Salmo 50,3-4.5-6a.11.16
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,43-48):
1Reyes 21, 17-29: Has hecho pecar a Israel Salmo 50: Misericordia, Señor: hemos pecado. Mateo 5, 43-48: Amen a sus enemigos
Continuamos con la historia entre el rey Acab y Elías por la injusticia del rey sobre la muerte de Nabot y donde Elías anuncia la justicia del Señor contra Acab.
Todos sabemos que es fácil amar a quien nos ama. El problema es que a veces mal entendemos el sentido que le damos a la palabra “prójimo, porque creemos que es algo que se refiere a nuestros familiares, amigos o comunidades, por eso Jesús nos interpela diciendo que eso lo hacemos todos. Pero nuestro prójimo son aquellos que no piensan ni creen lo mismo que yo, son aquellos que nosotros juzgamos mal y que al igual en tiempo de Jesús los consideraban “”impuro”, indignos, las minorías sexuales, los indígenas, los encarcelados, los corruptos, los traidores, la empleada de casa, el extranjero, el mendigo, los explotadores. Ellos son nuestros prójimos. A ellos tenemos que amarlos como a nosotros mismos, y eso es lo que realmente cuenta
Ellos son nuestros prójimos, a ellos tenemos que amarlos como a nuestros hermanos, y eso es lo que realmente cuenta, si somos buenos padres, buenos hijos, esposos, está muy bien, pero no es suficiente, ay que ir más allá de lo correcto, más allá de lo que sociedad considera como un buen ciudadano o una buena persona, Jesús con su vida nos urge a llevar a límite sus palabras y su testimonio es posible, todos estamos llamados a ser perfecto como nuestro buen Padre-madre es perfecto.
Y esto es lo importante en nuestra condición de discípulos. Pensemos un momento en la historia de Elías oy. Esta acción que realiza Elías con Acab es por encargo del Señor, el mismo papel que obra Natán con David, Dios venga y lo hace a través de un profeta, Dios venga la injusticia de Acab y defiende al oprimido. Elo orden quebrantado tiene que ser reparado y Jezabel será la primera en pagar (2 Reyes 9,30ss). Por muy duro que pueda parecer, el principio de la retribución admite atenuantes en virtud del arrepentimiento del culpable y la misericordia divina. Con todo, eso no es obstáculo para que, siguiendo la lógica del Antiguo Testamento, se imponga de todos modos la reparación (2 Reyes 9ss).
El libro Primero de los Reyes dedica los dos últimos capítulos a ilustrar las nuevas y desdichadas empresas bélicas de Acab, a opesar de la opinión contraria del profeta Miqueas, así como la terrible muerte del desventurado soberano, cuyas llagas fueron lamidas por los perros.
En el evangelio las sexta antítesis tiene que ver con el mandamiento principal del amor al prójimo (Levítico 19,18). Cristo abla también del odio a los enemigos –expresión que no aparece en la Biblia- en el libro del Qumrán, se mandaba odiar a todos los hijos de las tinieblas, para extender a ellos el amor y la oración. Y esto a imitación del Padre celestial, de quien son hijos todos los hijos todos los hombres, que deben ser reconocidos como hermanos. De este modo se convertirán en hijos del Padre, imitando su perfección y, por consiguiente, su santidad (Levítico 19,2). El pasaje paralelo de Lucas 6,36 nos dice en qué consiste la naturaleza de la perfección divina en la misericordia. También aquí es preciso rebajar la medida (Mateo 5,20) que, esta vez, ace referencia a los tristemente famosos publicanos, los recaudadores de impuestos por cuenta de los romanos (Mateo 18,7; 21,32) y a los paganos, ligados también a ellos a un código que, no obstante resulta absolutamente formal e interesado. Sabemos a sí mismo, que en el mundo oriental, el saludo comporta mucho más que un simple intercambio de cumplidos; es considerado como intercambio de paz.
Mateo recupera (5,12) el término “recompensa” o “mérito”, que aparece muchas veces en el capítulo siguiente (6,1.2.5.16), donde se afirma que el mismo Padre nos premiará “abiertamente” (variante de 6,4). Como es evidente, el comportamiento moral no va ligado a una visión retributiva: hago el bien cada día para tener un premio por ello. El verbo está en presente: “?que recompensa merecéis? El comportamiento del cristiano no es otra cosa que la libre respuesta a un don de la gracia, y en esta respuesta está incluido ya el “premio”, el don de la salvación.
“Amad a vuestro enemigo”… he aquí como pone el Señor el corona-miento de todos los bienes. Porque, si nos enseña no sólo a sufrir pacientemente una bofetada, si8no a volver la otra mejilla; no sólo a soltar el manto, sino a añadir la túnica; no sólo a andar la milla a quer nos fuerzan, sino otra más por nuestra cuenta, todo eso es porque no quieres que recibas co9mo la cosa más fácil algo superior a todo eso. ¿Y qué hay superior a eso? Que a quien todos esos desafueros cometa con nosotros no le tengamos ni po. Y todavía algo más que eso. Porque no dijo: No le aborrecerás, sino “le amarás”. Ni dijo: No le hagas daño, sino: “hazle bien.
Mas, si atentamente examinamos las palabras del Señor, aún descubriremos algo más que todo lo dico. Porque no nos mandó simplemente a quienes nos aborrecen, sino también a rogar por ellos. Al fin dice, de que “seáis semejante a vuestro Padre, que está en el cielo. Por eso se nos pide repetir con frecuencia y vivir oy la Palabra: “Sed perfectos en el amor como vuestro Padre celestial”.
ORACION

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