En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oírlo, todos juntos invocaron a Dios en voz alta: - «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; tú inspiraste a tu siervo, nuestro padre David, para que dijera: "¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspi-ran contra el Señor y contra su Mesías, " Así fue: en esta ciudad se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, tu Ungido, para realizar cuanto tu poder y tu voluntad habían determinado. Ahora, Señor, mira cómo nos amenazan, y da a tus siervos valentía para anunciar tu palabra; mientras tu brazo realiza curaciones, signos y prodigios, por el nombre de tu santo siervo Jesús.» Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.
Salmo 2, 1-3. 4-6. 7-9
¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías: «Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo».
El que habita en el cielo sonríe, e Señor se burla de ellos. Luego les habla con ira, los espanta con su cólera: «Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza.»
Evangelio de Juan 3,1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: - «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le pregunta: - «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? » Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»
Hay un punto importante en el pensamiento de Jesús. Nicodemo está siendo invitado a sumergirse en la persona, la vida, las opciones y la práctica de Jesús, en una comunidad de hermanos/as.
Pero el legalismo había echado a perder el espíritu de Nicodemo, lo mismo que el sacramentalismo echa a perder el sentido del bautismo en nuestros días. Nos hemos quedado con el agua, las fotos, la fiesta y perdimos el Espíritu. Porque el sacramentalismo y el ritualismo matan el Espíritu. Y esto es básico en el llamado de Jesús y en su exigencia de seguirlo.
Y esto nos exige hoy como ayer, que quién pudiera ayudar a nuestra iglesia a nacer de nuevo y a escuchar la libertad del viento que sopla donde y cuando quiere haciendo nuevas todas las cosas!
La pequeña comunidad donde se Juan y Pedro no reaccionó a la persecución de la que fueron las estrategias de la comunidad judía del momento, ellos se fundaron en la oración. Esta oración -la más detallada por el Nuevo Testamento- tiene una clara influencia de la indicación del vetero testamento. Como en muchas oraciones de los profetas, aparece, primero, la invocación a Dios creador; a continuación, el recuerdo de las maravillas y los beneficios, y, por último, la petición.
Interesa señalar en primer lugar, que lo que se pide es poder anunciar la Palabra con toda libertad, es decir, sin estar condicionado por las amenzas. No es que le falte valor –no tienen miedo a la persecución-; lo que piden tener es poder difundir la Palabra sin impedimentos. Hemos de señalar también, en segundo lugar, que la oración gira en torno al salomo de hoy, el Salmo 2, donde se habla de la conspiración de los poderosos de la tierra, paganos, como es natural, contra el rey ungido. Una persecución que tuvo lugar, en un principio, contra Cristo, el Mesías: Dios se ríe de esa persecución con su victoria de la resurrección. Los perseguidores son los poderosos, y entre ellos hay “gente de Israel” que se ha vuelto aliada de los paganos.
La oración agrada a Dios, que la acoge con un signo visible con un envío renovado del Espíritu y con la audacia del anuncio.
El encuentro de Jesús con Nicodemo contiene el primer discurso del ministerio público del Señor y tiene una gran importancia en Juan.. El tema fundamental es el camino de la fe. El evangelista lo presenta a través de una camino de fe. Y presenta a un personaje representante del judaísmo, que en realidad por ser un verdadero israelita, cree en los signos milagrosos y, en virtud de esta debilidad de fe, le rsulta difícil elevarse para recoger la revelación del amor que propone Jesús (11). Estamos frente a la doctrina de Jesús sobre el misterio del “nuevo naciiento”, sobre la fe en el Hijo unigénito de dios y sobre la salvación o en la condena del hombre que recibe o rechaza la Palabra de Jesús.
Esta enseñanza se funda primero en la ambientación del coloquio (1ss) y, a continuación, presenta el diálogo sobre el misterio “del nuevo nacimiento” (3-8). El camino de la fe de Nicodemo empieza en su disponibilidad, que llega incluso a captrar algunas consecuencias a partir de los signos realizados por Jesús. Con todo, anda todavía muy lejos de captar su significado interior y el misterio de la persona de Cristo. Jesús, con una primera y segunda revelaciones, desbarata la lógica humana del fariseo y lo introduce en el misterio del Reino de Dios, que está presente y obra en su persona: “El que no nazca de lo alto… sino nace del agua y del Espíritu…” (3,5) Se trata de un nacimiento del Espíritu, que sólo Dios puede poner en marcha en el corazón del hombre con la fe en la persona de Jesús (Juan 1,12, Ezequiel 36,25-27, Isaías 32,15, Joel 3,1ss). Para entrar en el Reino hacen faltas dos cosas: el agua, esto es el bautismo, y el Espíritu que permite hacer brotar la fe en el creyente. Nicodemo, para pasar de la fe débil a la fe adulta, debe aprender antes a ser humilde ante el misterio, a hacerse pequeño ante el único Maestro, que es Jesús.
Esto nos va a llevar a repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Venga tu Reino, Señor”. La Iglesia ha sido llamada a anunciar la Buena Nueva de Jesús a todos los pueblos y a todas las naciones. Esto lo aprenderá Nicodemo en el Calvario.
ORACION
Convénceme, Señor, del primado de la Palabra de la necesiria prioridad que he de otorgarle a su anuncio, del hecho que debo participar en la evangelización a partir de mi oración. Oh Señor, que amas a todos los hombres y toda la creación dirige a ti y a tu Palabra mi pobre oración. Amen.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario