Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,28-34):
Amos 5, 14-15. 21-24: Fluya la justicia como arroyo perenne Salmo49: Al que sigue buen camino / le haré ver la salvación de Dios. Mateo 8, 28-34: ¿Qué tienes con nosotros?
En el camino que nos lleva a Jerusalén y a Jesús nos encontramos con dos y parecen ponernos miedo pero si ponemos la mirada en Jesús y no en los dos endemoniados, viene la oportunidad de vencer el enfrentamiento. Debemos tener la misma actitud de Jesús que los llama a cambiar y eso los desconcierta porque Jesús les invita a cambiar de actitud y eso es lo que le piden los dos endemoniados, cuyos demonios le piden a Jesús que les dejen el irse a los cerdos que luego se arrojaran al lago. Según la actitud cultural judía ante los cerdas, ellos eran la imagen de los impuros, y no podían ser comidos, pues se contaminaban por el hecho de comerlos. Por eso no llama la atención que le pidan a Jesús meterse en los cerdos porque en lo malo se contaminaban. Por eso también la gente, los dueños de los cerdos, le piden a Jesús que se aleje de su territorio. No eran judíos sino paganos y prefieren su propio negocio no la presencia de Jesús el profeta que ha venido a visitarlos y que ha liberado a dos de los suyos.
Pero hay otra clase de demonios entre nosotros, como nos lo hace ver la primera lectura de hoy, tomada del profeta Amós.
Y este texto pone de frente la tensión entre justicia y culto, como lo demuestra el profeta Amós. La alianza entre Dios y su pueblo exige una repuesta adecuada por parte de Israel. “Buscad el bien y no el mal”, este es un mandato de justicia, destinado a vivir en compañía del Señor, y no contradice los actos de culto, ni se opone a las ofrendas y holocaustos. Pero, dado que son éstos por excelencia el centro de la celebración en la relación con Dios, no pueden dejar de tener en modo alguno relación con la verdad. Más aún se transforman de inmediato en mentido y en hipocresía y lo hacen mucho más que cualquier otro de los actos del hombre, que son de por sí siempre ambiguos.
El culto, precisamente por su falta de ambigüedad estructural, está sometido a un riesgo mucho mayor. Detestar, no aceptar, apartar el culto ofrecido por Israel, es el único modo de que dispone el Señor para volver a llevar a Israel a la correlación originaria entre cuto y justicia, entre sacrificio y misericordia, y no a su contraposición.
Otra cosa es lo que pasa en el evangelio, la imposibilidad de llegar a Dios a causa de la oposición por parte de las fuerzas del mal encuentra en Jesús “un nuevo camino.” La imagen “de los sepulcros” en la historia del evangelio de hoy,, la fuerza de Jesús respecto a los demonios y su “debilidad”, casi dócil, respecto a los hombres, convierten esta escena en el claro reflejo de una meditación sobre la pasión, con todos los claroscuros del poder del Cristo, el Señor, así como el duro y espantado rechazo por parte de los hombres. Singularmente eficaz es la reacción de rechazo de la muchedumbre, de “toda la ciudad”, que lo aloja de su propio territorio. La expresión de los endemoniados “antes de tiempo”, expresa de manera adecuada esta relación entre la escena de la pasión (el tiempo del cumplimiento), cuando Jesús –aunque expulsado fuera del territorio de la Ciudad Santa- vencer á sobre la fuerza negativa de la muerte, sobre la dispersión de la Iglesia, y conseguirá abrir el paso para “parar por aquel camino.” El es el Señor, a quien “ha sido dado todo poder en la tierra”. (Mateo 28,18), aunque aparece como tal sólo en el misterio insondable de la cruz.
Es bueno que meditemos lo que nos dice el profeta Amós: “Buscad el bien y no el mal, para que viváis” (Amón 5,14)
La escucha de la Palabra de su Señor guía al hombre para “buscar el bien y no el mal”. La obra del hombre responde a la Palabra de Dios. Ahora bien, tales correspondencias se vuelven arraigada cuando inscritas en la acción misma del hombre. El acto de culto, la fiesta, el holocausto, el sacrificio, el don, se vuelven entonces detestables y merecen el rechazo. Cuando pierden la correspondencia con Dios y se convierten en autoseguridad para el hombre, hasta las mejores expresiones de la religión pierden su alma. El decurrir el derecho y la justicia como agua “y río inagotable” constituyen la figura de la liberación del hombre a la que se refieren los actos de culto. El cristiano tiene su nuevo culto “en el Señor Jesús”, en su cuerpo y en su sangre, en el sacrificio puro de su cumplimiento de la voluntad del Padre, que los hombres no comprenden y rechazan.
ORACION
Señor Jesús, que liberaste a los hombres endemoniados del pecado, realizando la perfecta obediencia a través del cual conocemos el bien y el mal, guíanos por los caminos de la justicia, prosigue mostrándonos la verdadera misericordia y líbranos de la hipocresía.
Oh Padre, si hemos sido capaces de echarnos a la espalda tus palabras, si nos hemos agitado inútilmente por el estruendo de nuestros cantos, si hemos llegado a rechazar a tu Hijo lejos de nuestros territorio, perdona nuestra culpa y dirígenos aún tu Palabra de verdad.
Oh Dios, envía a tu Espíritu para que ilumine nuestra oración, inspira nuestro agradecimiento y nuestro culto, a fin de que sean capaces de convertirse en “cima y fuente” de una vida de justicia y de paz inspirada por ti.
