Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 11 de abril de 2010

TIEMPO DE PASCUA, ABRIL 11, 2010

PALABRA DE VIDA
Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponla en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19

Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: - «Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias, le Asia. » Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, cal a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mi y dijo: - «No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.»

Juan 20, 19-31

A los ocho días, llegó Jesús
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: - «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegria al ver al Señor. Jesús repitió: - «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. » Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: - «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: - «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: - «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: - «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: - «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: - «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: - «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
HOMILIA

Hechos 5, 12-16: Crecía el número de los creyentes Salmo 117: Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19: Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos Juan 20, 19-31: Felices los que crean sin haber visto.

El libro de los Hechos, el Apocalipsis y el evangelio de Juan se escribieron casi por la misma época. La Iglesia de Jesús, formada por muchas y diferentes comunidades, estaba recogiendo las diversas tradiciones sobre Jesús histórico y cada comunidad las reelaboraba y contaba de acuerdo a las nuevas situaciones que estaban viviendo. Era tiempos de grandes conflictos con el imperio romano y con los fariseos de Yamnia, el único grupo oficial judío que había sobrevivido a la destrucción del templo el año 70. Las Iglesias estaban descubriendo su propia identidad y Pedro (que por este tiempo ya había sido martirizado en Roma) ya era reconocido como autoridad dentro y fuera de la Iglesia. Con textos de estos tres libros la liturgia de hoy nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre el fundamento de nuestra fe.

Así como en nuestras rutas necesitamos señales que nos indiquen las curvas, los puentes, los caminos estrechos, también en el camino de la Iglesia necesitamos esas señales que nos indican si andamos en la buena ruta o no. Las señales son las mismas de siempre: la práctica liberadora de Jesús, su opción por los/as más necesitados y su trabajo por la vida. Comenzando por la buena sombra de Pedro que curaba a los enfermos, vemos cómo, en medio de conflictos, las primeras comunidades repetían la práctica liberadora de Jesús. También el Apocalipsis nos invita a mirar al Hijo del Hombre, centro de la vida de la Iglesia.

El evangelio de Juan nos traslada a un día como hoy, ocho días después de la pascua.

Jesús entra y se coloca en medio de la comunidad. Sopla sobre ellos/as y les da el Espíritu Santo. Para la Comunidad de Juan, la Pascua de Resurrección y Pentecostés acontecieron el mismo día en que Jesús resucitó. (Para Lucas que tiene otra teología, y que tal vez por razones catequéticas es la única que recogió la Iglesia, hay que esperar 50 días para Pentecostés). Y en esta Pascua-Pentecostés toda la comunidad de discípulos y discípulas recibe la autoridad para perdonar los pecados. Esto corresponde a la tradición que también Mateo ha conservado en su evangelio (Mt 18,18) y que luego la Iglesia, en su proceso de clericalización fue perdiendo, pero que sí recuperaron las Iglesias Evangélicas.

En la segunda parte de este evangelio nos encontramos con el diálogo de Jesús y Tomás. Ojos que no ven corazón que no siente, dice el refrán. Cuentan que cuando July Gagarin, el astronauta ruso regresó de aquel primer paseo a las estrellas, dijo: “Anduve por el cielo y no he visto a Dios”. Pobre July tan parecido a Tomás, que podría llamarse su mellizo.

Es que fuera de la comunidad no se ve a Jesús, ni en el cielo ni en la tierra. Es en la comunidad donde se percibe la presencia del Señor. Es allí donde se realiza el seguimiento de Jesús. La comunidad no es optativa. Es parte esencial del mensaje cristiano, lo mismo que la opción por los pobres. En las Comunidades Eclesiales de Base tenemos experiencias que se asemejan a las que vivían las primeras comunidades. Evaluamos el camino volviendo siempre a la práctica liberadora de Jesús y sus opciones; experimentamos en la lucha por la vida la fuerza de la Pascua-Pentecostés y también tenemos la experiencia del perdón en la comunidad. ¿Por qué retacear el perdón cuando la alegría de Dios es perdonar, sanar y salvar?

Cuando Jesús no está en el centro se pierde parte de su mensaje liberador impidiendo la novedad que brota de su Espíritu.

ORACION

Dios de misericordia infinita que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales: acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para que comprendamos mejor que eres verdaderamente Padre y dador de Vida, que nos has encomendado acoger y acrecentar la vida, y que la Vida finalmente triunfará. Por Jesucristo, Nuestro Señor, Amén.

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