Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 27 de mayo de 2010

TIEMPO ORDINARIO mAYO27, 2010

PALABRA DE VIDA
1 PEDRO 2,2-5,9-12

Como niños recién nacidos, busquen la leche no adulterada de la Palabra; gracias a ella crecerán y alcanzarán la plenitud.
Cristo es la piedra angular
3 ¿Acaso no han probado lo bueno que es el Señor?
4 Se han acercado al que es la piedra viva rechazada por los hombres, y que sin embargo es preciosa para Dios que la escogió.
5 También ustedes, como piedras vivas, se han edificado y pasan a ser un Templo espiritual, una comunidad santa de sacerdotes que ofrecen sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Cristo Jesús.
9 Pero ustedes son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas; pues él los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.
10 Ustedes antes no eran su pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; no habían alcanzado su misericordia, mas ahora les ha sido concedida su misericordia.
11 Amados hermanos, por ser aquí extranjeros y gente de paso, les ruego que se abstengan de los deseos carnales que hacen la guerra al alma.
12 Lleven una vida ejemplar en medio de los que no conocen a Dios; de este modo, esos mismos que los calumnian y los tratan de malhechores notarán sus buenas obras y darán gloria a Dios el día de su visita.

SALMO 100,2-5

Sirvan al Señor con alegría, lleguen a él, con cánticos de gozo!
3 Sepan que el Señor es Dios, él nos hizo y nosotros somos suyos, su pueblo y el rebaño de su pradera.
4 ¡Entren por sus puertas dando gracias, en sus atrios canten su alabanza.
4 Denle gracias y bendigan su nombre!
5 «Sí, el Señor es bueno, su amor dura por siempre, y su fidelidad por todas las edades».

MARCOS 10,46-52

Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un ciego que pedía limosna se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» 48 Muchas personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49 Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.» 50 Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. 51 Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.» 52 Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte, tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.

HOMILIA

Jesús nos sigue enseñando con su vida. Nada ni nadie lo detiene de su misión de envido de Dios que prepara el hoy del Reino de Dios. A nosotros se nos hace difícil esta actitud de Jesús y muchas veces reaccionamos con la actitud la gente que se encuentra con el hombre ciego y que quiere ver a Jesús. Pero siempre prevalece ante Jesús la actitud del hombre que tiene necesidad de Dios y que ha venido a encontrarse con nosotros porue lo necesitamos y siempre nos va mandar a buscar, porque para eso vino a nosotros.

Pero necesitamos escuchar y así continúa la 1 Carta de Pedro hoy y allí encontramos un conjunto de exhortaciones y consignas operativas, pero siempre la Palabra nos enfrenta con el camino a través del cual irradia el Padre, en un pueblo reunido en Cristo que encuentran en él el camino de la salvación. Este es el camino a través del cual se ejerce ese influjo mediante el cual el Señor llama a la glorificación del Padre.

Las personas regeneradas por la resurrección (1,3) por la Palabra viva y eterna del evangelio (2,23) tiene la misma identidad. Todas y siempre son “recién nacidas”. (2,2) Pedro nos dice hoy, que la misericordia del Padre nos regenera no sólo en el momento en que nos hace nacer a su vida en Cristo, sino para todo el tiempo en que vivimos con él. Cristo está continuamente regenerándonos a las personas en la vida trinitaria. El bautismo nos hace renacer en Cristo, que como Verbo del Padre, está siempre regenerándose en la vida trinitaria. El bautismo nos hace renacer en Cristo de una vez y para siempre. Pero lo afirma de muchos modos en estas homilías bautismales que son las Cartas de Pedro. Por eso habla Pedro de la “leche pura del Espíritu”.
Jesús es la Palabra que nos hace renacer, a él remite el Espíritu (1,13) Y aceptamos con bondad esta Palabra cuando gustamos su bondad. Es él la piedra viva, elegida, preciosa de Dios. La humanidad que la ha rechazado tropieza con ella. Sin embargo, el Padre la ha puesto como piedra angular de la casa espiritual que está construyendo en él y por él, para que sea una comunidad sacerdotal que ofrece el sacrificio que le es agradable. Las personas bautizadas caminan, avanzan en él, cuando se dejan construir, cual piedras vivas, para el cumplimiento del designio del Padre en Jesucristo.

Pedro nos dice hoy claramente que somos por el bautismo, “linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido en posesión para anunciar las grandezas del que nos llamó de las tinieblas a la luz admirable.”

En el evangelio, Jesús se tropieza con un mendigo ciego; Bartimeo, en las cercanías de Jericó. Bartimeo trata de llamar la atención del paso de Jesús, no le importa la reacción de la gente. Jesús hace que lo llamen, habla con él, escucha sus deseos, cultiva su fe. Bartimeo lo llama “Maestro” (51). Es la misma expresión usada por María den la mañana de la Pascua (Juan 20,16), expresión de vínculo, de estima, de afecto, que equivalía a “Maestro mío”. Jesús lo cura, atraviesa a la fe su curación y suscita en él el deseo de seguirle: “y le siguió por el camino”. Lucas y mateo refieren también el episodio, pero hay unos puntos diferentes, explicados de manera diferente (el número de los curados y el lugar del prodigio y otros.)

Marcos hace de la historia de un documento de pedagogía de la fe. En ella la cuiración está ligada por un doble encuentro con la imploración de la misericordia del que la lleva a cabo. El gripo “Hijo de David, ten compasión de mí” que parece un preludio las invocaciones de la entrada en Jesusalén Maros 11,1ss) implora una curación más radical que la sola adquisición de la vista y forma unidad con el comienzo del discipulado.

La ceguera más grave que nos incumbe a todos es la que nos impide vernos a nosotros mismos a la luz de la obra admirable que realiza Jesús en nosotros. Esta obra culmina en el hecho de que nos ha convertido en el pueblo de Dios que ha obtenido su misericordia..
Jesús es misericordioso, no violento. Actúa en el deseo de que su Espíritu suscita en nosotros y se despierta cuando nosotros mismos nos apartamos de testigos de la esperanza, de excavadores de pozos y de fuentes en los corazones pobres y desalentados. La misericordia es la única bienaventuranza que se regenera ejerciéndola: la experimentan los qe la ofrecen y tienen el coraje de la gratitud de las iniciativas, de la sinceridad de los gestos sencillos y pobres. El óbolo de la viuda reaviva la esperanza.

ORACION

Cuando, me parece que quiero escucharte, y olvido tu respuesta a los interlocutores que habla Jesús en Mateo 25, 31ss, me quedo bloqueado en las peguntas sobre el cómo: “Cómo” hacer para unirme a ti, “cómo” encontrarte, etc. Te busco lejos, mientras que tú me interpelas y me renueva por medio de aquellos a los que pones en mi camino y a los que me resisto a mirar, a escuchar. No te veo porque me prefiero a mí antes que a ti, y me privo de tu ternura porque me obstino en querer recibirla de las personas, y los acontecimiento que deseo yo, y no a través de lo que tú me ofreces. Tu gracia me llega a través de la persona a la que me abro con la generosidad del don “Maestro, que recobre la vista” y te siga por el camino.

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