las palabras, los sentimientos, los colores, los gritos sofocados. El borboteo de la sangre. Se despojó de su rango haciéndose como uno de tantos. Y se rebajó hasta la muerte, añadiendo aquí al viejo himno: una muerte de cruz. No, no engañemos, la cruz y quien muere en ella es el espectáculo al que se refiere hoy Juan. Luego, pero más luego, cuando lleguemos al centro mismo de estos días, la noche pascual, el espectáculo resplandecerá con nueva luz. Mas no nos engañemos, si no nos hacemos como el borriquillo y no contemplamos en su sangrienta brutalidad salvadora al colgado en la cruz, nada habremos entendido.
Pero nos importa que tenemos la oportunidad de mirar al Señor que muere en la cruz, y hoy de una manera especial lo hacemos en centro de nuestra reflexión. Una vez al año tenemos la oportunidad de ver al Cristo en toda su realidad, hoy de muerte, el domingo de Pascua, de resurrección, porque el muere para resucitar.
ORACION
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas, santifica a tus hijos y protégelos siempre, pues Jesucristo, tu Hijo, a favor nuestro instituyó por medio de su sangre el misterio pascual. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

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