2La Iglesia se iba construyendo y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo
En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multipli-caba, animada por el Espíritu Santo. Pedro recorría el país y bajó a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla. Pedro le dijo: -«Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y haz la cama.» Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarán, y se convirtieron al Señor. Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacia infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba. Lida está cerca de Jafa. Al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro se fue con ellos. Al llegar a Jafa, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela cuando vivía. Pedro mandó salir fuera a todos. Se arrodilló, se puso a rezar y, dirigiéndose a la muerta, dijo: - «Tabita, levántate.» Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él la cogió de la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, se la presentó viva. Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.
Salmo 115, 12-13. 14-15. 16-17
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oirlo, dijeron: -«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: - «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: - «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: - «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: - «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos
Jesús continúa enseñando aunque muchos de sus discípulos dejaron de vivir con él, dejaron de se ser de su comunidad. Pero tenemos que tener confianza en su palabra y no preocuparnos de las situaciones que afecta a la comunidad. Pero prestemos atención a la manera que habla Juan y nos presenta afirmaciones que parecen encontradas, Y aunque no parezca mentira tenemos que no preocuparnos porque ha venido a enseñarnos a su manera y a la del Padre. Nos juega como cuando decíamos cuando éramos niños, nos habla a cara y cruz. Cara significa tomar el poder y sedr coronado rey antes de llegar el tiempo de la cruz. Al tomar la cruz elige tomar la cruz y seguir el camino del Servidor, llega el momento de la cruz en Galilea en medio de sus discípulos. Es el momento más profundo que elige Jesús y vive allí con su comunidad ante la cruz, fiel a su proyecto donde Jesús eligie cara o cruz. Elige seguir el camino del Servidor. Sufriente, fiel a su proyecto hasta la muerte. También nosotros debemos optar entrte el espíritu y la carne. Seguir el proyecto de Jesús, o el proyecto del imperio. Entonces muchos lo abandonaron. Es que lo que Jesús le pedía, era mucho más que ir a misa, confesarse y comulgar. Era aceptar ser servidores sufriente del Reino junto con Jesús. Pedro es atraído por Jesús, y responde en nombre del resto fiel (y también en nuestro nombre): “A quien iremos, Señor, tú tienes palabras de vida eterna.” Y esto afirmación de Pedro decidió el caminar de nuestra Iglesia, ayer, ahora y siempre.
Esto es lo que Jesús pide a su comunidad. Pero vayamos a lo que nos ofrecen las lecturas de hoy. De ahí viene que loa historia de Los Hechos de hoy nos muestra lo que pasa en el interior de la Iglesia. De ahí que comienza Lucas diciéndonos “que la comunidad cristiana gozaba de paz”, se mantiene en el santo temor de Dios y se extendía con el poder del Espíritu Santo y del temor de Dios. Se nos presenta a Pedro no tanto como evangelizador, sino como jefe religioso que –durante sus visitas pastorales-. Pablo se ha ido a Tarso, tal vez porque su presencia creaba problemas a causa de su temperamento combativo, semejante al de Esteban.
Luego se nos presenta a Pedro que visita algunas comunidades, Pedro sostiene y anima a los discípulos en algunas comunidades con toda seguridad evangelizadas por Felipe. Empieza el clima primaveral, sorprendente, milagroso, del paso de Jesús. Pedro contribuye con dos prodigios a la difusión del evangelio. Pedrop se ha convertido ahora en el pastor taumaturgo que representa en la nueva Iglesia no sólo la Palabra, sino el poder de curación de Jesús. Lucas no pierde la ocasión de recordar que Jesús vive y continúa obrando en la Iglesia apostólica como cuando Jesús estaba presente en ella en medio de los suyos.
Cuando vamos al evangelio de hoy, tenemos que tener en cuanta que después milagro del pan de vida, sus discípulos le manifiestan su malestar por las afirmaciones “irracionales” de su Maestro, unas afirmaciones que resultan difícil de aceptar desde el punto de vista humano. Frente al escándalo y las murmuraciones de sus discípulos, Jesús precisa que no se debe creer en él sólo después de la visión de una subida al cielo, como que Elías y Henoc, porque eso significaría la no aceptación de su origen divino. Es algo que no tendría sentido, dado que él “el Preexistente” viene precisamente del cielo (Juan 3,13-15).
La incredulidad de los discípulos con respecto a Jesús, sin embargo, se pone de manifiesto por el hecho de que “el Espíritu es el quien das la vida; la carne no sirve para nada. Las que os he dicho son espíritu y vida.” (63). Jesús afirma que tan real como la carne de Jesús es la verdad eucarística. Ambas son un don con el mismo efecto: dar la vida al hombre. Con todo, muchos discípulos no quisieron creer y no dieron un paso adeloante hacia una confianza en el Espíritu, con lo que consiguieron liberarse de la esclavitud de la carne.
A Jesús no loge por sorpresa esta actitud de abandono por parte de los que le siguen. Conoce a ca hombre y sus opciones secretas. Adherirse a su persona y a su mensaje en la fe es un don que nadie puede darse a sí mismo. Sólo el Padre lo da. El hombre que tiene en sus manos su propio destino, es libre siempre rechazar el don del Padre, y la comunión de vida con Jesús. Sólo quien ha nacido y ha sido vivificado por el Espíritu y no obra según la carne, comprende la revelación de Jesús y es introducio en la vida de Dios. A través de la fe es como el discípulo debe acoger al Espíritu y al mismo Jesús, pan eucarístico, sacramento que comunica el Espíritu y transforma la carne.
OREMOS

No hay comentarios.:
Publicar un comentario