Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.» Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti.
Salmo de Isaías 12, 2-3. 4bcd. 5-6
El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
En aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -« ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.» María dijo: -«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
HOMILIA
Sofonías 3,14-18: El Señor será el rey de Israel, en medio de ti Salmo de Is 12,2-6: Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel. Lucas 1,39-56: Visita de María a su prima Isabel
Nos encontramos ante una historia entre dos mujeres embarazadas que se nos presenta llena de ternura por parte de Lucas. Es una historia llena de alegría, de vida y esperanza que nos recuerda historias del Antiguo Testamento. Por un lado nos ofrece una historia de María que cree en el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. “?Qué pasó y como pasó no lo sabemos, pero es una noticia tan buena y tan grande que hay que compartirla y anunciarla a otras personas, que es lo que hace María. Qué Zacarías e Isabel sean presentadas como personas ancianas es típico de la Biblia. Nos basta recordar a Abrahán y Sara, donde todo es obra de Dios y solamente Dios y no de los seres humanos, ellos lo celebran y lo comparten con alegría.
María se pone en viaje para compartir con otra mujer que espera un niño, cuando menos lo esperaba y en ambas mujeres pone Dios un proyecto salvador, como sólo él es capaz de hacerlo. Un niño salta de gozo y María responde con una canto de alegría, donde ella canta la grandeza del Señor que siempre se manifiesta de generación en generación y donde el Espíritu Santa derramado lo llena todo.
Dios repite las promesas y realidades del Antiguo Testamento, allí en este hecho se ve la comunicación de la Buena Noticia a los pobres y esto se realiza en la vida de estas dos mujeres. Y donde se manifiesta la fortaleza y la sensibilidad y la lucidez que encuentran en las dos mujeres la manera como Dios va al encuentro de los sufrientes y donde se hace realidad el nuevo Reino de Dios.
Con la primera lectura de hoy, tomada del profeta Sofonías nos encontramos en el siglo VI antes de Cristo en tiempo del rey Josías. El rey es fiel a Yavé pero es un tiempo de infidelidad en la nación de Israel, ya que la nación se ata más a sus aianzas humanas en tiempo de modas y a culto extranjeros. Y el profeta tiene ante sus ojos esta situación, y aunque proclama “el día terrible de Yavé” sobre todas las naciones, incluida Israel, es un tiempo de invitación a la conversión. Sofonías abre un claro de luz y de espera: “la hija de Sión” es invitada a alegrarse y a exultar en vista de “aquel día” (16b), el día mesiánico. Ya no es el día de la ira, sino el día de la misericordia, el día del nuevo amor entre Dios y su pueblo. Israel está llamado ahora a ver que “el Señor es rey de Israel en medio de ti” (15).
La hija de Sión debe exultar, alegrarse “de todo corazón”, es decir, con todo su ser, porque “gran misterio”, el Dios que parecía alejado ha revocado la condena. Y el gozo ya con esto. Dios exulta, Dios realizará el milagro de hacer cosas nuevas. Dios se alegrará con la hija de hija de Sión. Sólo la presencia de Yavé en medio de su pueblo es fuente y motivo de una renovada esperanza. “No tengas miedo, Sión, que tus brazos no flaqueen” (16), porque Yavé es un “salvador poderoso” (17), “ Y, el Señor, tu Dios, en medio de ti” es el Emmanuel.
Los fragmentos del anuncio de Juan Bautista y Jesús, en Lucas, convergen en la narración de la visita de María a Isabel. María, como nuestro padre en la fe Abrahán, se levanta y se apresura a ir a la montaña (39), María Isabel son dos mujeres que acogen la acción de Dios: la primera de modo activo, con su consentimiento; la segunda de modo pasivo. Ambas, agraciadas, experimentan la acción poderosa del Espíritu Santo. Isabel lleva en su seno al Precursor y en virtud de esta presencia en ella, da voz al hijo que lleva en sus entrañas indicando en la Madre del Hijo. Proclama lo que ha hecho grande y bienaventurada a María, la fe: “!Dichosa tú, que has creído! (45). Al cántico de Isabel (42-45) le sigue el cántico de maría, que revela la acción poderosa de Dios en ella, la misma que de cumplimiento a las antiguas promesas hechas a Abrahán a favor de Israel. Dios ha hecho maravillas y despliega su poder a partir de la humildad –que es reconocimiento de la propia pobreza radical- de su criatura y de su pueblo (48).
El Canto de María es la primera manifestación pública de Jesús, de esta realidad aún escondida que se impone ya y obra en los que la acogen, como María: la realidad viva del Verbo encarnado en ella la impulsa a no detenerse en sí misma y la abre a la dimensión del servicio: “María tuvo con Isabel unos tres meses” (56).
ORACION
Daré gracias al Señor de todo corazón (Salmo 111,1ª).
¡O profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Que insondables son tus decisiones y inescrutable tus caminos! (Romanos 11,33)
Justo es el Señor en todos sus caminos, santo en todas sus obras (Salmo 145,17).
¿Qué devolveré al Señor por todo lo que me ha dado? (Salmo 115,12) Entonces yo digo: Aquí estoy para hacer lo que está escrito en el libro sobre mí. Amo tu voluntad, Dios mío, llevo tu Ley en mis entrañas (Salmo 40,8ss).
Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen. Apocalipsis 7,12).

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