Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 16 de abril de 2010

TIEMPO DE PASCUA. ABRIL 16, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 34-42
Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo: -"Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces, y todo acabó en nada. Más tarde, cuando el censo, salió judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces. En el caso presente, mi consejo es éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios." Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.

HECHOS DE LOS APOSTOLES 5,34-42
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida ¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: -«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer, Felipe le contestó: - «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: - «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: - «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: -«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: - «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

HOMILIA
Hechos 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Juan 6,16-21: Soy yo, no teman.

Cuando leemos los evangelios hay dos lugares típicos que rigen la vida de los discípulos, el mar y el monte. Nos encontramos en momentos típicos de la vida de los discípulos con Jesús. El monte es el lugar de la experiencia con Dios, tal vez el hecho de que hoy nos encontremos con problemas que tienen los discípulos con Jesús y se dirigen al lago, no a la montaña. No suben al monte con Jesús sino que “bajan al lago y los encontramos en Cafarnaún”. El hecho nos indica que los discípulos no entienden el proyecto de igualtad que Jesús tiene. Dejan la tierra extranjera donde se encontraban (6,1) y represan al país judío. Sabemos que son nacionalistas acérrimos, judíos al fin y no aceptan el reino que propone Jesús donde caben todos en igualdad con el pueblo elegido. Cuando están en medio del lago anochece y el mar, símbolo de las fuerzas del mal, se embravece. Jesús no está con ellos y tienen miedo. El miedo es lo contrario a la fe y al final los lleva con el pueblo al lugar donde no querían ir, el monte.

Si nos fijamos en las lecturas, vemos en la primera la persecución religiosa fue desatada por los judíos contra los apóstoles desde el primer momento de la Iglesia naciente. Sin embargo, Gamaliel se levanta a favor de ellos. Se trata del Rabán Gamaliel el Anciano, maestro judío a cuyos pies Pablo aprendió la Torá, la ley. Gamaliel aconseja al resto de sus colegas mantenerse al margen de los apóstoles, pues si su plan viene de ellos se deshará, pero, si viene de Dios “no podréis deshacerlos”. Ellos, es decir, los miembros del Sanedrín se dejaron persuadir porque el rabino Gamaliel evaluó sabiamente la situación. Luego azotaron a loos apóstoles, como la habían hecho con el Señor, es decir, lo hicieron por el signo de Jesús (Hechos 5,34-42).

En el evangelio Juan muestra el signo del pan realizado por Jesús. El signo de la multiplicación de los panes subraya en “primer lugar” que la gente le seguía no porque tuviera fe, sino porque veía los signos que hacía. Juan se sirve del simbolismo de la multitud que sigue al Maestro para presentar a Jesús como el protagonista y revelador de los signos divinos.
En el “segundo lugar”, Juan precisa el acontecimiento con una indicación cronológica: la fiesta de la Pascua. Es la segunda de las tres pascuas vistas en público por Jesús. La primera pascua era la de la purificación del templo de Jerusalén (Juan 2,13-25), la segunda pascua es la del pan de vida (Juan 6). La tercera pascua la de ahora, la muerte y la gloria de Jesús (Juan 13-20). Jesús es en quien se cumple el pasado y se hace realidad la antigua pascua, porque él es el cordero degollado y realiza el signo del banquete dando su vida para alimento de todos. Jesús posee la vida, pero la solución humana no es válida para el hombre, porque la persona siempre tendrá necesidad de la trascendencia. Dios es el único que apaga el hambre y la sed de la vida.
En “tercer lugar”, Jesús es como el nuevo Moisés. Pero Jesús es la superación y el cumplimiento del antiguo legislador. Jesús es el don de la vida, para todos los hombres. Es normal que ofrezca el pan de la vida a todos, de modo que todos los hombres queden saciados del misterio de Dios, realizado en la multiplicación de los panes.

En “cuarto lugar” es posible que el evangelista haya acudido al marco literal del profeta Eliseo, donde el hombre de Dios da de comer a cien personas (2 Reyes 4,42-44). Este pasaje pudo ayudar a Juan de modelo de actualización para inaugurar el material de servicio de sus propias ideas teológicas. Jesús no es simple profeta; es alguien más, es el verdadero profeta que tenía que venir al mundo (Juan 6,1-5).

ORACION

¡Qué presuntuoso y ciego soy, Señor; con mis programas, mis planes, mi organización, mis proyectos. Me ocurre a menudo, Señor, que intento administrar tu “empresa” de salvación como si me perteneciera y debiera obtener la mayor utilidad posible, Cautivado de todo por mi afán de eficiencia, me olvido de preguntarme sobre lo que estás haciendo lo que estás llevando a cabo.
Y así, sin darme cuenta quisiera que tú entraras en mis planes. Y, así, sin darme cuenta, quisiera que tú entraras en mis planes. Y, así, tus sorpresas –“que son muchas!” me inquietan y turban. Concédeme el espíritu de sabiduría y discernimiento para que sea capaz de encontrar el justo camino entre lo que debo dejarte hacer a ti y lo que a mí me corresponde. Concédeme hoy, sobre todo la humildad necesaria para aceptar lo que “tú” quieres y para secundar de corazón “tus” planes, misteriosos con frecuencia, pero siempre infalibles. Amen.

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